miércoles, 5 de marzo de 2014

PÍDELE PIEDRAS AL HOMBRO


Poco a poco fueron abandonando la vieja escuela hasta dejar solo al maestro, pese a ello, pasaba las

mañanas en su aula, ordenando los cuatro libros, desplegando y volviendo a guardar los antiguos mapas, limpiando con aguarrás los tinteros gastados.

Y aquella mañana un cristal se rompió y una piedra trazó tal parábola que empezó golpeando las narices del maestro y acabó golpeando un pupitre. El pobre maestro se limpió la sangre que brotaba con su pañuelo bordado, miró el cristal roto y a la piedra. Meditó mientras la sangre le palpitaba en las narices sangrantes. Mirando frente a frente a esa piedra, ambos solos en la clase, ella en su pupitre y él en la tarima:

- Bien, como decíamos ayer, los verbos impersonales son todos defectivos, más no al contrario, ¿me entiende? ¿No tiene nada que decir? ¿No querrá usted que nos quedemos aquí los dos sin patio por su culpa? Venga, vamos, tan solo le estoy pidiendo un ejemplo, un pequeño esfuerzo, por favor, ¿qué más quiere usted que yo haga para que lo comprenda? 

Texto: Álvaro García Hernández.
Ilustración: Alberto Montt.

martes, 4 de marzo de 2014

EL PAN DE WENDY


Era de noche, seguramente, cuando Pedro resolvió secuestrarla también. No solo quererla, como había decidido la mañana anterior, en el horno, al comprarle pan. Por lo que llegó a la inmediata conclusión de que debería aprender a volar, a lo más tardar posible, para el verano.

Y así se pasó el invierno, comiendo pan recién hecho y aprendiendo a volar. Imaginando cuál de ambas cosas se parecería más a hacerle el amor.

Luego, cuando ya todo el pueblo lo supo, cuando ella ya dormía con la ventana abierta en junio; esa noche, él apareció torpemente aterrizando en a los pies de la cama de ella, como caído del cielo:

- Ven, ¿quieres ver cómo vuelo?
- Después -le dijo Wendy.

Texto: Álvaro García Hernández.
Ilustración: Alberto Montt.