- Buenas noches, vampiro. ¿Prefiere que le llame vampiro, conde, Drácula...?
- Vladimir, mejor Vladimir, lo prefiero, es como me llaman mis amigos.
- ¿Tiene amigos un vampiro, Vladimir?
- Por supuesto, por supuesto, de hecho, mantengo una intensa correspondencia con seguidores de todo el mundo, Cambridge, Oregón, Kenia...
- Eso quiere decir que el conde Drácula es un personaje público.
- Oh, no tanto, yo tan solo pretendo reivindicar mi lugar en la historia, mi lugar en el mundo.
- ¿Cuál es su lugar en el mundo, Vladimir?
- Pues, sinceramente y con toda modestia, no sé todavía cuál es, sin embargo, sí sé cuál quiero que no sea. No quiero que sea ese lugar que el cine y la literatura han falseado en mi contra. No quiero ser recordado como un decrépito anciano perseguido por negros en moto, como tantas veces he visto.
- Es usted racista, por lo que entiendo.
- Por supuesto, por supuesto. Yo puedo distinguir las mil razas del mundo al primer bocado, de hecho, podría distinguir todavía si usted tuvo ascendientes fenicios o celtas con tan solo un mordisco.
- La fama, Vladimir, ¿es una suerte o una maldición?
- No, no, una suerte. Aquí me veo yo en la obligación de romper una lanza. Le pongo un simple ejemplo, cuántas veces he llegado yo a las puertas de un cuarto de hotel, a los pies de una cama, al fondo de un callejón mal iluminado y... con sólo verme, han temblado mis víctimas y caído a mis pies. ¿Se imagina usted que yo hubiera tenido que sobrevivir en el anonimato, que hubiera tenido no ya que perseguir a mis víctimas sino al tiempo ir anunciándoles de viva voz que soy el conde Drácula y que mi intención es chuparles la sangre?
- A propósito de ello. ¿Le han hecho muchas bromas al respecto?
- ¿Sobre chuparla...? Vamos, qué le voy a contar, hubo una vez un cómico afgano en los probadores de un centro comercial que al final tuve que matarlo porque es que no dejaba de hacer chistes pésimos, pero pésimos, se lo digo yo. Porque yo, aquí donde usted me ve, yo soy un apasionado del humor, pero del humor inteligente, usted me entiende. Yo he llegado a las puertas de una habitación en plena noche de bodas y.. no, eso no puedo contarlo.
- ¿Cuenta usted todo lo que puede o no puede usted contar todo lo que sabe?
- No, no. Yo le puedo contar cualquier cosa, no me arrepiento de nada.
- ¿De nada?
- No, no, de verdad.
- Ha probado usted varón, Vladimir.
- ¿Cómo que si he probado? Claro que he probado, hombre. Pero de todos los tipos y colores, desde niños de pecho prácticamente a ancianos con un pie en la tumba.
- Es usted, entonces, hombre abierto.
- Pues, no sé si le estoy entendiendo, pero sí. Ya se lo dije el otro día, que yo quiero abrirme al mundo, darme a conocer, limpiar mi imagen, que la opinión pública me...
- ¿Tiene miedos un vampiro?
- Me gustaría decirle que a la oscuridad. Pero es sólo un viejo chiste. No, si se refiere usted a esas necedades del ajo y las cruces... Desde aquí mismo quiero dejar constancia de que nada de eso causa en mí el más mínimo temor, más bien al contrario, pues hubo una vez un sacerdote Armenio al que le pegué semejante guantazo así con la mano del revés por estar con la cruz dándome...
- ¿Qué definición cree usted que lo describe mejor, Vladimir, asesino de inocentes mientras duermen o hijo de Satanás?
- No, no, asesino de inocentes mientras duermen; de hecho, me alegra que me haga esa pregunta porque es algo que siempre he querido reivindicar: yo con Satanás no tengo absolutamente nada que ver. Mi maldición viene de otra parte que no es aquí lugar para tratar.
