domingo, 18 de enero de 2009

TOMÁS, SÉ FUERTE


Tomás está bien, todavía no puedo tocarlo, me dejan verlo una hora al día dentro de una incubadora, sólo lo miro y le repito "Tomás, sé fuerte..." Sólo eso. Está rodeado de tubitos y apenas abre los ojos. Busco en él señales que indiquen que se aferra a la vida, indicios de su voluntad de vivir. Me emociono. Sólo eso. Pero me hace inmensamente feliz.

"Tomás, sé fuerte..."

Álvaro García Hernández.

miércoles, 7 de enero de 2009

RELATO: PECADO ORIGINAL

Laura llega tarde. Tan de noche que las calles sólo las recorren los camiones de la basura, como carroñeros nocturnos deslizándose ruidosos mientras ella aparca el coche y sale por la otra puerta, ya que la suya se le abrieron y aún no lo ha llevado al taller.
Una vez dentro del portal, Laura ya se siente más protegida del frío y del miedo, tantas historias de mujeres violadas se oyen en los programas de por la mañana, se leen en los periódicos, en los telediarios, de criminales que se esconden en los portales y violan a mujeres solas como ella. Pensando eso, Laura ha oído un ruido en el rincón oscuro de la portería. Un escalofrío le recorre la espalda. Ni cierra el buzón, no acierta, coge las cartas, el ascensor ya está allí, se cuela rozando el abrigo con la puerta, aprieta el botón deprisa, casi sin mirar. El ascesor por fin se cierra y ella, con las cartas en la mano. Piensa en lo que haría mientras el ascensor sube, imagina el dolor frío de que un criminal sucio y desconocido la asaltara, le rasgara la ropa, la tirara a suelo, la tocara, la... El ascensor ha tardado nada con esos pensamientos.

De pronto se da cuenta: ¡las llaves! Se las ha dejado en el buzón, ahí abajo, en el portal, colgando el llavero estará. Pero no. Laura no va a bajar. Tampoco llamará a la puerta. Manolo va esta semana de turno doble y, lo primero es que tendría que hundir la puerta para que él se despertara y, lo segundo es que no quiere hacerle eso, aunque... piensa... él sí que se lo haría a ella. Manolo sí que la despertaría. Pero ella no, ella cogerá la llave que hay escondida en la puerta del ascensor. Manolo sí. Manolo ha engordado últimamente, no es que haya cambiado, sigue siendo el mismo, pero peor. Siempre está cansado. Laura nota la llave en sus dedos pero le cuesta levantarla y sacarla del agujerito. Manolo, al principio, era el hombre más ordenado del mundo. Siempre que compraba algo, lo metía en su armario de herramientas de la galería y lo guardaba con etiquetas y todo. Siempre sabía dónde tenía el pegamento para papel, el desatascador de lavabos, los tornillitos estos redondos de los cuadros, los filtros para la aspiradora. Él lo guardaba todo, las garantías de los electrodomésticos, los recibos del Carrefour, las cartas del banco las ordenaba en una carpeta. Ahora también lo hacía, pero ya no se la follaba como antes. La llave se le escapa de los dedos al darse cuenta lo soez que le ha salido ese pensamiento. Pero es cierto, y vuelve a intentar levantar la llave del agujero de la puerta del ascensor con el dedo. Y se da cuenta de que esos detalles que le dan la vida, poco a poco, han ido desapareciendo y se la van quitando. El que ya no recoja la mesa y siempre haga así como una broma sin gracia para sentarse en el sofá y muchas veces se tira un pedo. O lo de lavarse. Antes se lavaba todas las noches antes de acostarse. Ahora, incluso se acuesta vestido si se duerme en el sofá, que son la mayoría de noches. Y no recoge, no la ayuda en casa, siempre está cansado. Hasta para follar. Laura se vuelve a sorprender, pero ahora no se le escapa la llave. La aprieta con los dedos y por fin la saca y puede entrar a casa.

Laura no enciende las luces. Se compraron el piso hace cinco años. Obra nueva. Una finca de protección oficial. Tuvieron suerte. Con sus sueldos y el precio de los pisos. Tuvieron mucha suerte. Manolo duerme, aunque esta noche hay suerte, no ronca. Hace frío. Laura se desnuda de prisa. No puede dormir con pijama, todos le dan alergia. Por eso a veces piensa que se casó tan... así. Por no seguir pasando frío en la cama. Se quita el sujetador, y lo deja caer al suelo, mañana lo recogerá todo. Se mete a la cama con cuidado y los pies helados. No quiere despertar a Manolo pero sí se arriesga a pegarse a su cuerpo calentito de pijama.

