RELATO: EL MEJOR COCHE DEL MUNDO
Siento mucho haber tardado tanto en escribir; pero todo tiene una explicación: he cambiado de coche. Y ello, lo que parecía una decisión meditada y acertada, me está dejando sin dormir las últimas noches. ¿Por qué? Lo cierto es que yo le tenía muchísimo cariño a mi viejo Golf GTI del 98 y, pese a que gastaba más gasolina que un tanque subiendo una cuesta y a que me lo habían abierto unas doce veces en el último año (una de ellas para robarme una tarjeta de una casa de citas que llevaba encajada en el salpicadero para evitar que vibrara un plástico...), no tenía más motivos para deshacerme de él que la obsesión por tener un coche más grande en el que poder meter la bici, la cometa de kitesurf, los esquíes y demás trastos que sólo uso una vez al año.Y lo he encontrado, vaya si lo he encontrado, primero miré uno de esos ranchera o wagon que tuviera un maletero grande, pero, me daban problemas porque la bici tenía que desmontarla de todas formas, y como ya me dejé la rueda de delante una vez que la cargué de noche y no la volví a ver, preferí mirar entre los monovolúmenes. No estaban mal, pero lo cierto es que cambiar de un GTI a un monovolumen familiar me parecía que todos mis amigos se me iban a reír, que necesitaba algo más agresivo, y miré algunos de esos todoterrenos nuevos que tanto se llevan últimamente. Lo cierto es que me impresionó tanto ir conduciendo más elevado que el resto de coches y mirarlos a todos por encima del hombro que tuve una revelación y comprendí que yo necesitaba algo todavía mucho, mucho, mucho más grande...
Me he comprado un Mercedes, pero un Mercedes AUTOCAR de segunda mano que me trajeron la semana pasada de Alemania. Es una pasada, tiene 220 CV, 38 válvulas, cierre centralizado, 54 asientos, dos teles pequeñitas, un GPS viejo, un montón de ceniceros, dirección asistida, elevalunas, asiento de acompañante, un micrófono, dos maleteros enormes, seis ruedas, luces antiniebla, pita cuando echas marcha atrás, lleva ABS, sistema antivuelco, fundas para los reposacabezas y hasta un water pequeño que me encontré ayer. Encantado, cuando me lo dieron, yo estaba encantado, la verdad es que me salió un poco caro y que yo lo hubiera preferido de gasolina, pero el que me lo vendió me dijo que mejor diésel que gastaba menos, y lo cierto es que apenas gasta, nada más cogerlo lo llevé a la gasolinera y le dije que lleno con cara de chulo, me soplaron quinientos euros de llenarlo, pero llevo una semana entera con él y todavía no ha llegado a la reserva.
Además, que ahí dentro cabe de todo y soy el rey del barrio, pues poco a poco he ido metiéndole dentro la bici, la cometa, la bici de mi cuñado, las mantas de invierno, el somier que me sobraba en la habitación pequeña, la caja de herramientas, las cajas con los apuntes de la facultad, la colección de revistas Interviu, el montón de tupperware vacíos que jamás le devuelvo a mi madre, la cinta andadora que me compré y no uso, todas mis zapatillas desde que me vine aquí a vivir, el ventilador viejo, la estufeta que tenía antes para los pies, un par de bombonas de butano y hasta la moto y aún me queda espacio en el maletero. ¡A ver qué coche puede hacer eso! Pues anda que no vacilo yo ni nada en el barrio con mi autobús, que todo el mundo sabe que es mío y pito cuando voy entrando en la curva de mi calle y todo el mundo se gira a verme y subo la voz y se escucha la COPE a todo volumen por el barrio.
El único problema que tengo, aquí en el centro, con mi autobús es lo de aparcar, que el primer día llegué y me pasé hasta las doce y cuarto de la noche dando vueltas por el barrio con mi autobús y el intermitente puesto a ver si veía cuatro huecos libres juntos, cosa que fui descubriendo era harto difícil; de modo que, la primera noche ya me harté y aparqué mi autobús aquí debajo de casa en doble fila, el problema vino por la mañana, porque aunque yo lo dejé sin el freno de mano puesto, cuando me levanté a las diez de la mañana, estaban veinte tíos empujando mi autobús para poder sacar sus coches e irse a trabajar. Evidentemente, yo no bajé, sino que me quedé mirando desde la terraza cómo se cagaban en mi estampa y me maldecían con pitidos. Aparte de eso, que sigo haciéndolo todas las mañanas, me estoy granjeando muchos enemigos en el barrio, y es que la envidia es muy mala, pues a todos les gusta mi autobús y lo que es mejor, lo puedo aparcar donde quiera porque la grúa no puede con él, jaja, y eso que el otro día trajeron una enorme, pero como lo tengo cargado de trastos y con el freno de mano echado, no pueden, jaja, y además, que como el policía local de aquí del barrio es pequeñito, no llega a meterme las multas en el limpiaparabrisas y yo me hago el tonto, abro las puertas desde el portal de casa y cruzo corriendo la calle, en cuanto me subo, cierro las puertas y ya nadie, por mucho que me golpeen en la puerta, me puede hacer nada, enciendo la radio, pongo la COPE a todo volumen y ya soy el amo de la carretera.
