domingo, 30 de enero de 2011

TQMC? 26

La esperanza es una mentira que nos repetimos hasta dormir, que soñamos hasta despertar.

Marta, esta noche, habrá mirado su móvil unas doscientas treinta y cuatro veces contando las dos que se le cayó de la cama; pero nada, Pablo no ha vuelto a dar señales de vida y ella no se atreve a volver a hacerle una perdida ni mucho menos mandarle un mensaje. Se conforma con no dormir pensando que eso será suficiente para que todo se arregle.

Entre vuelta y vuelta en la cama, también piensa en su amiga Lucía, en que ha cambiado, en que ella misma se sorprendió cuando la vio liarse un porro delante de sus narices; antes no era así, le gustaba un montón la música y se pasaba el día inventándose bailes que sólo Marta ha podido ver. Le preocupa que se convierta en una porrera.

Pero principalmente piensa en Pablo, en las oportunidades que desaprovechó de tenerlo a su lado. En lo que estará pasando por su cabeza para, pese a estar con Vera, haberle mandado ese mensaje de te echo de menos... y yo a ti, no sabes cuanto.

Son otras siete de la mañana en la vida de Marta, octubre ya está avanzado y todavía es de noche aunque el despertador quiera decir lo contrario; Marta se asoma a la ventana y puede ver apagarse la farola en la que él la esperaba. Como una tonta, se pone de puntillas para mirar si él estará allí abajo donde ella le tiró un jarrón a la cabeza. Se ducha con agua hirviendo pues ya hace frío tan temprano y piensa que daría lo que fuera porque él la estuviese mirando allí sentado.

Su madre le trajo anoche un Ipod, Marta pide poco, incluso se extrañó de ese capricho, pero la ha animado y lo ha llenado de música y ha decidido que a partir de ahora irá siempre con los cascos puestos para olvidarse de todo el mundo y pensar solamente en Pablo. 

Suena El canto del loco mientras dobla la esquina y ya puede ver el instituto; la gente le parece más lejana, como vista en una película mientras ella anda y retumba en su oídos la música.

Suena Kesha mientras atraviesa las puertas del instituto y esquiva los codos, las mochilas, las miradas agachando la cabeza y viéndose las zapatillas, una de ellas desatada, por cierto.

Suena Pocker Face de Lady Gaga cuando por fin entra a clase y su mirada se cruza con la de Pablo sentado en su última fila junto a Vera; el profe de castellano, casi siempre toca él a primera hora, le indica con un gesto que se los quite. ¡Qué elegante que es este hombre, con su chaqueta y sus camisas tan bien planchadas!

- Como os decía, hoy vamos a analizar nuestro primer soneto, concretamente, copiad mientras yo lo escribo en la pizarra, uno de los más famosos de Garcilaso de la Vega, copiad, por favor:

- Bien, ¿quién me puede decir lo que significan estos dos primeros versos?

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto
- ¿Marta?

- Que mientras seas joven, mientras tengas la piel rosa y blanca.

- Muy bien, Marta, ¿y los dos siguientes?
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
- Que mientras seas joven y puedas enamorar a alguien con una sola mirada.

- Muy bien, muy bien, Marta. ¿Alguien más sabe lo que significan el siguiente cuarteto?
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
- ¿Que mientras seas rica y tengas oro serás como el viento?
- No, Patricia, no siginifica eso, pero es curioso que lo pienses. ¿Marta?
- Que igual que tu piel o tus ojos, mientras tu cabello sea rubio como el oro y te haga hermosa.
- ¿Qué más, Marta, dice en este terceto?
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre;
- Pues, habla a las muchachas jóvenes que son así de hermosas y les dice que disfruten de su juventud antes de que el tiempo las convierta en viejas y llene de canas sus cabezas.
- Muy bien, ¿Marta? Tú conocías este soneto, por lo que veo.
- Sí, lo leí de pequeña.
- Bien, muy bien; ¿alguien más lo conocía? ¿Nadie? Bien. Y, ¿alguien puede decirme sin mirar en el libro qué tópico literario desarrolla Garcilaso en este soneto?
- ¿Marta?
- El collige virgo rosas.
- Muy bien Marta. ¿Y qué significa?
- Significa eso, que las muchachas jóvenes tienen que disfrutar de su juventud.
- Bien, muy bien, y... ¿los últimos tres versos?, Marta.
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.
- Son el final, significa que, según el poeta, por muy hermosa que seas de joven, el tiempo, la vejez, no tendrá piedad contigo, que a todas nos tratará por igual y nos hará viejas y feas, por muy guapa que ahora te creas.
- Perfecto, Marta, deberías dar la clase de lírica petrarquista tú, de verdad. Y los demás, podríais aprenderos... De hecho, qué narices. Os vais a aprender un soneto para mañana, el que sea, me da igual. Pero mañana todos saldréis aquí a recitar un soneto o bien de Garcilaso, o de Quevedo o de Góngora o de quien sea, pero el que venga aquí mañana sin el soneto aprendido que se prepare. ¿Sí, Marta?
- Yo mañana no puedo venir, tengo que ir al hospital.
- Vaya, hombre. Qué rabia. ¿Y... pienso yo, ya que nos has dado una clase magistral, no te sabrás ahora tú alguno de esos poemas y les demuestras...?
- ¿Quién, yo? No, no.
- Vale, está bien, no he dicho nada.
- ¡No! Sí que quiero.
- Ah, ¿de verdad? Y cuál vas a recitar.
- ¿Pero tengo que salir?
- Sí, claro. ¿Cuál vas a recitar?
- Amor constante más allá de la muerte.
- Ostrás... adelante, adelante.
Evidentemente, Marta clava su mirada en Pablo sin miedo a que todo el mundo lo note, lo sepa, mientras sus labios van recitando unas palabras que ni el propio Pablo comprenderá en todo, en su grandísimo significado:




Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare el blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;
mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.
Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido:
su cuerpo dejará, no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado
Traducción: La muerte me podrá cerrar los ojos y llevarse mi alma de mi cuerpo; pero aun así, mi alma, que ha encerrado al Dios Amor durante todo este tiempo, no te olvidará; mi cuerpo, que ardió de amor por ti, desaparecerá, pero no mi amor; mi cuerpo morirá, se convertirá en ceniza, la ceniza, finalmente, me convertiré en polvo, pero incluso siendo sólo polvo, seguiré enamorada de ti.

Cuando Marta acabó, con los ojos vidriosos de lágrimas que miraban a Pablo, toda la clase hizo algo extrañísimo: entenderla, quizás por primera vez, identificarse con Marta y dejar que también sus ojos se inundaran de lágrimas.

Continuará...

sábado, 29 de enero de 2011

TQMC? 25

Lucía es la mejor amiga de Marta, para el resto del instituto es "la gorda"; pero para Marta es prácticamente su única amiga. La madre de Lucía es la directora de la guardería a la que llevaron a Marta, se conocen desde entonces y siempre habían estado juntas hasta este año en el que Lucía se quedó en 2º y Marta pasó. Pero de aquella niña regordeta con flequillo de la guarde ya queda poco comparado con las fotos que Lucía cuelga en Tuenti; pues ahora lleva siempre sus pendientes dorados, sus piercing en los labios, sus camisetas de colores, sus pantalones rotos y pese a ser pequeñita, tampoco nunca se puso tacones.

En teoría, Lucía tiene que limpiar la guardería por las tardes por haber suspendido todas el año pasado pese a que Marta la ayudó todo lo que pudo; ante la insistente pregunta por parte de todos, Lucía siempre contesta lo mismo:

- Pues que seré tonta, ¡yo qué quieres que haga!

Ahora vuelven a estar juntas en la guardería cerrada, Lucía se enteró por la mañana del ridículo del instituto y fue a sacar a Marta de la cama; ahora ambas han dejado las escobas y hablan más tranquilas sentadas en las colchonetas de la clase de párvulos.

- Pasa de él, tía, olvídate.

- Lo sé. 

- ¿Y tampoco sabes quién te manda los mensajes?

- No.

- ¿Y qué vas a hacer?

- Nada, ya se cansarán. 

- ¿Te echó mucha bronca tu madre por lo del teléfono?

- No, qué va, ella dice que ya me ha dejado por imposible, que haga lo que quiera.

- Ya...

- ¿Sabes que he perdido dos kilos en una semana?

- Ah, sí. ¿Cómo?

- No desayuno, le digo a mi madre que ya he desayunado y tiro la leche a la pila.

- Tía, a ver si te vas a quedar anoréxica ahora.

- Sí, con este culo me voy a quedar anoréxica...

- ¿No te has vuelto a liar con el Tete?

- No, qué va, yo huelo mal para todos los tíos.

- ¿Cómo que hueles mal?

