Esto estaba escrito en la fachada de la escuela.IV
San Pérdido limita sur con la Atalaya (la montaña más alta de su término, 728 metros), al Norte con la Sierra de Curro Cuchares, al este con la Fraga de Cecebre y al Oeste con la presa romana.
El clima de San Pérdido es continental cálido por ser una isla, lo que le confiere un alto régimen de precipitaciones caprichosas y una total imprevisibilidad de temperaturas, habitualmente más tendenciosas hacia el bochorno.
La flora de San Pérdido pertenece a lo que podríamos llamar, plantas intranquilas, pues empezando por su olmo centenario y acabando por los álamos del río, desde la fraga hasta los cipreses del cementerio, ninguno de sus árboles sabe estar nunca en su sitio. Se considera una excepción la parra, que siempre está en la fuente de la plaza, lógicamente porque la tenemos atada.
La fauna de San Pérdido es característica propia y muy autóctona, pues al contrario que la flora, ni los grillos, ni las ranas, ni los topos, ni los gorrinos hacen por marcharse del pueblo ni aunque nieve. Excepción lógica, claro está, de las golondrinas, desde que riñeron con los topos; y la de los gatos, que nadie sabe quién los manda ni los deja de mandar...
San Pérdido tiene ciento siete habitantes en invierno y una barbaridad incontable en verano, pues sufre durante los meses estivales la llegada masiva de extranjeros en triciclos; peculiaridad ésta debida a la extraña orografía del único camino que lleva al pueblo, pues a diferencia de los caminos ortodoxos, éste tiene tres roderas, lo cual desde antaño, siempre ha dificultado las comunicaciones entre el pueblo y el exterior.
La orografía de San Pérdido también es muy peculiar, pues el pueblo está situado en una isla que forman los brazos del río al abrirse y cerrarse posteriormente en una presa de tiempos de los romanos. A esta isla se puede acceder por dos puentes de sillería también de época romana. La isla está situada, naturalmente, por encima del nivel freático del río, sin embargo, su naturaleza caliza y las continuas excavaciones que algunos particulares habitantes del pueblo llevaron a cabo, provoca que la consistencia de su terreno sea escasa, así como frecuentes las inundaciones de sus calles y casas.
La Iglesia de San Pérdido fue construida antes de la Guerra, utilizada como hospital durante la contienda y reconstruida a su fin. Es de estilo espontáneo, pues si bien el campanario podría considerarse del románico tardío, la planta es de i griega, las capillas están alicatadas con frisos bizantinos y en el crucero se consintió en excavar un agujero que normalmente permanece inundado. Destacaría entre nuestra imaginería religiosa un San Pedro de unos treinta años, al que normalmente se le puede encontrar en cualquier lugar del pueblo que no sea la iglesia.
Los ciento siete habitante de San Pérdido viven de milagro y de los veraneantes, pues su economía primaria y secundaria es nula, dedicándose a la agricultura tan sólo para la cosecha propia, y despreciando absolutamente cualquier tipo de intercambio económico con otros pueblos y regiones. Aún con todo ello, pueden permitirse el lujo de tener un mendigo. El habitante más viejo de San Pérdido no tiene nombre ni edad, sin embargo, todo el pueblo está convencido de que ya llegó a la isla en tiempos de los celtas, por lo que lo consideran de una raza al menos extranjera.
San Pérdido nunca ha tenido leyes ni pleitos, el único suceso de gravedad considerable que se produjo fue la muerte de doña Garoza, mujer de don Criterio, el alcalde, asuntos ya demasiado particulares para tratar en este espacio.
Respecto a sus tradiciones culturales legendarias, en los habitantes de San Pérdido subsiste la leyenda de que en el pantano habita un ser monstruoso, algo así como una especie de energúmeno mezcla de todos los animales que les dan miedo, al que todos llaman Trasgo Iello. La existencia de esta leyenda se remonta a los tiempos de los romanos, pues se cuenta que construyeron la presa para poder apresar a semejante bestia, hecho que, de haber existido el Trasgo Iello, les debió resultar de lo más inútil, puesto que el río de San Pérdido, al estar asentado su cauce sobre terreno calizo, posee una innumerable cantidad de ojos o grietas por las que se sumerge.
Esto estaba escrito en la puerta de la Ermita
V
La ermita de San Pérdido se honra de ser su edificio más antiguo, pues tanto el Ayuntamiento, como la Iglesia Nueva, como el Casino, fueron construidos durante el Renacimiento económico del pueblo previo a la Guerra; mientras que se conocen historias y cantares alusivos a la Ermita de San Pérdido por lo menos de cuando ni siquiera los romanos se habían ido.
Esto estaba escrito en la puerta del Casino
VI
El Casino de San Pérdido fue levantado con los primeros ingresos que produjo el balneario, es de estilo Antiguo y destaca su artesonado y el espejo de detrás de la barra.
Esto estaba escrito en la puerta del Ayuntamiento
VII
El Ayuntamiento de San Pérdido fue construido para guarecer el nuevo invento que revolucionó el pueblo durante su Renacimiento económico: el teléfono. Es de estilo libre.
Esto estaba escrito en la puerta del Balneario
VIII
El Balneario... de... S... an... P... e...rd... i... d...o....
(El Gordo dueño del Balneario de San Pérdido es un imbécil que desprecia el rigor histórico y merecería la pena se quedase aquí para que se ahogara bajo las aguas.)



Uno de los recuerdos más nítidos que tengo de mi infancia es el de un pequeño cazo granate colocado al sol en unas escaleras que subían al pajar del corral de la casa de mi abuela en el pueblo. Mi abuelo utilizaba ese agua calentada al sol para lavarse cuando volvía del campo y yo siempre lo recordaba cuando era más pequeño y se acababa el gas y mi madre me tenía que lavar la cabeza calentando cazos de agua en el fuego eléctrico. Me encantaba la sensación de la catarata de agua caliente cayendo sobre mi nuca y las manos de mi madre enjabonándome el pelo que a día de hoy voy perdiendo.
Robo libros. Apenas tengo más vicios imperdonables en esta vida de asceta urbano que llevo. Tan sólo eso, que robo libros de vez en cuando.
Después de saber lo caras que son las bicicletas en Helsinki, he decidido no volver a vivir allí jamás, ni con abrigo ni sin abrigo, me parece intolerable lo que el ayuntamiento de esa hermosa ciudad está haciendo tanto con la promesa electoralista de crear un carril-bici como con la construcción de una playa artificial aprovechando la remodelación y ampliación del puerto.