- ¿Qué libro tiene en su mesita de noche el conde Drácula?
- Ah, yo a Ezra Pound. No sé qué tiene, pero... bueno, en realidad, todo lo que sean novelas de juicios, de abogados... me encantan.
- ¿Va al cine, el conde Drácula?
- Sí, por supuesto, de hecho, suelo acabar comiéndome a los que hacen interrumpen. Si le hablara yo de aquellos años 30 en Manhatan viendo cine mudo... O de los adolescentes que dejé sin sangre en el estreno de Una noche en la ópera.... De verdad, no ha habido cómicos en este mundo como los hermanos Marx, y mira que he comido, he de confesarle que son mi plato preferido.
- Yo no le haré gracia.
- No, no, usted no, por favor. Pero he de confesarle que tendrá que contratar mañana a una nueva maquilladora y a un nuevo ayudante de dirección. Los gordos son mi debilidad.
- Entonces, un gordo gracioso será un plato de buen gusto para usted.
- Sin duda, sin duda, de hecho... uy, eso no puedo contarlo.
- ¿Qué hará a partir de ahora el conde Drácula?
- Pues, si le soy sincero, no lo sé. Yo he salido, como ustedes dicen, del armario pero con la sencilla intención de ser uno más. Que entiendo que ustedes me distingan, pero es que yo también lo hago, son ustedes tan diferentes, saben tan distinto. Pero mi intención no es otra.
- Se apuntará usted al paro, Vladimir, o ya tiene derecho a pensión.
- No, no, yo tengo la vida solucionada. Ya ve, no gasto mucho, sobre todo en restaurantes. Tan sólo, mi alojamiento, he de confesarle que me pierden los hoteles de cinco estrellas, no puedo dormir si no es en una habitación perfectamente insonorizada. Entienda el problema que es dormir de día. Pero para eso tengo la tranquilidad de vivir de rentas.
- ¿Qué piensa usted de sus compatriotras rumanos que viven aquí en España?
- Que me den tiempo y pronto dejarán de vivir.
- En política, es usted de derechas o de izquierdas.
- No, no, a mí me dan asco todos por igual, no hay nada que más asco me dé que comerme a un político, saben a plomo, a hierro...
- ¿Crees Drácula en Dios?
- Por supuesto, de hecho, con los sacerdotes que yo he asesinado podrían haber evangelizado Ruanda.
- ¿Qué piensa Drácula de ETA?
- Ah, no, yo hay cuestiones en las que no me meto. Yo, si por error me he comido alguno, desde aquí les pido disculpas.
- ¿Real o republicano?
- Real, por supuesto.
- ¿Del Madrid o del Barça?
- Del Steaua de Bucarest, por favor. De hecho, el año que perdieron en cuartos de final de la copa de Europa frente al Estrella Roja, me los cargué a todos. Y luego a los del otro equipo. Y luego...
- Tiene ahora esposa, el conde Drácula.
- No, ahora no, estoy en trámites de divorcio, me casé con una mora en Marruecos que me llevó por la mala vida. Y para que a mí me lleven por la mala vida...
- Cambiamos el turno, si le parece, Vladimir, quiere usted hacernos alguna pregunta a todos los humanos que le estamos viendo.
- Pues... sí, mira, ahora que lo dice. Quiero que sepan que nunca como argentinos, de modo que, yo ya esta noche salgo, o sin salir de aquí, ya me entienden, y todo el campo es orégano, pero eso sí, argentinos no, de modo que, si ustedes quieren no ya dormir, sino tan sólo vivir un día más en este infierno que yo les voy a dejar, o lo son o me imitan a los argentinos, porque... ¿cómo será el fin del mundo se preguntarán? Pues... ya se lo advierto: el conde Drácula y el resto del mundo hablando en argentino. ¿Podrían haber imaginado algo más próximo al infierno.
Texto: Álvaro García.
Ilustración: Alberto Montt.