- Pues sí, tía, ¿tú te acuerdas  de cuando íbamos los martes al instituto por la tarde y si nos íbamos a comer al chino volvíamos apestando a comida? Pues a mí me pasa con lo de gorda. Yo todo el día apesto. Si se me acerca alguien, enseguida me huelen, y por mucho que me lave siempre voy a seguir siendo la gorda. Los tíos no quieren nada conmigo, aunque les caiga bien, pero a ellos les da vergüenza que sus amigos sepan que se ha liado con la gorda.

- ¿Eso te lo dijo el Tete?

- No, pero lo sé yo. Anda, vamos al patio que me haga un peta.

En el patio de la guardería, rodeadas de triciclos de plástico y balones de colores, bajo un árbol que ellas mismas han visto crecer y rodeado jugando al corro de la patata, ahora Lucía y Marta se fuman un porro con las risas de cuando eran niñas.

- ¿Y te acuerdas de cuando Pablito se cagó y no quería que nos acercáramos y se fue corriendo y se le salía la mierda por el pantalón? ¡JAJA!

- Sí, ¿y de cuando a la Lauri le pusimos el pegamento en las bragas y le dijimos que se le iba a pegar el culo y ella se puso a llorar que tuvo que venir tu madre y nos dijo que nunca le volviésemos a pegar el culo a nadie y tú le dijiste que era porque como tenía una raja? JAJA!

- Joder, ¿qué bien me lo pasaba de pequeña? Hasta en el cole me lo pasé bien. La mierda fue el insti. En cuanto a todas os empezaron a gustar los chicos para mí se fue todo a la mierda.

- ¿Por eso no quieres estudiar?

- No, no quiero estudiar porque me da asco ir a clase, quiero salirme, cumplir los dieciséis y venirme aquí a trabajar con mi madre, aunque sea limpiando, pero no estar todos los días sabiendo que... ¿Tú sabes que un día Marcos, el que iba a primero con nosotros, que un día vino y no sabía cómo me llamaba yo?

- Pues porque se habría olvidado.

- ¡Qué va, tía ! Porque se han pasado la vida llamándome la Gorda y nadie sabe allí cómo me llamo. Por eso me quiero ir.

- No sé, me va a dar pena.

- Tampoco te creas, tú siempre has sido la lista, yo me saqué 1º por ti, pero yo sola soy más corta que las mangas de un chaleco. Tú sí que eres lista, tía.

- De lo que me va a valer...

- ¿Te has pensado lo que te dije?

- ¿El qué, lo del autotransplante en Estados Unidos? Paso, una operación así vale un huevo y luego te tienen que aceptar, tienes que pasar unos análisis, tienes que irte allí meses... y luego tampoco te creas que tienes muchas posibilidades de sobrevivir. Prefiero aguantar aquí el tiempo que sea.

- Pues yo creo que, por lo menos hacerte los análisis...

- Paso, si Pablo un día vino con papeles de eso de Internet que se creía que había descubierto vete tú a saber.

- ¿Y tú qué le dijiste?

- Si te lo cuento te meas.

- Dime.

- Me fui abajo, donde se ponen el Sito y estos, y delante de sus narices me metí al wáter con el Sito y le di un pico. 

- Tía, tú estás loca. ¿Y él qué hizo?

- Bah, se puso en plan celoso y yo le dije que me dejara en paz con tonterías de curar el cáncer. Era un imbécil.

- Que le den.

- ¿Y qué vas a hacer ahora?

- No, paso de él. Me gustaría... me gustaría poder hablar... pero no, paso, no quiero saber nada de él.

- ¿Y a la pija quieres que le hagamos algo?

- ¿A quién, a Vera? No, que se lo quede.

- Pues yo no lo haría, tía.

- Que no harías el qué.

- Yo no dejaría que me lo quitara una tía así tan fácil. Era tu chico, a ti te gustaba un montón. Yo haría algo.

- No vale la pena, ¿qué íbamos a hacer?

- Pues tía, mira, déjame el móvil.

- Para qué... ten.

- Espera.

- ¿Qué haces, tía?

- Pues le hago una perdida.

- ¡Tía, no! ¡Qué has hecho!

- Jaja. Mira lo que ha tardado en contestar.

- ¿En serio? ¿A ver? Lucía, dame el móvil, tía.

- Espera, espera que le mando un mensaje.

- ¡Que no, tía, dame, en serio!

- ¡Espera, espera! ¿Te ha llegado un mensaje?

- Sera de los anónimos.

- Espera, a ver: "T ECHO D MNOS."

