martes, 11 de octubre de 2011

DILES...


- Diles que ella nunca ha vuelto tan tarde.
- ¿Se lo has dicho?
- Pues diles que la llamen ellos, que a nosotros no nos lo coge.
- ¿Se lo has dicho?
- No me callo, no me callo, que tú parece que no te explicas. Ay, Dios mío, ¿dónde se habrá metido esta chiquilla? Cuando vuelva…. En cuanto entre por esa puerta la voy a moler a palos. Por todo el mal trago que… ¿Qué dicen?
- Pues claro que tiene que estar en casa de alguna amiga, ¿dónde va a estar si no?
- ¿Qué dicen? ¿Que si hemos llamado? Pero cómo vamos a llamar nosotros si se ha llevado ella el teléfono y no nos lo coge. Diles que parecen tontos. Pues no se lo digas pero lo parecen.
- Pues no me aparto. Pues claro que te dejo hablar. ¿Qué dicen? Ay, yo no puedo aguantar esto, voy a ver si se me ha enfriado manzanilla. Ay, Dios mío, cuando vuelva, cuando vuelva es que no sé lo que le hago. La ahogo como a las gallinas. Ay, mi niña, ¡pero tú les has dicho que la llamen! Pero si el teléfono lo tienes aquí, que te lo he dejado yo apuntado. Ay, de verdad, parece mentira… Aquí, lo tienes, aquí. Díselo: seis, cero, seis, cero, cero, dos, dos, treinta y tres. Se lo has dicho o te lo repito, que tú nunca te explicas. ¡No me callo! Voy a ver la manzanilla.
- ¡Virginia Ledesma Marín! ¡Ay qué hombre! ¡Hasta en el nombre de tu hija te vas a equivocar! No, yo no me pongo que a mí no me entienden. Pero tú diles eso, Ledesma Marín, y diles que su amiga, la de clase, que esa se llama Elena Torres algo, Torres algo, que la llamen a ella que es con la que más se junta.  Ay, chico, pareces sordo, Elena Torres algo.
- ¿Qué dicen?
- Pero cómo vamos a tener nosotros el teléfono de ella si lo lleva ella en el bolso. Tú diles que la llamen a ella ellos, que a nosotros no nos lo coge ¡Pues se lo has dicho pero no la han llamado! Si la hubieran llamado ya estaría aquí. ¡Espera! ¡Ay, espera que me parece que se oye el ascensor! ¡Sí, sí, es el ascensor! ¡Tiene que ser ella! Sí, esos pasos son los suyos…
- ¡Virginia! ¡Chica, te quieres encender la luz! ¡Pero tú sabes el disgusto…! Ay… perdone… es que no ha vuelto la chiquilla y pensaba que eras ella. Perdone… perdone.
- No, no, diles que no, que era el soltero de arriba. Que también… menudas horas son de llegar. ¿Te han dicho si la han llamado? ¿Sí? Me espero, me espero. Ay, madre, qué nervios, pero… ahora cuando se lo coja me la pasas, que le voy a decir yo… Tú ahora me la pasas.
- ¿Cómo que no se lo coge? Pero tú les has dicho el número bien. Mira que como tú te explicas. Seguro que se lo has dado mal y están llamando a otro que estará durmiendo a estas horas y cómo se lo va a coger. ¡No, no me callo! ¡Pues eso te estoy diciendo, que te lo vuelvo a repetir! Sesenta, seiscientos, veintidós, treinta y tres. Prueba así. Que sí que es el mismo. Tú diles que prueben así que se han tenido que equivocar. 
- ¿Qué dicen? ¿Cómo que ahora no da señal? ¿Qué es eso que no da señal? ¿Qué les ha colgado? Eso es que tiene que estar aquí abajo y no quiere hacernos gastar, que eso me lo hace a mí siempre. Eso es que tiene que estar ya aquí abajo. Diles que me bajo yo un momento a la escalera, que estará ya en el portal, que me bajo yo a esperarla, pero que no te cuelguen, ¡me has oído! Que les digas que ya bajo yo pero que no te cuelguen.
- ¿Cómo que gracias? ¿Cómo que gracias? Que no cuelgues, Marcial. ¡Que no te cuelguen! ¡Diles que llamen a su amiga! ¡Que llamen a Elena Torres! 
- ¿Cómo que ahora vendrá una patrulla a casa? ¿Para qué quiero yo que vengan? Yo lo que quiero es que me la traigan. Diles que… Diles que… ¡Qué te están diciendo! ¡Qué te están diciendo que me va a dar algo!
- ¿Cómo que qué ropa llevaba? ¿Para qué quieren saber ellos qué ropa llevaba? 
