tag:blogger.com,1999:blog-89130071226432656262009-07-05T00:19:07.040+02:00Diario de un Dios Equivocado-Relatos Cortos-Relatos de Humor-Blog dedicado a los Relatos Cortos y a los Relatos de Humor.Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.comBlogger237125tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-45995993307051478252009-07-01T22:48:00.005+02:002009-07-02T00:04:16.515+02:00RELATO: PODRÍAS SER TÚ.<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SkvOAEMsGqI/AAAAAAAACtY/Xm5pTy3wA6A/s1600-h/mesita_de_noche_copy.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353599082582252194" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 242px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SkvOAEMsGqI/AAAAAAAACtY/Xm5pTy3wA6A/s320/mesita_de_noche_copy.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">A veces sucede que me pierdo en el <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/11/perdname-la-ropa.html">cuarto de baño</a> como cuando era niño. Que me busco la piel de entonces y sólo encuentro a un adulto desnudo. Es entonces cuando necesito un baño de esponja frotándome la espalda, cuando me siento con las piernas cruzadas en el retrete y me dedico a pensar en las miles de veces que me habré cortado las uñas. Es entonces cuando caigo en que odio a la gente que escribe <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/12/las-lombrices-no-se-curan-leyendo.html">pajas mentales</a> pensando que al resto del mundo le dará gusto su aburrimiento. Es entonces cuando descubro que la<a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/12/las-lombrices-no-se-curan-leyendo.html"> risa</a> me salva, que poco a poco me importo menos que cuando me peinaba, que soy más gratuíto para el mundo de lo que yo me creía. Y que escribir no debe ser una lección de anatomía de mí mismo sino el más sincero entretenimiento para el resto. No te equivoques, hay una lección de todo esto. Si quieres hacerte <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2007/06/consejos-prcticos-para-parir-una-novela.html">escritor</a>, no pienses en publicar, no pienses en el gusto que te dará, no pienses en pasarte la vida haciéndote pajas, aunque sean mentales; simplemente, intenta ser la mejor<a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/09/como-un-nio-recin-venido-de-las-putas.html"> puta </a>que puedas. Piénsalo. Piensa entonces si podrías ser tú.<br /></span></div><br /><br /><br /><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Puta: <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/">Álvaro García.<br /></a>Ilustrador: Alberto Montt.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-4599599330705147825?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-52967611062665008022009-07-01T22:14:00.006+02:002009-07-02T00:03:23.082+02:00ANA YNADA: CÓMO BESAR BIEN.<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SkvJAVtm_eI/AAAAAAAACtQ/yWyG7IKnTXI/s1600-h/flechazo.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5353593589725593058" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 254px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SkvJAVtm_eI/AAAAAAAACtQ/yWyG7IKnTXI/s320/flechazo.jpg" border="0" /></a><span style="font-family:georgia;font-size:85%;"><strong>Domingo.</strong><br />Es domingo, <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/11/porque-quiero-ser-tu-armario.html">Lucía</a> llega al piso a la hora de comer, el cielo está gris, amenaza lluvia y el ambiente está cargado de humedad; lleva llaves pero llama, después de varios intentos abre; <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/10/acariciar-tormentas-con-unas-tijeras.html">Mario</a> está acurrucado en el rincón que queda entre el mueble de la salita y el pilar, fuma concentrado en el humo, a sus pies queda una botella mediovacía de whisky, tiene los ojos rojos.<br />-¿Qué ha pasado Mario?<br />-...<br />Mario tiene la vista perdida mientras hace “os” con el humo.<br />Lucía insiste más firme mientras deja la bolsa en el sofá:<br />-¡Mario, contesta! ¿Qué pasa?<br />Él agacha la cabeza y tira el humo entre sus piernas.<br />-...<br />-Mierda, Mario, ¿qué pretendes conseguir?<br />Ella se ha sentado en el sillón frente a él, de espaldas al balcón, Mario sigue fumando desganado, por fin responde:<br />-No pretendo nada...nada, ese es mi problema...nada.<br />-No digas eso, por favor; no entiendo qué es lo que te sucedió para que estés así, pero...<br />-Mario la mira a los ojos, los suyos se inundan:<br />-Nada, ese es mi problema...nada.<br />-Pero Mario, tú tienes...<br />-Yo lo tengo todo, todo... menos ganas de vivir.<br />Entre sus piernas esconde una caja de zapatos, en ese momento la coge y se la arroja al sofá, sobre el que quedan extendido un montón de sobres y algunas tarjetas de crédito; Lucía abre uno de los sobres y descubre sorprendida un fajo de billetes.