Sin embargo, tener un autobús no son todo alegrías, de hecho, ya me he quedado atascado unas cuantas veces en el garaje subterráneo del Corte Inglés y del Carrefour intentando ir al cine, y aunque soy el amo de las discotecas porque puedo llevar a todo el mundo y no me hacen controles de alcoholemia, también he de reconocer que el otro día me cargué un tunel de lavado automático al empeñarme en que yo había hecho la cola mi autobús por ahí cabía, al mismo tiempo, cada vez que me dejo la puerta abierta o paro en un semáforo demasiado tiempo, me rodean y se me llena el autobús de jubilados con maletas que quieren que les lleve a Benidorm, y aunque ha cambiado de manera muy agradable mi concepto de echar un polvete en el coche pues ahora puedo jugar incluso y a corre-corre que te pillo en calzoncillos a las diez de la mañana si se me ha hecho la noche larga, también es cierto que el otro día intenté quedar con el Crespo y el Esteban en el barrio viejo y allí las calles son todavía más estrechas y algunas hasta peatonales, al final tanto me encabezoné en aparcar en la puerta que acabé atascando mi autobús en medio de una esquina, encajado bajo un balcón y un macetero municipal, y lo que es peor, no lo pude sacar y me largué corriendo de allí, y encima la grúa no lo ha podido sacar, y llevan tres días con la calle cortada y aquella noche estuvieron pitando hasta las tantas, y yo no cojo el teléfono porque sé que será la policía para decirme que al menos les dé las llaves...
El único problema que tengo, aquí en el centro, con mi autobús es lo de aparcar, que el primer día llegué y me pasé hasta las doce y cuarto de la noche dando vueltas por el barrio con mi autobús y el intermitente puesto a ver si veía cuatro huecos libres juntos, cosa que fui descubriendo era harto difícil; de modo que, la primera noche ya me harté y aparqué mi autobús aquí debajo de casa en doble fila, el problema vino por la mañana, porque aunque yo lo dejé sin el freno de mano puesto, cuando me levanté a las diez de la mañana, estaban veinte tíos empujando mi autobús para poder sacar sus coches e irse a trabajar. Evidentemente, yo no bajé, sino que me quedé mirando desde la terraza cómo se cagaban en mi estampa y me maldecían con pitidos. Aparte de eso, que sigo haciéndolo todas las mañanas, me estoy granjeando muchos enemigos en el barrio, y es que la envidia es muy mala, pues a todos les gusta mi autobús y lo que es mejor, lo puedo aparcar donde quiera porque la grúa no puede con él, jaja, y eso que el otro día trajeron una enorme, pero como lo tengo cargado de trastos y con el freno de mano echado, no pueden, jaja, y además, que como el policía local de aquí del barrio es pequeñito, no llega a meterme las multas en el limpiaparabrisas y yo me hago el tonto, abro las puertas desde el portal de casa y cruzo corriendo la calle, en cuanto me subo, cierro las puertas y ya nadie, por mucho que me golpeen en la puerta, me puede hacer nada, enciendo la radio, pongo la COPE a todo volumen y ya soy el amo de la carretera.
Sin embargo, tener un autobús no son todo alegrías, de hecho, ya me he quedado atascado unas cuantas veces en el garaje subterráneo del Corte Inglés y del Carrefour intentando ir al cine, y aunque soy el amo de las discotecas porque puedo llevar a todo el mundo y no me hacen controles de alcoholemia, también he de reconocer que el otro día me cargué un tunel de lavado automático al empeñarme en que yo había hecho la cola mi autobús por ahí cabía, al mismo tiempo, cada vez que me dejo la puerta abierta o paro en un semáforo demasiado tiempo, me rodean y se me llena el autobús de jubilados con maletas que quieren que les lleve a Benidorm, y aunque ha cambiado de manera muy agradable mi concepto de echar un polvete en el coche pues ahora puedo jugar incluso y a corre-corre que te pillo en calzoncillos a las diez de la mañana si se me ha hecho la noche larga, también es cierto que el otro día intenté quedar con el Crespo y el Esteban en el barrio viejo y allí las calles son todavía más estrechas y algunas hasta peatonales, al final tanto me encabezoné en aparcar en la puerta que acabé atascando mi autobús en medio de una esquina, encajado bajo un balcón y un macetero municipal, y lo que es peor, no lo pude sacar y me largué corriendo de allí, y encima la grúa no lo ha podido sacar, y llevan tres días con la calle cortada y aquella noche estuvieron pitando hasta las tantas, y yo no cojo el teléfono porque sé que será la policía para decirme que al menos les dé las llaves...
Total, que anoche, decepcionado ya del todo pese a las muchas alegrías que me ha dado mi autobús, me acerqué a las tantas a la calle peatonal donde todavía está atascado y, con todo el dolor de mi corazón, le puse un cartel de SE VENDE. Si a alguno os interesa...
Texto: Álvaro García.
Ilustración: Alberto Montt.

3 comentarios:
jeje original relato!
La verdad es que comprarse un autobús para ti sólo...no es muy buena idea eh!
Seguiré leyéndote!
En cuanto me saque el carnet negociamos.
Besos
de que color es?
te cambio el autobus por el opel corsa. (está nuevecito)
un abrazo xatin
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