Y en la residencia, Vera sonríe y deja el móvil de Pablo sobre su pupitre mientras él está metido debajo de la cama buscando una caja de fotos de cuando era pequeño para enseñárselas a ella.

viernes, 28 de enero de 2011

TQMC? 24

Marta se mira al espejo del cuarto de baño, son las siete y media y su madre duerme recién llegada de una guardia en el hospital. Marta no se ha maquillado nunca, las pinturas sobre el lavabo son de su madre, lo que más miedo le da es pintarse esa línea negra en los ojos, luego, no sabe dónde va el colorete y dónde la base; los labios sí, esos sí que se los pintó alguna vez de pequeña. 

Al terminar, se siente terriblemente ridícula, pero, también es cierto, algo más parecida a la imagen de putón que da Vera. Lo sabe, mientras empieza a meterse papel higiénico en el sujetador, sabe que Pablo no hubiera tomado esa decisión él solo; sabe, mientras sigue metiendo papel higiénico en el sujetador, que al llegar a la residencia debió encontrarse con Vera; lo sabe, mientras comprueba que ya no cabe más papel higiénico en ese lado porque se le va a salir todo de su pequeño sujetador, sabe que mandó a Pablo a los brazos de Vera como una cerilla a un bidón de gasolina. Se mira en el espejo su primer escote y, casi como un militar vistiéndose para la guerra, se enfunda en una camiseta de tirantes ajustada que nunca se había atrevido a usar; se vuelve a mirar los resultados y comprueba que se le ha salido un poco todo por el lado derecho, lo arregla y se vuelve a mirar su primer escote; no, no es tan grande como los que usa Vera pero ya no cabe nada más ahí dentro.

Vuelve a la habitación con el temor de que su madre la vea y le pida explicaciones, pero la puerta sigue cerrada y no se abre cuando Marta pasa por su lado; en su cuarto, recoge de encima de la cama la única minifalda que tiene, que es una falda de cuadros escoceses que le compró su madre para 1º de la ESO y que ahora, con el tiempo, ya se ha convertido en minifalda. Marta duda al verse en el espejo de cuerpo entero, se siente terriblemente ridícula, pero, también cercana a la ropa que Vera luce todos los días.

Por último, se sube a los zapatos de tacón que le cogió anoche a su madre; aunque le quedan un poco grandes y tiene que meterles en la punta de nuevo papel higiénico.

Ataviada de esta guisa, pintada como una puerta, Marta sale de casa costándole bastante andar con naturalidad, avanzar su calle y pasar por la esquina por donde antes la esperaba Pablo. No, él no está.

El momento terrible llega, Marta se aproxima al instituto y, desde la altura de sus tacones, comprueba que la empiezan a mirar; pero ella está decidida, aprieta el culo, mira al frente y, como ha hecho toda su vida, no hace caso a los comentarios y a las risas; pues piensa que todo valdrá la pena en cuanto Pablo la vea.

Su entrada al aula es espectacular, llega tarde por lo que le ha costado andar con los tacones; el profesor de castellano ya está dentro repartiendo una fotocopias. Los tacones hacen tanto ruido que hasta él la mira; pero Marta ignora al resto de la clase que la sigue con las miradas como si llevara a un oso polar encima de la cabeza; pero Marta los ignora, Pablo la está mirando. También la zorra de Vera sentada en su antigua mesa. 

Pablo anoche se pasó hasta las tantas hablando con Vera. Ella tiene un truco, cuando apagan luces, se sale por su balconcito y baja por el aire acondicionado y la repisa hasta el balconcito de Pablo; así, en pijama los dos, pueden pasarse la noche hablando entre susurros y risas. Así pasó la noche anterior, y la otra, después de volver de casa de Marta, cuando lo que más hubiera deseado sería que le apareciera una chica por la ventana, allí apareció Vera. Hablaron mucho, también es cierto que ella siempre acababa derivándolo todo hacia "eso"; pero ahora que Pablo conoce "su historia", comprende partes de su comportamiento. Sin embargo, también es cierto que a Vera no le incomoda pegarse a él cuando hablan sentados en la cama, pegarle manotadas, bromearle con empujones, tocarle... Pero no hablar de Marta.

Ahora Pablo está viendo a Marta entrar a clase disfrazada de cualquier cosa, enseñando un trozo de papel higiénico por el escote, pintados los labios como una niña que se hubiera maquillado para aparentar ser mayor, con esos zapatos de mujer que parece que se vaya a caer en cualquier momento. Pablo la observa sentarse y no saber cruzar las piernas, todos los que se siguen girando pese a las órdenes del profesor de castellano le han debido ver las bragas porque no sabe cómo sentarse. 

