CAPÍTULO 11
"Sucede que me canso de ser hombre.
Sucede que me canso de mi piel y de mi cara,
y sucede que se me ha alegrado el día, ¡coño!
al ver al sol secándose, en tu ventana: tus bragas.”
EXTREMODURO, Sucede.
Son las dos y cuarto de la tarde. No hay nadie en el piso de la abuela de Paula. Sobre el mármol blanco de la cocina le han dejado un plato de macarrones fríos y una nota escrita en un sobre abierto, que no comen allí, que tienen cita con el abogado en el centro.
Paula tira con rabia los macarrones a la bolsa de la basura que atan en la manivela de la puerta de la cocina, luego se cambia de pantalones y, con las llaves en la mano, aporrea la puerta de enfrente llamando a gritos a Tomás, pero nadie le abrirá. Mira hacia arriba, a la escalera que sube, iluminada por el sol que entra, pues la puerta de la terraza está abierta.
Sale a las terrazas, ya se conoce el recorrido, va saltando los muros de una a otra hasta llegar al invernadero, es cierto, allí está Tomás, descalzo y en manga corta, regando sus plantas. Tan tranquilo. Todavía no sabe lo enfadada que ella está.
- ¿Dónde estabas?
- Aquí.
- No, digo esta mañana, en el instituto.
Paula ya le ha dejado claro que está muy enfadada, sin embargo, él está tan tranquilo, como si hubiera acabado de salir de un examen de botánica.
- Pues aquí.
- Que no te enteras, que esta mañana te estaba esperando Leo Duarte…
- Ah, ya. Me he ido.
- Ah, ¿sí? Pues mira, pues por tu culpa, me ha cogido a mí y me ha bajado los pantalones delante de todo el instituto.
- Vale.
A Paula le hierve la sangre, le incendia por dentro que Tomás ni siquiera se incorpore para hablarle, que siga tan tranquilo regando sus plantas con sus botes viejos y sus botellas vacías de Fanta.
- ¿Vale? ¿Ya está? ¿Eso es lo único que se te ocurre? Imbécil. Momo de mierda. ¡Te estoy diciendo que por tu culpa me ha visto el culo todo el instituto!
Tomás duda un momento. Luego debería haber seguido callado.
- Tienes un culo muy bonito, no…
- ¡Pero tú eres imbécil! ¡Que el maniaco ese se cree que estoy contigo! ¡Que mañana me va a volver a coger y…!
Por fin Tomás se levanta con su bote viejo de hojalata en la mano.
- Yo no tengo la culpa. Además, a mí me pega casi todos los días.
- Ah, ¿sí? ¡Y por qué no me lo dijiste! ¡Y por qué narices lo hace!
- Somos hermanos.
- ¿Qué?
- Mi padre es también el padre de Leo.
- ¿Y tu madre?
- No, mi madre murió. Luego, mi padre se juntó con la madre de Leo.
- ¿Y tuvieron a Leo?
- No, Leo es de otro padre.
- Pero entonces, ni sois hermanos ni nada, ¿qué me estás contando?
- Mi padre le pegaba a la madre de Leo y a Leo cuando era pequeño. Por eso él me odia tanto.
Tomás se ha sentado en una sillita vieja de colegio que tiene, despintada por el sol, apoya sus manos manchadas de tierra en las rodillas abiertas como un hortelano que mira al cielo esperando la lluvia.
- No lo entiendo. Tú no tienes nada que ver, fue tu padre, ¿por qué te pega a ti?
- Supongo que porque no puede pegarle a mi padre.
- Pero ¿tu padre sigue con la madre de Leo?
- No, no. Qué va. Mi padre tiene un montón de denuncias y una orden de alejamiento de Leo, de su madre, de su casa y de todo, mi padre tiene órdenes de alejamiento de todo.
Paula decide calmarse y sentarse en un cajón de madera boca abajo que guarda sacos viejos arrugados.
- ¿Y tú nunca has hablado con Leo, has intentado…?
- No, cuando yo pasé de primaria al instituto, Leo ya estaba repitiendo y, el primer día, ya me cogió en el patio y se lió a patadas conmigo, lo expulsaron y, cuando volvió, me pegó otra vez, lo expulsaron más tiempo y, me pegó más fuerte. Así llevamos tres años.
- O sea, que Leo siempre está expulsado porque cuando vuelve te pega.
- Exacto.
- Qué fuerte. Pero… no lo entiendo, ¿y nadie hace nada, ni el Jefe de Estudios, ni la Policía, ni su madre?
- No, si me pega dentro porque es dentro y los profesores no lo pueden tocar, si acaso, llaman a la Policía, pero para cuando llegan y entran, él ya se ha hartado de zurrarme y salta la valla. Y si es fuera, nadie puede protegerme porque dice la Policía que no pueden pasarse el día acompañándome.
- Pero, no sé, haz algo. Habla con él, con su madre, no te puedes pasar la vida así.
