martes, 31 de julio de 2007

LA EDAD DEL CONOCIMIENTO


La primera moto que tuve, le tocó a mi madre en un sorteo, en la Feria de Valencia; a la que fuimos mientras mi hermano mayor estaba ingresado por estamparse con una Rieju 49 cc contra una pared. No era una gran moto, más bien me avergonzaba que me vieran con ella, pero eso sí, gracias a ella, yo dejé de darle a los pedales a los doce años.

El primer día que probé mi moto, la Macal, salí corriendo todavía más del colegio, llegué al taller, dejé la mochila, no hice caso a mi padre, no hice caso a nadie, me subí a la moto, la arranqué, crucé la Nacional III, busqué la cuesta abajo más empinada que hubiera en mi pueblo, aceleré a tope durante unos metros y luego derrapé.

Volví a casa con la moto rota, la camiseta llena de polvo, el pantalón desgarrado y el codo y la rodilla del lado derecho repelados echando sangre. Mi padre me prohibió coger la Macal.

Un mes después, mi padre se había ablandado, yo me había pasado los días pegando los plásticos rotos de mi moto nueva con cinta aislante y anunciando a mis amigos que pronto cogería la Macal de nuevo. Efectivamente, ese día llegó (es lo bueno y lo malo que tienen los días, que llegan siempre) ese día volvía a entrar al taller, volví a arrancar la Macal, volví a no hacer caso a nadie, volví a cruzar la Nacional III, volví a la cuesta más empinada de mi pueblo donde me esperaban mis amigos de la escuela, volví a acelarar a tope durante un buen rato y luego volví a derrapar.

Esta vez el faro ya no lo pude pegar con cinta aislante y volví al taller con él en la mano, con la camiseta llena de polvo, con un agujero en el pantalón y con las zapatillas nuevas raspadas que me lo notaron por mucho que les di con el dedo mojado. Mi padre me volvió a prohibir coger la Macal.

Un mes después, y ya nos acercábamos al verano, mi padre, que siempre ha sido un buenazo, me había comprado un faro nuevo para la moto y se ve que se había aburrido de escucharme arrancarla y acelerar en el taller con el caballete puesto, cosa que era lo único que me permitían hacer; pues eso, que se aburrió y me volvió a dar permiso para cogerla, pero esta vez, cuando ya estaba yo saliendo por las puertas del taller dispuesto a dirigirme a la dichosa cuesta más empinada de mi pueblo para derrapar delante de mis amigos de la escuela (sí, algo cabezón sí que soy), mi padre me paró de un grito y me explicó algo que nunca jamás he vuelto a olvidar: -Álvaro, ¿tú sabes que los frenos de las motos van al reves que los de la bici? ¿No estarás frenando con el de delante y por eso te caes?

¡Buahh! A partir de entones, mi vida cambió por completo, pues no derrapé yo ni nada y me aplaudieron mis amigos en la cuesta. Un mundo nuevo se abrió ante mí ese verano de mi primera moto. Chicas turnándose a montar, olor a gasolina, el sonido del caballete, el cigarrillo en la boca, veinte duros en el bolsillo... Yo era el rey del mundo.

Por desgracia, al verano siguiente se produjo mi regicidio, pues todos cumplimos catorce, acabamos la escuela y, plam, de repente, las motos salían como setas por mi pueblo, que si Vespinos, que si Derbi Variant, que si Rieju Drac, que si Suzuki Dr Big... y yo con mi motillo que sólo sabía derrapar y no cogía más de cincuenta y cinco... Me vi humillado, ya no molaba, las chicas preferían subir con otros, y yo, por mucho que le quitara partes del tubo de escape a mi querida Macal para que corriera más, lo único que conseguía hacer era más ruido. Y lo peor de todo es que tenía que aguantar ese cacharro hasta los dieciséis. Hasta 1992, ese era el año de mi ilusión.

Recordándolo ahora, aquellos tres años con la Macal tienen más momentos vergonzosos que otra cosa, pero también le debo reconocer que me dio una libertad y unas posibilidades de hacer el idiota tales, que estoy convencido de que sin ella, yo no sería como soy ahora, seguro, aunque sea por las cicatrices que aún tengo: una vez me caí por conducir con los pies, una vez me adelantó un ciclista en una cuesta arriba, una vez me la robaron mis amigos y se paró y la tuvieron que devolver pedaleando y cuando me la dejaron arrancó, otra vez me paró la policía por conducirla con las manos en los bolsillos porque hacía frío, otra vez me caí y me abuelo me curó escupiéndome, la partí por la mitad saltando ribazos, me caí contra una cabina de teléfonos, contra siete esquinas, en más de veinte curvas, en dos rectas, en una fuente, contra un perro y contra la escalera de unos pintores. Qué bien me lo pasé, leches. Y qué larga se me hizo la espera.

¿Por qué soñaba 1992?

