martes, 28 de diciembre de 2010

TQMC?5

La alarma de incendios suena en todo el instituto como una loca por los pasillos, inmediatamente, se abren las puertas y se desparrama ese caos ordenado de alumnos corriendo y profesores gritando hacia salidas iluminadas con rótulos de emergencia mientras Marta y Pablo permanecen escondidos debajo de la escalera, más juntos de lo que han estado nunca, tanto que a Marta se le va a salir el corazón del sujetador.

- ¿Y ahora qué vamos a hacer?

Por primera vez, Marta escucha de la boca de Pablo un nosotros y el mundo entero le da igual, ya han salido todos los alumnos, ya no queda nadie en el instituto aunque la alarma de incendios siga sonando. Ella le coge la mano y lo arrastra fuera de las escaleras, él, como siempre, se deja llevar.

Marta ha abierto la puerta del Laboratorio de Ciencias, todavía permanecen allí las mochilas y las libretas y los bolis encima de las mesas como si hubiera caído una bomba atómica, pero ella no se detiene, va a la mesa del profesor, abre un cajón y saca una llave secreta, con ella se dirige al cuarto de trastos que siempre está cerrado, la llave funciona y ambos se cuelan en un pequeño almacén de ventanita pequeña lleno de libros, polvo, esqueletos, torsos humanos llenos de órganos de plástico, pantallas de diapositivas, cajas de madera que nadie abrió en años.

- ¿No pensarás que nos quedemos aquí toda la mañana? Van a volver a clase y nos van a pillar. -Se atreve a protestar Pablo mientras ella busca acomodo en un rincón. 

- Te prometí que nadie se reiría de ti hoy. Además, quiero proponerte una cosa.

La alarma ya se ha callado. Se vuelve a oír a todo el mundo entrar, voces conocidas, voces de maestros, arrastrar de sillas, voces de alumnos, sonidos de luces volviéndose a encender y dejando ese almacén de laboratorio en penumbra.

- ¿Qué quieres decirme?
-Schist... habla más bajito o nos oirán.
- Vale, ¿qué quieres proponerme?
- Quiero... -Marta piensa que nunca pensó que eso sería así, que como siempre en su vida, se está equivocando- ... quiero que te mueras conmigo.

Pablo la mira verdaderamente como si estuviera loca, tanto que le cuesta bajar la voz al contestar.

- ¡¡¡Qué!!!
- Schist... lo que has oído, ven, déjame que te lo explique.

Marta conseguirá que Pablo se siente a su lado, que escuche su historia, que sea consciente de que es cierto que ella morirá, de que ella quiere morir con él, de que vistas desde fuera él tiene más razones para morir que ella, pero en realidad, lo único que conseguirá será que Pablo le conteste.

- ¿Quieres que nos suicidemos juntos?
- Sí.

Puede que pasase una clase entera al otro lado de la puerta, en el laboratorio de ciencias, hasta que Pablo, ambos sentados en el suelo frente a frente, volvió a hablar.

- Y, si te digo que sí, ¿qué harás?
- Pues... no lo sé, lo que tú quieras, supongo.

Por primera vez, Pablo piensa algo profundo, pues, ahora que lleva tanto tiempo mirándola frente a frente, piensa que Marta es guapa como para querer morirse. Pero también sigue pensando que está loca. Le da pena, le da pena que una chica tan guapa se quiera morir. Pero también es cierto que sus hormonas de adolescente le están chillando y repitiendo esa última frase que ella le ha propuesto.
Si Marta supiera que le está dando pena sí que se moriría allí mismo.

Por desgracia, en ese momento empieza a sonar un móvil, rebuscan las mochilas, intentan darse prisa pero ya los han oído en la clase del laboratorio de ciencias, la puerta se abre, es el profesor, los han pillado, todos los ven salir, eso va a acabar en el despacho del director.

Sorprendentemente, Marta no se está autoinculpando de lo de la alarma, de hecho, más bien al contrario, le está echando las culpas a Pablo y lo que es peor, es mucho más creíble su historia del chico malo y ella buena que todo lo contrario. Pablo la mira y no entiende, lo van a expulsar del instituto, falta grave nada más empezar septiembre; sin embargo, a Marta no lo harán nada, aunque ella no sabe que le da pena, cuando salen por el pasillo, se atreve a cogerle un poquito la mano y tirar de ella para decirle al oído:

- No tendrás que venir al instituto, nadie se reirá de ti. Mañana, yo me pondré enferma y no vendré a clase, búscame.