Pero ella sigue mirando hacia arriba, ridícula con su pelo cortado a trasquilones, Pablo la observa buscando su mirada; sabe que todo eso es por él, piensa en Vera haciéndole cosquillas en pijama, mira a Marta y siente pena.

En el móvil de Marta vibra otro SMS haciendo referencia a su minifalda y a su escote; pero Marta no lo nota, está haciéndose la concentrada con la fotocopia sobre La Celestina que ha repartido el profesor de castellano. En un momento dado, en un trozo en que hablan Celestina y Pármeno sobre una de las putas, Areusa, uno de los de delante suelta una coña y todos se echan a reír; quizás no tenga nada que ver con Marta, pero ella siente de golpe toda la crudeza del ridículo que está haciendo. 

El profesor de castellano le pregunta que dónde va, pero Marta sólo acierta a enseñarle otra vez las bragas mientras logra levantarse sobre sus tacones y salir corriendo; mejor dicho, caerse corriendo hasta la puerta por culpa de los zapatos. La clase revienta en risas. Marta se levanta torpemente y escapa de allí mientras Pablo la mira y sigue pensando en si Vera bajará esa noche en pijama a su cama.

Marta avanza a trompicones por el pasillo solitario a las ocho y veinte de la mañana, llorando se le va despintando el negro de los ojos por los pómulos demasiado rojos, se restriega la nariz con la mano y se lleva con ella medio pintalabios. Quiere llegar, quiere llegar al cuarto de baño y quitarse todo eso de la cara, salir corriendo de allí y no volver, ponerse tan enferma tan enferma que jamás tenga que volver a ese instituto, que jamás tenga que volver a ver a Pablo.

Sentada en la taza del wáter, desmaquillándose con el papel higiénico que se saca de las tetas, Marta comprende que no puede ser otra, que debe vivir con el arrepentimiento, que no tiene ganas de volver allí, que ese no es su sitio, que a la única que engañó fue a sí misma, que lo ha perdido y que, seguramente, eso sea lo mejor que ha podido hacer por Pablo. Eso sí, duele bastante cuando lo piensas llorando.

jueves, 27 de enero de 2011

TQMC? 23

Si las personas fuésemos previsibles, las novelas serían libros de matemáticas de 3º de ESO. 

Marta nunca vino con libro de instrucciones, más bien, con un prospecto de contraindicaciones y, pese a que lleva unos días en los que puede dormir, se ha recuperado un poco de la anemia y más o menos se peina los trasquilones de su pelo castaño, esta mañana se ha levantado y sólo tiene ganas de llorar; en su cabeza, ahora piensa en qué excusa encontrar para poder sobrevivir a sí misma.

Pablo está desarrollando últimamente una fobia que ya pensaba haber olvidado de pequeño: teme que en cualquier momento alguien le aparezca llorando al abrir una puerta o recibir una llamada y el mundo entero se le venga abajo como cuando la policía local logró abrir la puerta y se encontraron a su abuela tirada en el cuarto de baño. Tampoco es que sea tonto, es perfectamente consciente de que ese temor se centra en Marta, en que teme verla por primera vez por las mañanas pues sabe que de la expresión de su rostro dependerá el grado de angustia o de risa de su día.

La espera un par de calles antes para acompañarla al instituto, desde que ha doblado la esquina intuye que algo no va bien; pero no sabe todavía que Marta ya ha encontrado una excusa para su mal día.

- ¿Te pasa algo?

- No, nada, perdona por lo de ayer.

- No, si a mí me gustó. Pero, ¿seguro que no te pasa nada?

- Que no, venga, vamos.

- Vale.

- Joder.

- ¿Qué pasa?

- Otro mensaje.

- ¿Qué mensaje?

Marta le enseña un sms en su móvil arreglado con celo, Pablo no se da cuenta de que es de la noche anterior.

- ¿Sabes de quién es?

- No. Del mismo que me los envía todos los días y me hace llamadas perdidas. 

- ¿Pero te dice algo? 

- No, hace perdidas o cuelga. Y si yo lo llamo no me lo coge.

- ¿Pero no sabes quién es?

- Que no, joder.

- ¿A ver, déjame mirar más mensajes?

- Que no, ¿para qué? Son todos iguales, que si te voy a hacer, que si te voy a coger, que está mirando mi foto, que si soy una guarra... Son todos iguales.

- ¿Y qué vamos a hacer?

- Pues nada, entrar a clase.