Porque a mi hermano, tras estamparse con la Rieju 49 cc, mi abuelo le compró una más grande, una Rieju Marathon 74 cc que él se encargó de trucar hasta que parecía que iba a reventar. Esa moto, la Rieju, era la más molona de mi pueblo, corría tanto y hacía tanto ruido que nadie podía evitar levantar la cabeza cuando mi hermano pasaba por una calle. Y yo quería eso. Evidentemente, conociendo mi historial y las veces en que había vuelto a mi casa con el faro de mi motillo en la mano, mi hermano pensaba todo lo contrario y se compró el candado más gordo que había en la ferretería para evitarme tentaciones. Pero... pasó lo que al pastel en la guardería.

Fue un domingo, yo estaba solo en casa, como siempre, acabé de comer y bajé al taller a intentar arrancar la Rieju. Como siempre. ¡¡¡ Pero!!! Mi primera sorpresa: ¡no tenía el candado! Mi segunda sorpresa: ¡arrancó! Lo juro, no recuerdo apenas el resto de primeras veces de mi vida, pero esa no la olvidaré nunca: la primera vez que probé una moto que asustaba. Fue increíble, alucinante, emocionante, flipante y además derrapé y no me caí. Ahora sí iba a ser el rey del mundo, ahora sí que se girarían al verme pasar, ahora sí que querrían subir las chicas conmigo, ¡ahora sí que iba a ser el puto amo del mundo!

La rompí al domingo siguiente. Me equivoqué en la gasolina y me la cargué. Me dolió tanto que lloré, más que más porque me había cargado mi sueño y porque me iba a tocar otra vez ir con la Macal. Pero no fue así, gracias a Dios, mi padre aún era un buenazo y me iba conociendo, pues tenía un motor nuevo preparado para cuando mi hermano me cediera su moto y yo, previsiblemente, la rompiera. Como así hice.
Por eso, a la semana siguiente, yo de nuevo tuve mi ansiada Rieju y a partir de entonces pasé los dos mejores años de mi vida encima de una moto: me caí en una acequia y me estampé la cabeza contra una tapia, un coche me persiguió por ir adelantando por la Nacional III sin luces (el coche era mi padre probando el de un cliente que le dijo mira el imbécil ese sin luces), la gripé otras dos veces en las cuestas más largas de la comarca, me caí dando vueltas porque una alcantarilla estaba helada, salté, derrapé, tomé curvas imposibles, casi chafo a una pareja que fornicaban en medio el monte sobre una manta, hice ruido, vacilé en la puerta del instituto, asusté a todas las chicas, gané todas las carreras, fui el puto amo del mundo hasta que un día me saqué el carné del coche y la Rieju se murió.

Desde entonces no he vuelto a llevar moto, a veces he cogido la XR 600 de mi hermano o la de algún amigo para dar una vuelta pero... ya no es lo mismo.

Hasta hoy, pues hoy me he comprado mi nueva moto. Y lo cierto es que me he dado cuenta de que la vida se repite en círculos, pues después de darle muchas vueltas y estar a punto de comprarme ya una Yamaha MT03 nuevecita, me he parado, he pensado que poco a poco, que primero debo probar si tengo el conocimento suficiente para llevar moto por aquí por Valencia, que mejor comprarme una de segunda mano pequeña para probar... Hoy la he visto, sé que la voy a llamar la motillo, sé que se me van a reír los alumnos del instituto cuando me vean llegar, sé que era de una señora mayor que nunca la trucó ni ganó carreras, sé que les diré que es porque ahora ya tengo una edad de tener conocimiento, pero en realidad sé que mi vida se repite en círculos extraños y que lo que he hecho es volver a tener una moto ridícula y a soñar con comprarme la de mi vida al año que viene, es decir, volver a vivir la que fue mi edad del conocimiento.

La vida es una eterna adolescencia de infelices disimulos, queda demostrado. Yo seguiré riéndome de los que quieren ser adultos.


PD: Pronto subiré fotos de la motillo, jeje.

domingo, 29 de julio de 2007

SIMPSONÍZATE

Probad esta página en la que os convierten inmediatamente en un personaje de los Simpson's (pinchad sobre mi caricatura para acceder.)

jueves, 26 de julio de 2007

Simpson's Movie


Por fin la he visto.
La trama es original, sorprendente y madura.
Los chistes puntuales son geniales.
Los guiños a otras películas, personajes de la realidad y crítica al modo de vida americano son un punto mejores que en los episodios.
Si eres un seguidor asiduo de la serie puedes extraerle más puntos graciosos pues hace muchas referencias a la serie e incluso recopila a la práctica totalidad de los personajes que han salido en los 400 episodios.
Las imágenes son técnicamente buenas e impactantes.
El juego con el espectador es continuo, con referencias a la FOX, a la propia sala en que se proyecta y sobre todo es muy importante no perderse los créditos finales.
Y por supuesto el cerdo, Dios mío el cerdo qué bueno que es... "Spidercerdo... Spidercerdo..." Jaja.
En fin, que salvo el tener que aguantar a un montón de niñatos en el cine tocando las narices, ver la peli de los Simpson's es algo totalmente recomendable.