Pablo está enfadado, asustado... y le suelta la mano ahora que ya van a bajar las escaleras.

- Déjame en paz, no pienso ir.-Y se precipita escaleras abajo como huyendo de ella.

- ¡Pablo! -Marta es mujer, alta para su edad -A las diez en mi puerta.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

TQMC?4

Después del ridículo a la puerta del instituto, Pablo no quiere volver allí, pide a los tutores de la residencia que lo cambien de instituto, que él no va a volver allí, que no, y que mucho menos se va a dejar que lo lleve la policía local otra vez, que todo el mundo se va a reír de él, que hasta hay una chica que lo acosa que está como una cabra.

Marta comprueba con la alegría que sólo puede experimentar quien vive pendiente de un desconocido que la policía local acaba de dejar a Pablo a las puertas del instituto, que llaman para que les abran y que ya se oyen algunas risas desde las ventanas de arriba, incluso están empezando a tirar papeles. Marta comprende que debe actuar rápido.

- ¿Puedo ir al baño a tomarme mi medicación?
- ¿Qué medicación te tomas ahora, Marta? 
- Preferiría que...
- Haz lo que quieras, Marta. Como iba diciendo, la conquista romana no es un proceso...

Marta está escondida en los baños, Pablo arrastra sus pies por delante de la puerta como un condenado a muerte delante de las celdas hasta que... ¡ops! Alguien lo ha arrastrado hacia el wáter de las chicas.

- ¿Qué haces, estás loca?
- Me llamo Marta.

Marta es extraña, de hecho, no entiende muy bien al resto de la gente, lo cual la hace rara. Para ella, en esos servicios de chicas a las ocho de la mañana, lo que él debería tener claro es que todo eso debe acabar en un beso y que sería todo mucho más sencillo si se dejaran de rollos y se besaran, porque, al fin y al cabo, ¿cuando una chica no puede dejar de pensar en ti es que quiere que la beses? Eso lo sabe todo el mundo.

- Ya sé que te llamas Marta. Y yo me llamo Pablo.

Pablo, en el fondo de su alma, no sabe nada. De hecho, en su alma el nombre de Marta ha caído como una moneda en un pozo haciendo hueco. No entiende, Pablo todavía no comprende todo lo que significará el nombre de Marta, cómo irá adquiriendo sentidos, significados, como un diccionario que le crecerá por dentro de ese pozo vacío que ahora tiene por alma.

- Me llamo Marta.

En ese momento a Marta se le están acabando las ideas, piensa en ofrecerle dinero para que salga con ella, en decirle que le gusta a una amiga, en vestirse de chico, piensa en todas las películas que ha visto y se da cuenta de que no tienen nada que ver con ese cuarto de baño, que en realidad todo es una mierda porque en lugar de ser en un sitio superbonito es ahí y encima no es para que él le pida salir sino para convencerlo de que se muera con ella. Todo es una...

- Sé cómo hacer que no te peguen y se rían de ti.

Pablo deja la puerta de salida y se gira hacia esa chica medio loca. 

- ¿Cómo sabes que se van a reír de mí?
- Todos los sabemos, te están esperando, hasta los profesores lo saben.
- ¿Y qué vas a hacer tú?

A Marta se le pasa por la cabeza ponerle la condición de un beso, pero ya sus sueños románticos se le han esfumado con el olor a lejía y desinfectante. 

- ¿Me darás un abrazo por detrás cuando me veas mirando por una ventana?
- ¡Qué!
- Dime eso, si me prometes eso, yo te prometo que hoy nadie se reirá de ti.
- Pero que te prometa qué.
- Que me darás una abrazo por detrás cuando me veas mirando por una ventana.
- Pero, ¿qué ventana, qué vas a hacer?
- ¿Me lo prometes?
- Sí, te lo prometo, te lo prometo. ¿Qué vas a hacer?

Marta sonríe victoriosa y se va como una actriz de película romántica saliendo de unos váteres de chicas.