En clase, pese a que hoy ya no llueve y el patio se esté secando con algunos charcos por la cancha de baloncesto, Pablo no mira por la ventana, mira a sus compañeros intentando imaginar quién puede ser su sospechoso, e imaginando, por desgracia, las infinitas posibilidades de sustos que le podrían dar a Marta por un pasillo oscuro si le da por cumplir sus amenazas...

Podría haber sido así la historia, pero no lo fue, volvamos atrás, justo en el momento en que se encuentan en la calle y Marta agarra su móvil en el bolsillo para enseñarle el mensaje. Marta mira a los ojos a Pablo, algo ha cambiado dentro de ella, no puede mentirle así, no puede con esa cara de bobalicón que tiene porque sabe que la está volviendo a imaginar desnuda.

A veces cometemos errores, a veces nos pasaremos la vida entera pensando qué hubiera pasado si... Marta no le enseñó el sms, se calló, siguieron caminando como si nada pasara. Pero la historia ya había tomado otro rumbo diferente. Ahora Pablo seguiría pensando en lo que le había quitado el sueño y no preocupándose por los sms de Marta que él desconoce. Ahora ya no hay marcha atrás.

Ha acabado Educación Física a quinta hora, Marta siempre es la última en cambiarse en el vestuario porque le da vergüenza que la vean; de repente, le suena otro mensaje en el móvil, pero ella no lo abre porque lo lleva en la mochila y además está sacándose el chándal por los pies sentada en el banco ahora que la han dejado sola entre esos azulejos blancos.

Cuando Marta se está sacando la camiseta por la cabeza, la puerta de los vestuarios se abre, unas zapatillas viejas de chico se cuelan por la puerta y andan con sigilo acercándose a Marta mientras ella se cambia. No lo puede ver porque se ha atascado la camiseta, no puede ver que ya ha llegado a su altura, que la mira con un deseo casi enfermizo, que sabe que están solos y no gritará, que alarga sus manos y Marta saca entonces la cabeza y se lo encuentra frente a frente:

- ¿Qué haces aquí?

- Quería verte.

- Pues hala, ya me has visto, ahora date la vuelta y vete no sea que entre la tutora.

- Marta.

- ¿Aún estás aquí?

- No quiero que te mueras.

- ¿A qué viene eso ahora? No empieces otra vez.

- No, no me entiendes. No quiero verte desnuda nunca más, no quiero que me prometas nada, no quiero tenerte si sé que un día me lo quitarás todo.

- Pablo...

- No, déjame acabar. Anoche, cuando volví a la resi, lo estuve pensando, estuve imaginando lo maravilloso que hubiera sido quedarme a dormir contigo en tu casa los dos juntos; pero luego, luego lo estuve pensando más y no quiero ver cómo te mueres. No es justo, si tú no me hubieras dado nunca la posibilidad de todo esto, yo ni me habría enterado de que dejarías de existir. Pero tú tuviste que venir y decirme que me dejarías desnudarte y entonces el mundo se me vino encima. 

- ¿Qué quieres decir?

- Quiero decir que tú te irás y el que se quedará aquí echándote de menos seré yo. Y que no es justo.

- ¿Y tú crees que para mí es justo?

- No lo sé...

- Sólo sé que no quiero verte desnuda nunca más.

Y entonces Marta se arrepintió.

miércoles, 26 de enero de 2011

TQMC? 22

Pablo y Marta están en casa de ella, encerrados en su habitación pues tienen que hacer un trabajo sobre el personaje de la monja en El libro de buen amor.

Marta, sin embargo, en su cabecita castaña llena todavía de trasquilones, alberga la maquiavélica idea de seducir a Pablo esa tarde cuando apenas son las seis y ambos están rodilla con rodilla mirando la wikipedia en el ordenador. 

Ella cree que ha llegado el momento, tiene sus dudas, como todo el mundo, pero le echa valor y en una de esas bromas sin gracia que Pablo hace sobre el Arcipreste de Hita, ella se deja caer sobre su hombro con la clara intención de no moverse de allí hasta que no la bese.

Sin embargo, Pablo, sigue pensando en que leyendo encontrará todavía algún dato más sobre el que inventarse una nueva tontería.

Marta piensa que tiene que pasar a la acción, piensa en quitarse la camiseta así como que tiene mucho calor; pero luego cae en la cuenta de que eso quedaría más de gilipollez que de seducción, palabra que no tiene muy clara. Pero encuentra un término medio.

- Espera, que me voy a poner el pijama.

Pablo no entiende muy bien por qué alguien se tiene que poner el pijama si todavía es de día y lo tendrá que acompañar a la puerta:

- Pero tú no mires, no te gires, eh.