NEGOCIOS IMPOSIBLES



Todos los veranos sucede lo mismo, la mayoría de conversaciones en la playa o en el chiringuito comienzan con la misma afirmación, cuando uno de nosotros mira al cielo bajo la sombrilla y vaticina: -Pues yo montaría un bar.
A partir de ese momento ya tenemos de nuevo el día entretenido montando y desmontando negocios, creo que lo llevamos haciendo desde que teníamos quince años, por lo que la recopilación de negocios imposibles es de lo más amplia y fructífera:
- Quique quiso montar una hamburguesería para estudiantes en una zona universitaria donde las servilletas serían rollos de papel higiénico (gracias a Dios no lo hizo).
- María quiere montar una empresa para solucionarle los problemas de ocio a la gente (nosotros insistimos en que eso es una agencia de viajes, pero ella dice que no porque lo haría todo por teléfono).
- Casas Rurales creo que hemos imaginado abrir hasta en la mismísma Plaza del Ayuntamiento. Yo incluso sugerí que la mía tendría huerto y granja para que la gente tuviera que ordeñar su vaca para desayunar (cuando se cachondearon de mí con lo de que también tendrían que recolectar el café, tostarlo, cortar la leña, fabricar la cafetera... lo dejé).
- Chiringuitos en la Playa ya ni los puedo contar. Aunque todo quedó en agua de borrajas cuando nos enteramos que no es cuestión de poner cuatro tablas y una radio con música reggae, sino que hay que pedir permisos, licencias, levantar cajas, limpiar... (rechazada la propuesta).
- Creo que un día coincidimos Óscar y yo en montar una red de tráfico de drogas con palomas mensajeras, pero lo descartamos augurando que se acabarían enganchando ellas a la droga y largándose con los paquetes para montarse fiestas con las amigas.
- Yo, este verano, insisto en montar una tienda en la que sólo se vendan botellas de agua. Pero el otro día hicimos el cálculo y no sé si tenía que vender mil botellas al día para que saliera rentable.
- Una vez, Quique trajo una novia a la playa que quería montar una agencia de acompañantes jocencitos para señoras mayores. Nos miramos entre nosotros con cara de póquer y esa pervertida ya no volvió a venir.
- Una noche se nos ocurrió la idea de montar un servicio de conductores de alquiler para jóvenes que van a la discoteca, pero conociéndonos, coincidimos en que no podríamos garantizar que permaneceríamos nosotros abstemios toda la noche en el coche.
- Lo de hacernos masajistas en la playa creo que era más una fantasía de guarrotes que un curro.
- Un geriátrico, eso también lo quisimos montar, pues viejos siempre iba a haber, pero no era una negocio que nos entusiasmara.
- Páginas WEB creo que hemos planeado de todo tipo, desde Quique y su enésima página de anuncios hasta Óscar y su idea de montar un Club de elegidos por internet, pasando por la página de internet de María para resolver tus problemas de ocio (que sigue siendo una agencia de viajes, pero bueno...).
- Una fábrica de toallas redondas (eso fue cuando ya nos íbamos, no tuvo lugar a discusión).
- Una empresa de reformas que se dedique exclusivamente a cambiarles a las personas mayores su bañera por una ducha (no le vimos el beneficio por ningún lado).
- Un bar, dos bares, tres bares, cuatro bares (¡que no, que en un bar hay que trabajar!).
- Pues una empresa que le resuelva todo a la gente (eso es una agencia de viajes, María).
- ¿Y una empresa de secuestros express de esos? Sí, y que nos manden el rescate al chiringuito con las palomas mensajeras que se hicieron la droga, hala, vámonos a casa.

Estas son sólo algunas de las nuestras propuestas, ¿y vosotros, tenéis alguna más?

martes, 24 de julio de 2007

MI COMISIÓN DE SERVICIOS DEFINITIVA

Bien, pues ya han salido, ya es definitiva, ya está clara la cosa, ya se acabaron las comeduras de cabeza, ya se sabe, ya no hay nada más que decidir, ya está todo el pescado vendido, ya se resolvió la duda, ya está claro, ya se sabe, ya está... Mi plaza el año que viene estará en Mislata.
En fin, tampoco se llevaron tan lejos mi queso.
Un abrazo gordo a todos, os echaré de menos.
A ti no, Chiri (tú no te me escapas).



¿POR QUÉ VAMOS A LA PLAYA EN VERANO?


