domingo, 3 de febrero de 2013

SIN TÍTULO (ni sentido)

Corría el año 1982. Naranjito triunfaba en la televisión. Sofía se había comprado un Renault-5 rojo y todavía había sitios en la ciudad donde aparcar. Un domingo se encontró un gatito abandonado en el parque debajo de su casa. Y decidió castrarlo. Bueno, primero decidió adoptarlo, luego él decidió crecer, luego todo vino rodado, y Leoncio se quedó sin pelotas.

En 1986, España entró en la Unión Europea, y Sofía, ese verano, pudo irse de vacaciones a Cullera con su gato, a un apartamento alquilado, y en la nevera se encontró veinticinco millones de los de entonces, en billetes de mil y de cinco mil pesetas, uno a uno, pues los contó. Y se fue. Se compró un ático cerca de Nuevos Ministerios y una planta baja enorme que enseguida le alquilaron para montar un Supermercado Simago.

En 1992, Sofía estaba viendo la inauguración de las Olimpiadas de Barcelona en su televisor cuando llamaron a la puerta de arriba, ella miró por la mirilla y vio a dos hombres de aspecto italiano, sombrero blanco con cinta negra, gabardinas largas, bigotes finos, pelo engominado. Y Sofía les abrió, venían a secuestrarle el gato.

En 1993, las fuerzas especiales de la Policía, descubrieron un zulo de ETA donde tenían secuestrado a Indalecio Sauquillo, las cámaras del Telediario 2 fueron testigos directos de la operación, al abrir la puerta hidráulica del zulo, a nadie le llamó la atención que saliese un gato corriendo.

Texto: Álvaro García Hernández
Ilustración: Alberto Montt