Evidentemente, en cuanto Pablo empieza a mirar en el reflejo de la pantalla, cómo Marta se queda en ropa interior detrás de él, algo se activa en su cerebro que le indica que esa situación la ha soñado anteriormente unas cuantas veces con indecentes resultados. De hecho, justo le echa valor y se gira cuando suena abajo la puerta que se abre y Marta se vuelve a vestir de calle con una prisa que podría ser medida en parpadeos.

Es la madre de Marta, ha habido algo en el hospital y ella ha podido volverse esa tarde. Se alegra de conocer por fin a Pablo, se enfada por ver el cuarto de su hija tan desordenado, les informa de que estará abajo echada en el sofá, de que si quieren algo que se sirvan ellos mismos. Lo cual significa claramente que ni se les ocurra hacer nada malo porque los estará vigilando; parece que haya olido las hormonas.

De nuevo sentados frente al ordenador después de verla hacer esa especie de streaptease para ponerse un pijama rosa, Pablo ya no puede pensar en otra cosa y Marta lo nota.

- Marta.

- ¿Sí?

- Si me hubiera girado cuando te estabas desnudando, ¿te habrías enfadado?

Ambos siguen hablando mientras hacen que buscan y leen en el ordenador.

- ¿Si me habría enfadado? Somos novios, ¿no?

- O sea, que yo puedo verte así desnuda cuando quiera.

- No estaba desnuda, salido, estaba en bragas y sujetador.

- Pero ¿puedo?

- Hombre, si no está mi madre abajo durmiendo en el sofá ni me vas a hacer fotos... De todos modos, tú ya me has visto desnuda del todo.

- Sí.

- Y...

- Y... ¿qué?

- Pues eso, que qué te pareció.

- Pues... si te digo la verdad, me acuerdo de cada cosa que te toqué mientras te llevaba a la ducha y de cada parte que te vi mientras te duchabas.

Ambos siguen haciendo como que leen la Wikipedia.

- Pues... si te hubieras dado la vuelta antes... yo a lo mejor te habría dejado que me quitaras tú la ropa interior.

- ¿La de arriba o la de abajo?

- Pues, primero la de arriba y... luego la de abajo.

Ambos, con mucho esfuerzo, siguen mirando a la pantalla del ordenador como si hablaran del Arcipreste de Hita.

- ¿Y luego?

- Luego cuando, ¿cuando me hubieras dejado desnuda en esa cama?

- Sí.

- Pues te habría pedido que me besaras suavecito en la boca, que te desnudaras poco a poco, que te tumbaras despacito encima de mí.

- ¿Desnudo?

- Sí.

- ¿Si no hubiera venido tu madre?

- Sí.

- ¿La misma ropa interior que llevas ahora?

- Sí, ésta, mira.

Pablo por fin despega los ojos del ordenador y mira a Marta como si le fuese a traspasar con los ojos o a comérsela con las manos.

- Pero ahora no podemos hacer nada, ¿no?

- No porque está mi madre y tiene que estar la puerta abierta.

- Pero me puedes repetir otra vez...

- ¿El qué? ¿Lo de que me habría dejado que me desnudases, que te tumbases encima de mí y que me hicieras el amor muy despacito?

- Sí.

- ¿Y... qué piensas hacer al respecto?

- Pues... la verdad, lo único que se me ocurre ahora es pensar que ahora entiendo de verdad al Arcipreste de Hita y... luego... esperar a que el de castellano vuelva a mandar un nuevo trabajo pronto y, a ser posible, que no venga tu madre ese día. Si eso pasa...

- Sí.

- ¡No!

- ¿Qué pasa?

- No, no me toques. Mejor no me toques. Me voy. Me voy a la resi ya. No. No te levantes. Créeme. Mejor ya me voy yo solo...

martes, 25 de enero de 2011

TQMC? 21

Es lunes, poco más de las ocho de la mañana, el profesor pasa lista mientras en las ventanas la lluvia se precipita sobre el patio del colegio, los árboles y los cristales como avisando de que llegará el frío, de que hoy no habrá recreo, de que será un día aburrido.

En la última fila, Pablo está sentado entre Marta y Vera; y todo parece haber vuelto a la normalidad.

No sucede nada.

El profesor de castellano insiste en que abran los libros por la página treinta y tres para empezar a leer un fragmento del Libro de Buen Amor; los alumnos obedecen sin dejar de mirar la lluvia caer y el monótono rumor de las páginas pasando.