La inmensa mayoría de libros y de películas malas que vemos acontecen en verano, desde El Quijote hasta los Simpson's, que suelen ir siempre en manga corta.
La gente no te pregunta qué tal el otoño o qué tal la primavera, la gente sólo pregunta: ¿qué tal el verano?
Los mejores recuerdos que solemos almacenar suelen haber acontecido en vacaciones de verano.
Los impresentables presentadores de la radio pasan meses anunciando que ya falta poco para el veranito.
Incluso todos nosotros nos animamos en muchas ocasiones esperando la época de las chanclas y los bikinis en la playa.
Las revistas del quiosco se pasan las ediciones hablando que en verano es cuando más sexo se practica, cuando más romances se inician, cuando más...
Es decir, vivimos en una cultura que idolatra las vacaciones. Pero... ¿qué es estar de vacaciones? ¿No hacer nada?
Mentira, estar de vacaciones significa solamente hacer cosas distintas, cambiar la rutina. Por ello es un castigo terrible suspender para septiembre, porque en verano te condenan a la misma rutina de estudiar que padeciste todo el año. Sin embargo, ¿qué es lo que más nos gusta hacer en verano?
Yo, particularmente, me paso la mayor parte del verano delante de este ordenador (bien sea escribiendo, preparando libros de texto o actualizando este blog), pero eso es algo que también hago a lo largo de todo el año; luego, el segundo gran trozo de mi pastel estival lo dedico a irme a la playa, bien sea al Saler o a Almería, pero... ¿por qué la playa?, ¿qué tiene la playa? Yo tengo mi particular respuesta, pero quisiera oír las vuestras, sobre todo las femeninas, y que alguien me explique, si es porque le gusta el mar, ¿por qué no vamos a la playa en enero?; o si es porque le gusta bañarse ¿por qué nos pasamos el rato en la toalla?; o si es porque le gusta dormir bajo la sombrilla, ¿por qué no ves a nadie durmiendo?; o si es porque le gusta pasear por la arena viendo el mar, ¿por qué todos pasean mirando hacia las toallas?
Insisto, yo tengo mi particular respuesta, pero quisiera oír las vuestras,
¿por qué vamos a la playa sólo en verano?

sábado, 21 de julio de 2007

Mi Camino de Santiago 2007

En algún sentido, el Camino de Santiago es como volver a un instituto: ¿recuerdas esa sensación de desconcierto e inseguridad entre tanta gente desconocida, las veces en que cambiabas de amigos y mirabas a los que antes eran tus colegas y decías cómo pude ir con esos...? En algún sentido, el Camino de Santiago y parte de esta vida son así: aciertos, errores, miradas ilusionadas hacia el pueblo que se acerca y miradas hacia atrás recordando lo que dejaste.
En el Camino básicamente se conjugan dos verbos de la primera conjugación: hablar y andar.
Andar es fácil, pues la ruta está marcada por los que te precedieron y también sabes que tus pisadas las borrarán otros que pisarán mañana. Por supuesto que en todo momento te vienen a la cabeza los versos de Jorge Manrique sobre el fluir de la vida como un río que va a parar al mar, pues no puedes detenerte, y si lo haces, si las piernas te fallan y te quedas en el borde del camino derrotado, ves la vida pasar como una feria de caminantes que te saluda y pasa de largo.
Hablar es casi todavía más sencillo, pues los protocolos de presentación son conocidos por todos: ¿De qué pueblo vienes hoy? ¿Adónde vas? ¿De dónde eres? ¿Piensas llegar a Santiago? Con esas preguntas una persona poco habladora te dará cuatro respuestas, mientras que la mayoría acaban contándote su vida.

¿A qué gente hice yo esas preguntas?
Conocí a un padre y un hijo franceses, mayores, de París, a los que se me olvidó preguntarles el nombre. Reconozco que al principio no les presté mucha atención pues pensaba que eran los típicos deportistas que venían al camino simplemente a correr, pero luego un día caí en la cuenta: una persona que decide andar junto a su padre, ya mayor, tiene que ser una buena persona. Y no me equivoqué: eran este tipo de personas que te tocan en el hombro y sabes que estarán sonriendo.
Conocí a un chulo y a su hijo (jaja): eran de cataluña, el padre maestro y el hijo adolescente. Lo cierto es que discutí con el padre (creo que es la primera vez en tres años que discuto con alguien en el Camino, lo cual habla bien de mí). El caso es que el padre, pese a que andaba solo con su hijo pues gustaba de llegar el primero a los albergues, lideraba en cierto sentido un grupo de señores que se habían ido conociendo durante las etapas anteriores; ese tipo de gente de cincuenta y poco que se ofrecen a cocinar para el resto mientras los demás compran el vino y los más inútiles fregarán. Pues bien, el grupo lo constituían un joven vasco que se enamoró en el camino de una japonesa desdeñosa que no le hacía mucho caso, un hombre alto con esa cara de poca personalidad que tienen los torpes en el colegio cuando toca jugar al fútbol y saben que no los van a elegir, un señor de aquí de Valencia con rasgos inconfundibles de camionero que veraneó en un pueblo de Albacete y debía pronunciar mucho la palabra cojones y el maestro catalán con el que discutí, un hombre pelirrojo pero calvo, con gafas pero con coulottes negros para andar, con esta cara de nunca me eligieron delegado de clase pero yo era el que más grande la tenía, aunque nadie me la vio.
Pues bien, en los albergues sucede que, a veces, estos grupos que se quedan a cenar, beben un poco y se olvidan de que a las diez de la noche las luces se apagan y allí todos dormimos en silencio, esa es un norma indiscutible, primero sin ella no descansaríamos, y segundo porque sin ella el camino se convertiría en lo que se está convirtiendo: unas vacaciones baratas.
Aquella noche yo acabé bajando a las once menos cuarto y les pedí que se callaran, no se lo pedí con malas palabras pero tampoco con buenos ojos, pero cometí un error que llevo cometiendo en esta vida desde que empecé a peinarme por mí solo: puse en ridículo a un chulo. Motivo por el cual me he llevado algún que otro puñetazo en la boca, el caso es que el chulo padre catalán acabó subiendo a dormir a mi lado, me encendió la luz y me amenazó diciéndome que quería saber dónde dormía yo porque como roncara me iba a enterar... Por supuesto que no me callé, por supuesto que la cosa no fue a más que gritos de un borrachín envalentonado en un lugar inapropiado, pero me quedé con las ganas de decirle que mi hermano, el de los brazos como mi pierna, también roncaba, y que como se equivocara... pero bueno. He vuelto a aprender que en esta vida los chulos se quedan con la última palabra y los demás con la esperanza de que los atropelle un coche. Y el que quiera que me diga lo contrario.