- No es algo que se pueda arreglar así fácilmente. Además, por lo que me puedo imaginar, mi padre…
- ¿Qué?
- Pues que si ya a mí, que era su hijo, me trataba como me trataba, a Leo, que por lo que sé, más le molestaba que otra cosa, pues… debío pegarle también bastante.
- Vale, bien, pero tú no tienes la culpa de lo que hiciera tu padre.
- Ya. Pero así estamos.
- Ya.
- ¿A ti, te ha hecho daño?
- No. Si ha sido que he salido del instituto y todos ya me decían que me iba a estar esperando.
- Sí, eso me suena, ¿te lo ha dicho una niña así pequeña que se llama Miriam Maciá?
- Sí, esa. ¿Cómo lo sabes?
- Porque esa niña es así, siempre se entera de todo lo malo.
- Pues eso, luego me lo han dicho también en clase de Matemáticas y luego, cuando he salido, en el semáforo, cuando iba a cruzar, Leo me ha cogido por el hombro y me ha empezado a decir tonterías. Yo le he dicho que me soltara y al final, cuando hemos cruzado, me he puesto ya seria, le he dado un empujón pero, al apartarse, él lo que ha hecho ha sido pegarme un estirón por detrás y romperme los pantalones y todo el mundo me ha visto el culo y creo que me ha dicho guarra o algo así.
- ¿Pero no te ha hecho daño?
- No, daño de daño no.
- Vale.
- ¿Qué estás pensando?
- Pues que si me mete una paliza muy gorda y yo lo denuncio, es posible que lo metieran a la cárcel, no sé. Y así te dejaría en paz a ti.
- ¡Pero tú estás tonto!
- El problema es que si yo denuncio, la Policía se enterará de mi situación y…
- ¡Qué va! ¡Ni se te ocurra! ¿Qué situación?
- Yo vivo solo.
- ¿Cómo que vives solo?
- Sí, en teoría, al morir mi madre, mi padre tiene mi custodia. Pero mi padre tiene una orden de alejamiento de mi abuela y de mí y de esta casa.
- Pero entonces, ¿tú vives con tu abuela?
- No, mi abuela vive en Francia desde hace más de un año.
- ¿Te dejó?
- No, mi abuela es muy buena. Pero tiene una hermana en Francia que está enferma, le dio un derrame y se tuvo que ir. A mí me dijo que me fuera con ella o que me esperara a que volviera. Pero yo preferí quedarme.
- Y eso, ¿eso no lo sabe nadie?
- No. Bueno, tú ahora.
- ¿Y tu padre tampoco?
- No, si mi padre supiera que estoy solo sí que echaría de verdad la puerta abajo.
- Pero, ¿qué vas a hacer?
- Pues, hasta que apareciste tú, mi vida era perfecta; pero ahora, no sé, la única manera que veo de que Leo te deje en paz es denunciarlo, pero si lo denuncio, la Policía investigará y si descubren lo de mi abuela…
- Pero, ¿cómo que perfecta? ¿Cómo puedes decir eso? ¿De qué vives?
- Pues… de esto señalando a sus plantas, de cosas que hago, de la pensión de orfandad.
- ¿Qué pensión de orfandad?
- Pues, la misma que la tuya, imagino. Nos dan, creo que son doscientos euros por ser huérfanos.
- ¿En serio?
- Claro.
- Pero… ¿nosotros podemos ir al banco a pedirlos?
- No, la mía la cobra mi padre y la tuya, pues imagino que la empezará a cobrar tu madre.
- ¿Sí? ¿Y tu padre te pasa esa pensión?
- A veces. Algunas veces. De vez en cuando tiene épocas buenas y me deja el dinero en un sobre del banco por debajo de la puerta. Otras no, otras bebe y quiere hundir la puerta.
- Y tú te escapas aquí.
- Sí, aquí o a cualquiera de los pisos de las otras fincas.
- Como un ratón…
- Sí, como un ratón.
- ¿Doscientos euros?
- Sí. Más o menos.
- No es mucho.
- No. A mí me sobra.
- Ya.
- ¿De verdad que no te ha hecho daño?
- Que no, en serio. ¿Has comido?
- Un tomate.
- Mi madre y mi abuela no están, ¿quieres que haga una ensalada y comemos en mi casa?
- Vale.
Cuando Paula se levanta, cuando se da la vuelta y se agacha preguntando si es esa la lechuga que puede coger, Tomás observa los cuatro arañazos en los riñones que le acaban de hacer a ella por su culpa, los analiza, los fotografía apretando los ojos y la mandíbula y se queda sentado allí, bajo el plástico, en su terraza, dejando que un dolor desconocido le explique lo que debe hacer a partir de ahora.
Texto: Álvaro García Hernández
Ilustración: Laura López Ruiz

2 comentarios:
Me está gustando mucho esta historia, sigue así.
Muchas gracias, Vero. Intento subir un capítulo cada noche.
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