La alarma de incendios suena en todo el instituto como una loca por los pasillos, inmediatamente, se abren las puertas y se desparrama ese caos ordenado de alumnos corriendo y profesores gritando hacia salidas iluminadas con rótulos de emergencia mientras Marta y Pablo permanecen escondidos debajo de la escalera, más juntos de lo que han estado nunca, tanto que a Marta se le va a salir el corazón del sujetador.
- ¿Y ahora qué vamos a hacer?
Por primera vez, Marta escucha de la boca de Pablo un nosotros y el mundo entero le da igual, ya han salido todos los alumnos, ya no queda nadie en el instituto aunque la alarma de incendios siga sonando. Ella le coge la mano y lo arrastra fuera de las escaleras, él, como siempre, se deja llevar.
Marta ha abierto la puerta del Laboratorio de Ciencias, todavía permanecen allí las mochilas y las libretas y los bolis encima de las mesas como si hubiera caído una bomba atómica, pero ella no se detiene, va a la mesa del profesor, abre un cajón y saca una llave secreta, con ella se dirige al cuarto de trastos que siempre está cerrado, la llave funciona y ambos se cuelan en un pequeño almacén de ventanita pequeña lleno de libros, polvo, esqueletos, torsos humanos llenos de órganos de plástico, pantallas de diapositivas, cajas de madera que nadie abrió en años.
- ¿No pensarás que nos quedemos aquí toda la mañana? Van a volver a clase y nos van a pillar. -Se atreve a protestar Pablo mientras ella busca acomodo en un rincón.
- Te prometí que nadie se reiría de ti hoy. Además, quiero proponerte una cosa.
La alarma ya se ha callado. Se vuelve a oír a todo el mundo entrar, voces conocidas, voces de maestros, arrastrar de sillas, voces de alumnos, sonidos de luces volviéndose a encender y dejando ese almacén de laboratorio en penumbra.
- ¿Qué quieres decirme?
-Schist... habla más bajito o nos oirán.
- Vale, ¿qué quieres proponerme?
- Quiero... -Marta piensa que nunca pensó que eso sería así, que como siempre en su vida, se está equivocando- ... quiero que te mueras conmigo.
Pablo la mira verdaderamente como si estuviera loca, tanto que le cuesta bajar la voz al contestar.
- ¡¡¡Qué!!!
- Schist... lo que has oído, ven, déjame que te lo explique.
Marta conseguirá que Pablo se siente a su lado, que escuche su historia, que sea consciente de que es cierto que ella morirá, de que ella quiere morir con él, de que vistas desde fuera él tiene más razones para morir que ella, pero en realidad, lo único que conseguirá será que Pablo le conteste.
- ¿Quieres que nos suicidemos juntos?
- Sí.
Puede que pasase una clase entera al otro lado de la puerta, en el laboratorio de ciencias, hasta que Pablo, ambos sentados en el suelo frente a frente, volvió a hablar.
- Y, si te digo que sí, ¿qué harás?
- Pues... no lo sé, lo que tú quieras, supongo.
Por primera vez, Pablo piensa algo profundo, pues, ahora que lleva tanto tiempo mirándola frente a frente, piensa que Marta es guapa como para querer morirse. Pero también sigue pensando que está loca. Le da pena, le da pena que una chica tan guapa se quiera morir. Pero también es cierto que sus hormonas de adolescente le están chillando y repitiendo esa última frase que ella le ha propuesto.
Si Marta supiera que le está dando pena sí que se moriría allí mismo.
Por desgracia, en ese momento empieza a sonar un móvil, rebuscan las mochilas, intentan darse prisa pero ya los han oído en la clase del laboratorio de ciencias, la puerta se abre, es el profesor, los han pillado, todos los ven salir, eso va a acabar en el despacho del director.
Sorprendentemente, Marta no se está autoinculpando de lo de la alarma, de hecho, más bien al contrario, le está echando las culpas a Pablo y lo que es peor, es mucho más creíble su historia del chico malo y ella buena que todo lo contrario. Pablo la mira y no entiende, lo van a expulsar del instituto, falta grave nada más empezar septiembre; sin embargo, a Marta no lo harán nada, aunque ella no sabe que le da pena, cuando salen por el pasillo, se atreve a cogerle un poquito la mano y tirar de ella para decirle al oído:
- No tendrás que venir al instituto, nadie se reirá de ti. Mañana, yo me pondré enferma y no vendré a clase, búscame.
Pablo está enfadado, asustado... y le suelta la mano ahora que ya van a bajar las escaleras.
- Déjame en paz, no pienso ir.-Y se precipita escaleras abajo como huyendo de ella.
- ¡Pablo! -Marta es mujer, alta para su edad -A las diez en mi puerta.