Por suerte, también conocí a Margarita, una norteamericana de cuarenta y un años que tenía cinco niños de nombre mexicano y que adelgazaba a ojos vista. Me dio collejas y abrazos por no saber inglés y aún así no callarme. Támbién me hizo recordar que no debo pasarme mucho tiempo haciéndome el tonto gracioso, cosa que muchas veces se me olvida, sino que todos resultamos mucho más interesantes cuando dejamos de sonreír y hablamos en serio de vez en cuando. Conocí a Jose Antonio el último día, el gordito de la clase, es decir, un tipo genial. Eso también suele pasar, que cuando dejas el instituto muchas veces te encuentras con el chulo de la clase y descubres que es un fracasado repartidor de propaganda, mientras que por la tarde te cruzas con el gordito al que puteabas y descubres que es un triunfador porque aprendió a andar por la vida de lado cuando el camino es estrecho mucho antes que tú. Todos deberíamos aprender algo de las personas que con las que nunca salían las chicas guapas del insti: que ser buena persona es mucho más agradable de ver que a una rubia tonta fumando en los servicios.
Jaja. Conocía a Sarcozy, jaja. O, al menos, así lo llamaba mi hermano. De hecho aparece en esta foto de aquí abajo: es el hombre calvo gordito que gesticula abajo a la izquierda; mientras que arriba a la derecha aparece primero mi hermano y luego el hijo y el padre francés. Están todos en el patio del albergue de Logroño. En realidad, a Sarcozy nunca lo conocimos, de lo contrario lo llamaríamos por su nombre, más bien, tan sólo lo huíamos como posesos puesto que el buen señor francés roncaba como los Cien Mil Hijos de San Luis juntos. Jaja. Y lo peor es que cuando menos te lo esperabas y ya pensabas que en ese albergue no nos lo encontraríamos, de una aparecía sonriente saludándonos como diciendo: "Eh, ya estoy aquí, ¿qué os creíais, que esta noche os libraríais del concierto? Me reí mucho con él.
Hablando de risas, también conocí a Tony Mamola (mi hermano y nuestra manía de bautizar a todos). Lo mejor del repertorio de Tony Mamola, un padre de familia español que viajaba con su señora, Rosa, y su hijo, nos lo ofreció la primera noche en el albergue de Roncesvalles, pues dormían en las literas de debajo de nosotros y yo, que no soy cotilla, me di cuenta de que la mujer le estaba explicando algo mientras se acostaba y que Tony no la miraba a ella sino que estaba embobado mirando hacia otro lado. Cuando yo miré hacia ese lado y volví a ver la cara de Tony me meé de la risa: una señora de unos cuarenta años se estaba cambiando frente a nosotros y se había quedado en pelotas dándonos la espalda. Jaja. Cierto que no es la manera más habitual de ponerse el pijama en los albergues, pero la cara de este señor que en su primera noche se puso morao viendo a la otra señora mientras la suya le explicaba no sé qué de las zapatillas del niño fue genial. Imagino que el hombre se pensaría: ¡Madre del amor hermoso, si esto es así todas las noches, no me sacan del camino ni con palanca!
Por último, también conocí al grupo de Rosendo, Miguel, Eduardo y el murciano que le gustaban las motos (creo que me dejo uno, que Dios me perdone). Como suele pasar en el instituto, este era el grupo bueno que conoces tras equivocarte mucho. Pues reconozco que cuando los ojeé los primeros días, pensé que eran un puñado de señores mayores que iban de bar en bar hasta llegar al albergue. Pero me equivoqué, me equivoqué y lo descubrí tras hablar con ellos:
Eduardo, un señor mexicano, alto como árbol al sol, moreno de bigote revolucionario y sombrero de ala, había llegado desde EE.UU. con una mochila de quince kilos, unas botas de alta montaña y unos calcetines de lana para andar en julio por los polvorientos caminos españoles. Me meé de la risa cuando me describió que su primer día, tras sus primeros cincuenta metros, literalmente se dijo: "Porque soy muy macho y todos allí saben que me voy a hacer el camino, que si no me vuelvo." Era genial, de este tipo de personas abiertas y sinceras como lo fuimos todos cuando teníamos trece años pero con el mérito de ser un hombre de cuarenta y largos y además, muy macho, jaja. Un abrazo.
Rosendo era un hombre algo parecido a un especialista de películas de acción de albacete: duro, directo y más bruto que un arao. A mi hermano le encantaba escuchar sus reflexiones sobre la etapa del día porque a tiro fijo que de cuatro palabras, tres iban a ser burradas.
El murciano que le gustaban las motos era el que menos hablaba, pero me recordaba mucho a la gente que conocí en Elche: yo sé que las cosas se hacen así, si quieres fijarte y ver cómo lo hago yo, bueno, pero no me voy a pasar el día explicándoselo a todo el mundo. Luego, en el bus, lo pensaba: el mundo es de los callados porque los parlanchines sólo queremos venderlo.
Por último, Miguel, al que yo llamaba Pepe hasta el último día. ¿Recuerdas al compañero de clase que se sentaba a tu lado y que siempre estaba pensando en trucos para hacerse chuletas en el examen, para copiar el trabajo, para saltarse la clase de gimnasia...? Ese era Miguel. De él aprendí que hay un libro titulado Aligera, de la editorial Desnivel, que te enseña a cargar la mochila justo con lo necesario. Estoy seguro de que si hubiera hablado más tiempo con él, me habría enseñado a hacer lo mismo con la vida.