- ¡Pues qué ropa va a llevar, chico, qué ropa va a llevar! ¡Pues su ropa! La faldita ésa corta y… ¡Pero les quieres decir que la llamen! ¡Que no te lo digo! ¡Que no me lo sé el color, que no me voy a acordar del color! ¡Ahora cuando vuelva te diré de qué color! ¡Que no me digas nada, que no me digas nada, que la llamen, que yo sólo quiero que la llamen!
- ¡Déjame en paz! ¡Que me dejes! ¡No quiero salir! ¡Diles que la llamen! ¡DI LES QUE LA LLA MEN! 
- Marcial. Marcial. ¿Te han colgado? Marcial. ¿Te han colgado? Tú no dejes que te cuelguen. ¿Por qué te han preguntado lo de la ropa? ¡ME QUIERES CONTESTAR! ¡MARCIAL! ¡NO ME CALLO! ¡NO ME CALLO! ¡DIME TÚ PARA QUE QUIEREN ELLOS SABER SI LLEVABA LA FALDA!
- Marcial… Marcial… ¿Qué les has dicho de la falda? Ah. Pues… Pues diles… diles… diles que la niña lleva un tatuaje en… aquí, aquí abajo. Aquí, ¿me ves la mano? Aquí abajo. Que se lo hizo el año pasado, que le firmé yo la autorización por haber aprobado todo, pero que no quería que tú te enteraras. Hala, díselo, ya está.
- ¿Marcial? ¿Qué te han dicho de lo del tatuaje?  Marcial, dime algo que si me levanto me caigo redonda. No me espero. ¡QUE NO ME PUEDO ESPERAR! ¡TÚ DILES…!
- ¿Cómo?
- ¿Que cómo es el tatuaje? ¿Pero eso me lo preguntas tú o son ellos? Eso a ti ni te va ni te viene. Eso, ahora cuando vuelva, tú no le digas nada, ya le diré yo mañana que te lo he contado. Tú no le digas nada que bastante susto llevará la pobre. Mañana se lo diré yo. Ahora que se acueste que…
- ¡Que no te digo el tatuaje, chico! ¡Tú no le digas nada que luego se enfadará conmigo y ya no me contará nada! Tú no lo entiendes, tú no lo… los hombres no entendéis lo que es criar a una hija. Ella es mi niña. Me he pasado la vida padeciendo porque se cayera al suelo y se diera en la cabeza y se quedara tonta, porque un día no volviera del colegio y me dijeran que la habían visto subir a un coche, porque un día la atropellaran en el paso de cebra del instituto, porque un día… Tú no lo puedes entender. Diles que ellos no lo pueden entender, que ellos no saben lo que es padecer así por una hija, por mi niña, porque es mi niña, si acaso hace cuatro días que la vestía para ir a la escuela, y la bañaba, porque es mi niña, es mi niña, mi niña… Y yo tengo que saber dónde está. ¡Qué hacen los policías!¡QUE DEJEN DE PREGUNTAR Y SE PONGAN A BUSCARLA!
- ¡Que no te digo el tatuaje! Pues porque NO! Porque si es que tiene que estar por ahí, que se habrá quedado en casa de alguna amiga por no preocuparnos y se habrá dormido porque ha estado estudiando toda la semana, que la pobre… pero si es un cielo, mi niña, si se habrá quedado dormida de tanto estudiar y estará en casa de alguna amiga y se habrá quedado sin batería en el móvil. Si ya te dije yo que le compráramos un móvil nuevo, que ése se le acababa la batería enseguida, que ella me lo decía siempre, que siempre se le quedaba sin batería enseguida. Si la culpa la tienes tú. Mañana misma le compro un móvil nuevo, el que quiera, me da igual lo que digas. Toda la culpa la tienes tú por no haberme hecho caso. Si se lo hubiéramos comprado como ella quería, no se habría… Diles que la llamen otra vez, Marcial. Pues yo te digo el tatuaje pero tú diles que la llamen otra vez, por favor te lo pido.
- ¿QUÉ HACES AHORA? Marcial, ¿qué son esas luces en la calle? ¿La policía? Yo no quiero que suba la policía, ¿qué va a hacer aquí la policía? Yo lo que quiero es que la encuentren. ¡NO LES ABRO! ¡AQUÍ NO LA VAN A ENCONTRAR! ¡QUE SE VAYAN! ¡Que se vayan a buscarla! ¡Eso es, que se vayan a buscarla! 
- ¡QUÉ HACES! ¡MARCIAL! ¡QUÉ HACES CON EL TELÉFONO! ¡NO CUELGUES! ¡ME DA IGUAL QUE LLAMEN! ¡MARCIAL! ¡DILES QUE NO, QUE NO SUBAN! ¡DILES QUE SE VAYAN! ¡DILES QUE NO, MARCIAL, diles que no suban, diles que me la traigan, me da igual si le ha pasado algo, pero tú no les dejes que suban, tú diles que me la traigan, Marcial, diles que me la traigan… diles que… diles…

Texto: Álvaro García.
Ilustración: Alberto Montt.