Los observa, mira a la fila del fondo con curiosidad mientras ellos van leyendo por turno y sin ganas cómo el Arcipreste es aconsejado por la Trotaconventos para que enamore a una monja; se está preguntando si sus alumnos entenderán lo que leen, si ni siquiera les interesará, si simplemente pudiera entrar en sus cabezas y saber qué están pensando para que la lluvia sea mejor que la Cuaderna Via.

Si me acuesto con él ya será más difícil que se vaya; sin embargo, acostarme con él para que no se acueste con otra también me da rabia porque parece que sea ella la que me diga lo que tengo que hacer yo con mi novio. ¿Lo he llamado novio alguna vez? Creo que es la primera vez que pienso en él como novio. No me gusta, preferiría otra. La verdad es que no nos hemos dicho nada, es decir, todo está superclaro, él me ha dicho que me quiere, nos hemos enrollado, pero nadie ha dicho que somos novios, parece que como dije que estaba embarazada ya nos han casado todo el instituto y yo ni había pensado...

Me están mirando todos, hasta el profesor me ha mirado antes cuando me he sentado, tengo que comprarme ropa, esta tarde le diré a la educadora que si puedo ir al Centro Comercial a comprarme ropa, ahora se van a llevar más las botas altas, pero tengo que pedirle dinero en efectivo si mi padre me ha ingresado y luego traerles los tíquets, y todo lo que necesito comprarme no me van a dar el dinero, me da igual, en los probadores quito algunas alarmas y ya está, así de lo más baratillo, pago lo más caro y a lo más baratillo le quito las alarmas. No tendría que haberle contado nada a Pablo. Mira ése, pero qué se creerá, que no le estoy viendo, y ése, y mira, ése también me acaba de mirar. El único que no me mira es Pablo. Es raro. Él sólo mira a la ventana y parece que esté... seguro que está pensando en Marta.

Y si me acuesto esta tarde con él... pero si yo no tengo ni idea de cómo se hace nada de eso, si el primer beso me lo ha dado él, si... bueno, tampoco creo que él sepa mucho. Además, del grupo de Patri y de Virginia dicen que ya lo han hecho todas. Lucía no, pero Lucía es porque no ha salido nunca con un chico. ¿Y si Pablo se ríe de mí? ¿Y si me vuelve a hacer fotos y...? ¿Y si le digo a Pablo que quiero hacerlo? No, tiene que ser más romántico, no puede ser así, así es como dicen que lo hizo Virginia, yo así no quiero, yo quiero que todo salga así, como espontáneo. Tengo que invitarlo esta tarde a mi casa. Lo invito esta tarde con la excusa de estudiar y allí ya lo seduzco y lo hacemos. 
Lo seduzco, qué raro suena eso.

¿Pero por qué no pueden dejar de mirarme así? Joder. Todos los días igual. Todos los tíos mirándome. Joder. El único, éste, que no deja de mirar la lluvia por la ventana. Tiene que ser eso, no sé qué es pero tiene que ser eso. Además, si hoy llueve no nos van a dejar salir de la residencia, si hoy llueve subo a su cuarto.

Y esa gota, si baja por ahí, se choca con esa gota, y si bajan y se chocan con esa otra ya se hacen gota gorda y bajan rápido. Otra, esa, si baja un poco, se come a la gota esa, se juntan las dos, se hacen gota gorda y bajan rápido. Hala, esa si que es gorda, es ha caído ahora, esa baja sola. Y ¿qué pasará con las gotas que no les caigan otras gotas, porque las gotas que les cae una gota de arriba y se juntan y se caen corriendo, esas gotas no sabían que les iba a caer una gota de encima, entonces las gotas están ahí, en el cristal, como esperando sin saber cuándo, que en cualquier momento, les caiga otra gota encima y entonces ya son una gota gorda pero es así, aleatorio, no pueden saber lo que les va a pasar al instante siguie...

- ¡¡¡PABLO!!!

- Ah, ¿qué? ¿Sí?

- Pablo, ¿que sobre cuál personaje quieres hacer el trabajo?

- Ah, ¿personaje de qué? ¿Del libro de Buen Amor?

- Ah, pues.. sobre... 

- Tus compañeras han elegido a la monja una y la otra, perdonad que no me sepa los nombres aún, la otra ha elegido a la viuda.

-...

- ¡PABLO! ¿Qué personaje eliges?

- Pues... no sé, ¿la monja?

- Muy bien, ¿cuál de las dos era la de la monja?

- Yo, profesor.