Ah, bueno. Por último y por supuesto, también conocí un poco más a mi hermano.
Respecto, a andar, mañana continuaré. Hoy acabo de reservar una mesa en la playa para comer (no digo los días que llevaba deseando hacerlo mientras me arrastraba por aquellos andurriales donde el viento da la vuelta.)






Por último, unos consejos para todo aquel que se quiera ir al camino:- Para evitar las ampollas, cuando vayas andando y notes que el pie se caliena y puede salir una, para y date un poco de crema hidratante en la zona. Si quieres cuidar mejor los pies, nada más ducharte, frótate con alcohol de romero piernas y pies. Si aun así te sale una ampolla, llévate un frasco pequeño de betadine y una jeringuilla pequeñita, deberás pinchar la ampolla, extraer el líquido, introducir betadine (rabiarás de dolor), esperar cinco minutos, extraer el betadine y poner un esparadrapo con gasa que comprima mucho. Es el mejor método.- Ten muchísimo cuidado en la primera etapa, la de Roncesvalles a Larrasoaña, pues te sentirás fuerte y querrás ir deprisa, no lo hagas, sobre todo baja muy muy despacio, como las muñecas de Famosa, aunque te dé vergüenza y veas a la gente bajar corriendo, porque al día siguiente los verás destrozados y llegarán a Logroño a trancas y barrancas. Si pese a ello te duelen las piernas de las bajadas, date masajes en los gemelos con un linimento o parecido, recuerda, frótate la pierna siempre de abajo hacia arriba, en sentido de la circulación, nunca al contrario.- La mochila que no sea de más de treinta y cinco litros, y que no pese más del 10% de tu peso, ajústatela de modo que te apriete mucho la cintura y de los hombros vaya floja, es decir, que te apoye en el culo y no en los trapecios.- En las duchas siempre lleva chanclas.
Me será más rápido si te cuento lo que yo llevo en la mochila:1 toalla pequeña o una bayeta-toalla.2 pares de calcetines naranjas de decatlhon anti-ampollas (14 euros).2 calzoncillos. 2 camisetas de manga corta.2 suéter finos de manga larga.1 pantalón desmontable (por las mañanas hace fresco).1 pantalón pirata (mejor que corto porque no se te queman tanto las piernas.)1 zapatillas Salomón (verás gente andando con sandalias también).1 chanclas para la ducha.1 saco de dormir.1 gorro que te cubra la nuca.1 bastón.1 botella de Aquarius pequeña, se pueden comprar en casi cada pueblo.1 caja de barritas por si te entra hambre o no puedes comprar desayuno.1 plátano para almorzar (si lo acompañas con mucha leche, genial para tus articulaciones.)1 pantalón de pijama, si no quieres dormir en bragas.1 gafas de sol.1 botiquín con algo de ibuprofeno, betadine, esparadrapo, compid, una jeringuilla, unas tijeras, una venda elástica y gasas.1 bolsa de aseo (en el mercadona venden un kit de aseo de viaje).1 linterna de cabeza (9 euros decathlon) para ver en la habitación y andar antes de que amanezca.1 guia del camino, las hay en fichas.1 móvil y su cargador.300 euros y nunca quedarme con menos de 100.Una riñonera o bolsito para la cámara, el móvil, la credencial, la crema solar.10 imperdibles para tender la ropa.1/2 pastilla de jabón lagarto para lavar a mano.1 impermeable de capa por si llueve o hace frío (Altarriba 9 euros), que te tape a ti y a la mochila.1 taza de plástico y cubiertos de acampada por si eres asquerosilla.1 mp3.1 dni y una fotocopia de tu dni en la mochila.
No sé, creo que no se me olvida nada.