Uy, malo, Manolo se ha despertado. Manolo se da la vuelta, la besa con sueño y los ojos cerrados. Laura se sorprende. De hecho, Laura pasó la siguiente hora de su vida mas sorprendente de gusto que hubiera podido imaginar. Lo que hizo aquella noche debajo de un edredón tuvo dedos que no había esperado encontrar ahí ni en sueños, tuvo movimientos, tuvo un aliento, tuvo una voz, tuvo un cuerpo que enseguida Laura descubrió que no era el cotidiano, que ese no era su marido, que se debía haber confundido de piso, pero que ese polvazo la estaba volviendo loca, que se la estaba follando el vecino de abajo y que no había estado tan excitada en su vida, que los orgasmos le recorrían el cuerpo sólo del morbo de pensar que en cualquier momento él se daría cuenta, encendería la luz la varía a ella atravesada encima de él... y... no podía... no podía... parar... aquello era...era... explosivo... era... ¡ERA!

Serían las doce de la mañana cuando Laura se despertó, Manolo estaba haciendo café en la cocina, ya estaba duchado y vestido, lo cual quería decir que el cuarto de baño estaría hecho un desastre. Cuando Laura asoma por la cocina, Manolo le dice que ha subido la chica del primero, que te dejaste las llaves en el buzón, que cómo entraste, que con la del ascensor, ah, la pudiste sacar, sí, y Laura sonríe, ¿por qué sonríes?, porque soy muy feliz, Manolo, porque te quiero mucho, y yo, Laura, no, eso no lo tires, que lo ordenaré yo, me bajo a la calle, ¿quieres algo del Mercadona? No, bueno, sí, crema hidratante y depilatoria, ah, y hazme una copia de esta llave, ¿de la del ascensor, para qué? Laura sonríe. No sé, por si acaso. Por tener dos.


Texto: Álvaro García.
Ilustración: Álberto Montt.

sábado, 3 de enero de 2009

RELATO: EL HUECO DE OLVIDO DE ALFREDO COLAIANNI

La historia crea mitos, el presente, héroes, cuyos coetáneos, por suerte para los que leen libros de historia, suelen ser de memoria breve, de lágrima fácil, de elogios de barro que en muchas ocasiones suelen convertirse en olvidos de lodo, ya que gracias a ellos dichos volúmenes no engordan tanto. Y lo que ha hecho la memoria con Alfredo Colaianni es algo tan grave como olvidarlo. De hecho, lo ha olvidado por completo. Y como dijo Tito Livio, todo hombre mereció la muerte en algún momento de su vida, pero... pero algo así como que no merecería el olvido...
Alfredo Colaianni fue el más grande mentiroso y piloto de Alfa Romeo que jamás ha existido. Ganó la mayoría de carreras que corrió ya fuera con los primeros Alfa Romeo como luego, cuando surgió la rivalidad con los Auto Unión, corriendo con los míticos Alfca 6C de 365 CV.; entre sus más grandes gestas, destacó aquella carrera en la que Colaianni pulverizó todos los récords del circuito viejo de Turín (luego utilizado como aeródromo durante la II Guerra Mundial), dejando a sus rivales distanciados casi increíblemente por una mítica vuelta completa para luego estrellarse contra uno de los laterales del trazado y confesar más tarde que había corrido sin frenos la mayor parte de la competición.

Y ese fue su gran defecto, sus logros, su manera de conducir, su arrogancia, su talento, sus temeridades eran tan sumamente espectaculares que no le servían en el mundo más que para sembrar incrédulos en los periódicos, en los aparatos de radio, en los tertulianos de cualquier casino. Pero eso fue cierto, Colaianni hizo todo eso. Colaianni conocía tan al detalle el circuito viejo de Turín que un día el Archiduque de Austria le apostó una memez y Colaianni la convirtió en una proeza asegurándole que le ganaría conduciendo con los ojos vendados. Y que a cambio, ningún austriaco volvería a llevar al cinto la espada en el lado izquierdo. El archiduque mintió, Colaianni ganó esa carrera y el archiduque no cumplió su palabra; no sólo eso. Le hizo el peor favor, le otorgó el más funesto premio. Le invitó a champán. Hasta entonces no era esa una costumbre asociada a las victorias en automovilismo, de hecho, se inició allí, en aquella maldita mañana de niebla y Colaianni no volvió a ser el mismo.

