jueves, 7 de agosto de 2014

LEÓN Y LOLA: Capítulo IX

Sara tiene un padre que limpia cristales y granos de acné. En su casa ensucia los espejos con betún blanco para no verse, y su padre los limpia por la noche. Apenas se hablan, él trabaja de noche y ella dice que estudia de día. Tampoco se buscan. Tiene una madrastra, pero no se hablan, como mucho, se dan portazos.

Sara siempre se hace fotos de espaldas, pues en su infinita sabiduría, Dios le concedió acné y un culo maravilloso, extraordinario, precioso. Y Sara tiene fotos de su culo en todos los perfiles y los espejos sucios. Su padre sabe que su hija tiene el móvil repleto de fotos en bragas, tangas, biquinis y alguna sin nada, pero él bastante tiene con pasarse la noche subido a un andamio limpiando cristales de los edificios de oficinas y encima llegar a casa y escuchar siempre las mismas discusiones entre su segunda mujer y su hija y su hijastra. Él bastante hace. Ya es mayorcita si quiere enseñar el culo.

Sara tiene una hermanastra a la que odia tanto como para echarle lejía, en la lavadora donde ella había metido prendas delicadas. Esa fue una de las peleas más sonoras que tuvieron porque su hermanastra encerró a Sara en el patio interior de la cocina y toda la finca la oyó gritar hasta que deshizo la puerta de alumnio a patadas.

Sara se enteró de que sus padres se divorciaban hace menos de un año, su madre se fue con un albañil joven en paro y su padre le metió en casa a su nueva mamá y a su nueva hermanita, oriundas de Colombia ambas. Hasta entonces, Sara sabía resolver raíces cuadradas de cabeza, es más, durante todo el instituto la habían propuesto para grupos de superdotados en Matemáticas y ella nunca quiso, le daba vergüenza ser lista. 

León percibe algo, como un rastro fresco, sube las escaleras del instituto a primera hora, nota cerca las ganas de llorar de alguien, como si alguien se hubiese dejado un grifo abierto por dentro, y se pone nervioso, atento, la ha localizado, tiene que ser ella, lo siente, va haciéndose un hueco entre la gente, estirando su mano para rozar la mano de esa chica que apenas lleva minifalda, está a punto, la va a tocar, un paso más, casi ya puede rozar su mano...

De repente le empujan, lo sacan del tumulto y aparece a empujones en los servicios, uno de los que le ha empujado lo coge de un brazo, otro, del otro, lo sujetan con fuerza como dos sicarios mientras Pepe "El pequeño" entra y cierra tras de sí la puerta de los servicios.
León no es tonto y enseguida entiende que ese adolescente enorme, irónicamente apodado "El pequeño" es el mismo con el que se estaba enrollando la chica esta con la que se enrolló él ayer en el piso este que olía a aceitunas y... este es el novio de alguna y entre él y sus amigos le van a dar una paliza. 

CONTINUARÁ

Texto:Álvaro García Hernández.
Ilustración: Gabriel Pacheco.

jueves, 31 de julio de 2014

LEÓN Y LOLA: Capítulo VIII

Elena parece que sufre cuando abraza, aunque sus padres están en el paro. Tiene cara de actriz aunque apenas come desde que despidieron a su padre del ayuntamiento y su madre se puso a limpiar en casas.

Elena fue la niña más guapa de la Comunión, por eso ahora es la que más seguidores tiene en Instagram.

Elena se pasa el tiempo perdido subiendo fotos y toquiteando el móvil para ver cuántos la miran. Quizás, a veces lo piensa cuando la abrazan, quizás algún día la llamen de una agencia de modelos pues le han dicho que una chica de otro instituto hizo lo mismo y le pasó.

Elena tiene novio, pero cuando la abraza parece que sufre.

Elena dejó de estudiar cuando pilló a su padre llorando en la cocina. Tiene miedo a perder su casa, como sus padres, quizás, por eso discute si la intentan acostar antes de las doce, por eso se enfada con todo el mundo y por eso se acercó a León y le preguntó si era cierto que lo habían detenido por robar un coche.

León cerró su libro de Somerset, levantó la mirada y sonrió como un vampiro a Caperucita.

Horas después, cuando él se está marchando sin despedirse y ella se está abrochando el sujetador, se atreve a confesarle:

- Jamás me habían abrazado así.

León le contesta apartando la mirada aunque está de espaldas:

- Ni lo harán.

Texto: Álvaro García Hernández.
Ilustración: Gabriel Pacheco.