Buen Camino a todos.

sábado, 14 de julio de 2007

SIGO VIVO

A quince minutos de que se me acabe esta conexión de internet y a veinte de que mi hermano vuelva a decirme que la cena ya está, lo más que puedo decir es que sigo vivo.
Este camino está siendo totalmente diferente a los anteriores, supongo, qué narices supongo, pues porque voy con mi hermano y me lleva por donde él quiere, que no suelen ser sitios muy divertidos, pero bueno... al menos consigue que llegue y que pueda andar cuarenta kilómetros diarios sin llorar ni romperme. ¿El truco? Me obliga a comer plátanos continuamente y a beberme un paquete de leche de esos. Pero mira, funciona, pues me quedé agarrotado hace unos días hasta el punto de pensar que no podía más, pero gracias a una amable masajista y a los plátanos y la leche, ahora puedo levantarme a las cinco y cuarto de la mañana y bajar de la litera sin llorar.
¿El ambiente?
No sé, han cambiado las cosas desde la última vez que pasé por aquí, tengo la extraña sensación de que hay menos españoles y más guiris, pero eso no es lo peor ni que sea malo, lo malo es que hay menos gente, y eso es un hecho que me hace pensar que esto ha pasado de moda. Ojalá no lo sea, porque perderse experiencias como ir al baño junto a una japonesa que lava su ropa tan sól separados por una fina tabla de madera, no deben pederse, o dormir con doscientas personas más en un barracón cerrado a treinta grados de calor, o ir a la ducha en fila o arrastrase por esos caminos perdidos de Dios a las cinco de la tarde detrás de mi hermano con el gorro empapado de agua y el Aquarius caliente como para hacer una sopa le hacen a uno replantearse que tal vez nos vamos de vacaciones por miedo a tener tiempo libre. Esa es mi reflexión, la de mi hermano es que todos somos unos vagos que sólo pensamos en no hacer nada. Sí, son dos reflexiones distintas, dos caminos distintos, es como obligar a andar juntos a Superman y Superlópez...
Un abrazo a todos, me acuerdo de vosotros, de todos, lo prometo, tengo tiempo.

Álvaro García

viernes, 6 de julio de 2007

LA ÚLTIMA ENTRADA

Pues bien, por fin ha llegado el día; después de una semana volviendo a coger agujetas, después de volver a ir a las rebajas, al teatro, al pueblo a ver a mis padres, a hacer bricolaje, a afeitarme la cabeza, a preparar un nuevo libro de texto, a ir a la playa sin quitarme las gafas de sol, a matar las plantas de mi balcón por exceso de veneno, a acercarme por el insti para poner exámenes de septiembre, a jugar a mi nueva consola Wii, a dormir hasta las 10, a echar la siesta con el balcón abierto, a poner lavadoras, a ducharme unas doce veces, a lavarme los dientes unas 10, a afeitarme unas cinco y a mandar 35 sms y recibir 15 llamadas...
¡¡¡Por fin me voy al Camino de Santiago!!!
Claro que te echaré de menos, pero procuraré escribir en este blog todos los días, subir las fotos para que sepas dónde estoy y los días que me quedan por despertarte hasta volver aquí, a tu lado, a echar la siesta con el balcón abierto, a ir a la playa sin gafas gafas de sol, a plantar nuevas plantas en el balcón, a dormir hasta las diez...

domingo, 1 de julio de 2007

ROMA

Roma es una ciudad antigua o vieja, depende de si lo que ves son ruinas o está en ruinas. Yo sigo enamorado de de Florencia pues la sensación con la que vuelvo de la Ciudad Eterna es como de haberte acostado con una mujer demasiado exhuberante; aparte de que, en muchos sentidos, uno tiene la sensación de encontrarse en una competeción frenética con el resto de turistas por obtener la siguiente foto del enésimo monumento. Aparte de eso y de criticar la loca manera de conducir de los italianos, intentaré dar algún que otro consejo extraído de mi experiencia.

Llegar a Roma en avión no es complicado, pues tiene dos aeropuertos: el principal, Fiumicino(también llamado Leonardo Da Vinci), y el de Ciampino, en el que suelen aterrizar la mayoría de compañías de bajo coste. Nosotros hemos viajado con Iberia y aterrizado en Fiumicino. Es un aeropuerto grande situado a 30 km de Roma, para desplazarte hasta la capital tienes dos trenes: uno directo, Leonardo (12 euros sin parada hasta la estación central de Termini) y otro regional con paradas que no probé. Hay algo muy importante que ya aprendí de mis viajes en interraíl por Italia: tras comprar el billete no debes nunca olvidarte de convalidarlo (se convalidan picándolos en unas maquinitas amarillas que hay a pie de vía), si no lo haces, el billete te puede valer para otro viaje, pero si te pilla el revisor, te arriesgas a una multa de 24 euros.
Al primer sitio que se suele llegar es a Termini, la estación central de trenes; como en todas las estaciones, debes estar al tanto de tu mochila porque suelen ser frecuentes los robos, más si cabe a los turistas. Pero en Termini también debes hacer algo muy importante: ir a un punto de información turística y sacarte una tarjeta Roma Pass, te cuesta 20 euros, y te dura tres días durante los cuales tendrás dos entradas a monumentos gratis y descuento del 15% en los restantes, además de viajes gratis en bus y metro.