Los periódicos, los programas deportivos que retransmitían sus hazañas al volante, sus antiguos seguidores, todos le dieron la espalda, lo criticaron sin escrúpulos cuando Colaianni pasó de ganar carreras en el viejo circuito de Turín a ser detenido por la policía tras haber estrellado su Alfa Romeo 6C contra las columnas del Foro de Pescadores, o por atravesar con otro de ellos los Jardines de la Villa Borghese, o por atropellar una noche fatídica a una ancianita que intentaba cruzar la Plaza de la República y Colaianni, ebrio completamente a los mandos de su velocísimo Alfa Romeo & C de 365 CV. la hizo saltar por los aires hasta una distancia de unos trescientos metros aproximadamente, no contento con ello, el gran Colaianni, completamente ebrio siguió conduciendo en línea recta hasta pasar por encima accidentalmente el cuerpo todavía consciente de la pobre ancianita, bache que sí despertó al meticuloso piloto de su embriaguez y le hizo dar marcha atrás para comprobar qué era lo que había chafado hasta llegar a su altura y descubrir, bajándose del coche, que lo que agonizaba de nuevo bajo sus ruedas era una dulce ancianita respirando todavía.

Colaianni cayó en desgracia a partir de aquella noche. Atrás quedaron sus gestas. Nunca más volvió a decirse nada bueno de aquel magnífico piloto, ni siquiera de aquel miserable hombre. La escudería Alfa Romeo retiró sus premios y su nombre de la sala de trofeos, los periódicos firmaron un declarado pacto de silencio en torno a su persona y las radios se olvidaron de pronunciar su nombre. Nada más se supo de Colaianni, el mejor piloto de coches de todos los tiempos.

Sin embargo, hace unas semanas el mundo ha girado al revés, pues a raíz de unas detenciones en Umbria y Toscana, se ha descubierto una de las redes más antiguas de ladrones de arte de toda italia, de hecho, lo que más ha ocupado los titulares de prensa no ha sido la fantástica lista de valiosísimos objetos que han sido recuperados, lista que recorre la mayoría de grandes fortunas de Europa, América y Asia, engañados por esta red de ladrones y traficantes de arte, sino el hecho de que la "mama" originaria de dicha red se llamase Angela Di Serio; nombre que no sonó a nadie pero sí a un viejo periodista de la sección de deportes del Corriere de la Sera que recordó haberlo escrito hacía más de cincuenta años. Y, efectivamente, Angela Di Serio había sido la pobre ancianita que Colaianni atropellara una fatídica noche allá por la década de los 40 del siglo pasado. Y la muy pícara, ahora se ha sabido, cruzaba por Plaza de la República a aquellas horas y por el sitio más oscuro puesto que llevaba en sus brazos una pesada escultura clásica recién desenterrada y robada por ella misma del cercano Foro Romano... ¡Por eso Colaianni no la vio! ¡Porque ella se estaba escondiendo! ¡Él no tuvo la culpa! Seguramente, aunque hubiera ido sereno no la habría podido esquivar ya que ella cruzó por el lugar más oculto de toda la plaza, escondiéndose para salir del Foro sin ser vista y llegar con su robo hasta donde la esperaban el resto de ladrones. Una ladrona...

De manera casi automática, los coetáneos son así, el nombre de Colaianni ha vuelto a reaparecer en todos los periódicos (pese a que murió hace diez años en el más miserable olvido), de hecho, la casa Alfa Romeo ha repuesto su nombre y trofeos en las vitrinas y espera sacar una edición deportiva especial de todos sus coches bajo las siglas A.C. como símbolo de competición, de hecho, la historia ha vuelto a acordarse de este grandísimo mentiroso sin que él haya hecho nada por merecer el recuerdo, tan sólo, que alguien peor mereció su lugar en el olvido.


Texto: Álvaro García.
Ilustración: Alberto Montt.