Hoy cumplo 32 años y, como siempre, he madrugado más que nadie y me he venido al comedor a esperar mis regalos. Y, como siempre, me he acordado de cuando cumplí diez años.El hecho de que a mi madre le diera por hacerme una fiesta de cumpleaños en casa con todos mis amiguitos todavía me resulta inconcebible a mis años, pero mi madre, que odia a los invitados tanto que si venía alguien a vernos nos sacaba a todos a la terraza sin sillas aunque fuera invierno porque decía que le molestaba el humo del tabaco. Es cierto, como lo cuento. Nadie fumaba.
Yo invité al Crespo, al Esteban y a la Ruth, que era con los que más me relacionaba por aquel entonces. Que nos quedamos los cuatro mirándonos con unas invitaciones de cumpleaños hechas a mano que mi madre me había obligado a escribir en la libreta de religión que era la que más hojas limpias tenía y en la que elegantemente me obligó a poner: "Tenemos el placer de invitarle a la fiesta de cumpleaños de Álvaro la próxima tarde del 27 de junio a las cinco en nuestra casa. Rogamos confirmen asistencia." Teniendo en cuenta que me las hice con los rotuladores Carioca que mi madre nunca me dejaba usar y que le tuve que coger prestados al Esteban, mis invitaciones molaban un montón y se las estuve enseñando a todos en clase para que vieran lo molonas que eran y a todo el mundo le molaron tanto que les tuve que hacer a todos los de la clase con combinaciones de diferentes colores y un dibujo que ponía así en el medio que era como un interrogante boca abajo y cinco flechas que mi abuelo lo ponía en todo y yo pensaba que molaba y no sabía que era un símbolo raro pero a mí me daba igual, me pasé la mañana haciendo invitaciones a todos los de la clase hasta que agoté la libreta de religión que a uno, que ahora no me acuerdo, le dio la vuelta a su invitación y por detrás estaba el Padre Nuestro y me moló tanto que les pedí a todos que pusieran por detrás el Padre Nuestro que a eso era a lo que se refería mi madre con lo de confirmar asistencia, lo de poner el Padre Nuestro. Treinta y una invitaciones falsas. Treinta y un niños que se iban a colar a mi fiesta de cumpleaños de amiguitos.
Evidentemente, cuando mi madre, que había forrado de plástico el sofá, las sillas del comedor, mi cama y la estantería de encima de la tele donde tenía la figura esa de la bailarina y el perro se asomó a la puerta y vio a dos amiguitos míos esperando en la puerta con la invitación en la mano, levantó así la cabeza, bajó a abrirles y los recibió como si fuera mi pedida de mano; a los siguientes tres, como si fuera mi despedida para la mili; a los otros siete, como si me fueran a meter a la cárcel; a los otros doce, incluídos algunos con invitaciones falsificadas (es decir, sin el dibujo del yugo y las flechas y el Padre Nuestro por detrás), los recibió como si de verdad asistieran a mi última merienda antes de la ejecución.
Fue un desastre: se comieron mi merienda, se enrollaron con la Ruth en mi cuarto, le pisaron el sofá a mi madre, me rompieron la foto de la Comunión, alguien robó una botella de ginebra del mueble bar de mi padre, mi tarta de cumpleaños la tiraron por las paredes, yo me eché a llorar, mi madre empezó a dar hostias a diestro y siniestro a todos los niños, sacó a la Ruth de las coletas de mi habitación, yo me enfadé y dije que no quería abrir más regalos, me fui a mi cuarto y encima me encerraron y se rieron y me apagaron las luces mientras mi madre daba hostias en la terraza y el comedor, yo noté que en mi cuarto había alguien más, yo noté que ese alguien... de manera casi mágica y misteriosa... era una chica, vamos, que le toqué una teta. Con diez años, ni siquiera la Ruth tenía tetas entonces, nadie tenía tetas en clase aquel año, pero yo toqué una teta en mi cuarto y enseguida me sacaron a estirones, pero tocarla de tocarla a gusto, quiero decir, qe con diez años estuve ahí cinco minutos dale que te pego por debajo del sostén... Y nunca supe quién había sido esa... ¡Pues claro que lo supe! Fue la hermana del Crespo, que ella estaba repitiendo octavo y había venido a buscarlo y estaba fumando en mi habitación y... consiguió al menos que en mi cumpleaños más desastroso me sucediera algo tan maravilloso y especial como fue eso, al menos para mí.
Por eso, cada vez que cumplo años no me espero mucho, si superé aquel trauma infantil, el de las invitaciones... lo puedo superar todo. Además, que cumplir años significa que he llegado, que lo he conseguido, que sigo vivo y además, no estoy solo. Os tengo a todos. Te tengo a ti.
GRACIAS A TODOS. GRACIAS A TI.
GRACIAS A TODOS. GRACIAS A TI.
Texto: Álvaro García.
Ilustración: Alberto Montt.
Se me olvidaba. Mi madre abrió la puerta de ese cuarto. Me sacó a zapatillazos y chillando. Nos echó a todos. Jamás volvió a pensar en otra fiesta de cumpleaños. Pero yo nunca la he olvidado.