Respecto al metro, Roma tiene solo dos líneas, la roja y la azul, que se intercambian en Termini, por lo que lo lógico es salir directamente de la estación y coger el metro allí mismo para llegar a un hotel.
No tengo ni idea de cómo son los hoteles de Roma, pues nosotros estuvimos en una especie de convento de monjas por 70 euros la habitación doble. Pero sí puedo afirmar que los restaurantes de las zonas turísticas son bastante timadores hacia los turistas, lógico, pues te anuncian un menú de siete, ocho o nueve euros y luego te cobran la bebida muy cara, el pan y el servicio, que suele ascender hasta un 15% del total, por lo que la cuenta suele subir hasta 30 euros sin que te des mucha cuenta. Por ello, lo mejor es comer en el Trastevere, un barrio antiguo y bohemio algo apartado de los circuitos turísticos más típicos.
Respecto a los monumentos, no te da tiempo a verlos todos a no ser que seas el campeón de esa carrera por hacer fotos y te pases el día en buses y metro; nosotros andamos un montón y vimos un montón de ruinas, que es básicamente lo que hay en Roma. Eso quiere decir que te puedes recorrer Roma andando, pero acabas hasta las narices, pues si vas en plan cutre sueles comer en puestos de pizza en porciones y llenando la botella de agua de las fuentes, donde el agua es buenísima, eso sí. Ah, recomiendo llevar una buena guía de la ciudad para enterarte de todo lo que estás viendo, porque si no, sólo verás escombros.
Si te apetece hacer turismo por la noche, te defraudarás un poco, pues pese a lo bohemio de ciertas plazas como la de Espagna, descubrirás que la mayoría de monumentos están pésimamente iluminados, como la ciudad en general; aún así, no te da sensación de inseguridad mientras no abandones las calles principales, por las que siempre hay guiris catalanes o japoneses, como en todo el mundo.
¿Lo mejor? Para mí fue el Foro, el Palatino (ruinas de la Roma original) y las vistas panorámicas de la ciudad, bueno, también el Coliseo, pero con todo te sucede como cuando ves a un famoso de la tele en directo: no es para tanto.
Respecto al Vaticano... umm... para poder verlo tienes que entrar por la cola que se forma en los Meseos Vaticanos, cola que puede ser muy.... muy.... larga. Por lo que se recomienda llegar allí a las siete y media para poder entrar pronto (creo que abren a las nueve y media). Ah, ciudadito con ir en pelotas porque no te dejarán entrar: los tíos debemos ir com piratas al menos y nada de camisa de tirantes, mientras que las mujeres deben llevar cubiertos los hombros al menos. Una vez dentro del Vaticano te enredan y te enredan sala tras sala con el anuncio de la Capilla Sixtina, que luego resulta tener los techos tan altos que casi no ves nada, aparte de que está tan abarrotada que pierde cualquier encanto. Pero bueno, el final del recorrido te permite entrar a la Basícila de San Pedro y ver la Pietá de Miguel Ángel, que para mí era lo más interesante, luego ya, pues ves una iglesia muy grande y poco más. Ah, cuidado, la Roma Pass no te vale para el Vaticano (yo la recomiendo para El Coliseo y cualquier museo).
Estanque artificial en la Villa Borguese. Era una antigua Villa privada del tamaño de mi pueblo, ahora es un parque enorme.
Plaza de San Pedro con símbolo fálico en el medio.
Plaza de San Pedro, si no hay cola para entrar, no suele haber mucha gente.
Fontana di Trevi (cuidadín con la cartera mientras lanzas la dichosa moneda).El Foro, un montón de ruinas que los propios romanos fueron cargándose poco a poco. Antes era una zona pantanosa que drenaron con la Cloaca Máxima, por la noche lo cierran y no está iluminado.

El Arco de Tito en el Foro, es de lo mejor conservado.

El Palatino, hay que pagar para entrar, es una colina donde vivían los Patricios más ricos de la Antigua Roma, ahora es un monte lleno de escombros, bueno, magníficas ruinas.

Vista panorámica del Foro desde la colina del Paltino, es que es lo que más me gustó.



Ruinas grandes en el foro (es que ese día me dejé la guía)




El Coliseo (12 euros la entrada que te incluye el Palatino), lo que más gracia me hizo fue saber que, cuando lo abandonaron, lo usaron como cantera para sacar mármol y piedras para palacios privados, y el suelo se llenó de plantas tropicales que los animales exóticos (cocodrilos, leones...) habían traído como semillas en sus heces. Por la noche, la iluminación es penosa. Se recomienda pegar la oreja a un grupo guiado para enterarte de anécdotas de esas, no es difícil, y aunquela cola sea larguísima, corre muy deprisa.

Esto se ve desde el Coliseo.