<br />Mario la mira apretando los ojos y le cae una gruesa lágrima:<br />-Ahora dime si tengo bastante, dime dónde se compran las <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/11/llenar-de-pjaros-los-relojes.html">ganas de vivir</a>.<br />Esa tarde por fin llueve, Lucía ha puesto los trapos bajo la ventana del balcón, ninguno de los dos ha querido comer; Mario sigue acurrucado en el mismo rincón, la caja de zapatos sigue tirada junto a los sobres extendidos sobre el sillón; Lucía está en la habitación pequeña, mira por la tímida ventana la calle y la lluvia, el tráfico y los semáforos, la gente corriendo y los autobuses, los charcos sucios de la acera y el kiosco de la esquina con sus periódicos mojados, la lluvia tras el cristal empañado de vaho mientras ella juega a marcarle sus labios como cuando era una niña.<br />Así la tarde pasa tras el cristal empañado de besos y vaho, la lluvia sigue golpeando violentamente contra las ventanas, sin embargo nada perturba la húmeda y caliente calma del piso.<br />Lucía tiene la boca seca, los labios pegados, la sed le invade poco a poco, se levanta muy despacio, como una anciana, las piernas se le han dormido, no sabe cuanto tiempo ha estado frente a la ventana; abre la puerta de la habitación y la recibe un intenso y amargo olor, reacciona y se apresura a llegar a la salita...<br />Mario está tendido de espaldas en el suelo, desnudo completamente, la botella de whisky ha rodado de su mano hasta el balcón, está vacía; sus manos, su cara, su pelo están cubiertos de su propio vómito, sobre el cual está completamente inconsciente.<br />Lucía le levanta la cara, se la limpia con la falda de su vestido, pone su oreja en la boca de Mario para comprobar que respira, después le da la vuelta y lo arrastra por las axilas hasta la ducha, allí lo sienta y le abre el agua fría. Mario comienza a sufrir escalofríos y a tiritar, pero no abre los ojos, Lucía recorre todo su cuerpo con el chorro de agua, después lo dirige directamente a la cara, tras unos segundos Mario comienza a toser y estornudar, por fin abre los ojos y murmura:<br />-Déjame, por favor, déjame, no valgo la pena.<br />Luego rompe a llorar presa de los nervios, temblando, sus manos se mueven a impulsos: acarician su cara, rozan los bordes de la bañera, se agarrotan alrededor de sus rodillas encogidas, se extienden como si fueran a volar para luego caer como muertas. Lucía no reacciona, lo mira asustada, se arrodilla nerviosa y le abraza y retiene contra su pecho como si pensara que de un momento a otro fuera a comenzar a volar.<br />-Mario, Mario, Mario, ¿por qué te haces esto?<br />-Yo... yo no me hago nada, es a ti, te lo hago a ti.<br />-No digas eso.<br />-Sí, yo te hago a ti... para ti.<br />-Pero yo no quiero...<br />-Pero no se hacerlo de otra manera. Te necesito.<br />-Pues ya me tienes.<br />-Pero yo no quiero tenerte, yo quiero que me veas.<br />-¿Que te vea qué? ¿Cómo te vas destrozando poco a poco?<br />-No... No... Yo quiero que me veas cómo te quiero. </span><br /></div><div align="justify"><span style="font-family:georgia;font-size:85%;">La casa huele a noche y a sopa de sobre caliente, Mario permanece callado sobre la cama mientras Lucía calienta en un cazo la sopa; ninguno de los dos habla, sólo se oye el telediario en la televisión de la vecina. Lucía echa la sopa en los dos tazones y se los lleva a la habitación, le da el suyo a Mario, éste se recuesta sobre la almohada y ambos beben la sopa como dos ancianos solitarios que se olvidaron de besar, que ya sólo viven para sentarse al anochecer en una mesa camilla y mirarse a los ojos grises.</span></div><div align="justify"></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-5296761106266500802?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-64191322020050656492009-06-27T20:55:00.004+02:002009-07-04T09:47:24.341+02:00NADIE ME QUIERE: PARAFRASEANDO A PUSHKIN<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SkZvmViiFNI/AAAAAAAACtI/UnEqKB_Zp4c/s1600-h/Aquaman_copy.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5352087911584109778" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 240px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SkZvmViiFNI/AAAAAAAACtI/UnEqKB_Zp4c/s320/Aquaman_copy.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Cuando el barco dejó de arder, varado como un esqueleto negro de ballena humeante, en la playa desierta. El náufrago dejó de mirarlo fijamente y giró su cabeza ambos lados de la isla: no había nadie, nadie más. Y se sintió un héroe. Un héroe callado que jamás tendría que volver a hablar, a negociar estupideces dichas de palabra, a mercadear con promesas, a politiquear con recuerdos, a desmenuzar envidias hechas frases demasiado largas. Se juró silencio. Se juró jamás volver a conversar con la estupidez humana, con la especie en general.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Recordó. Se dio un último gusto mientras las olas arrastraban sobre la arena tizones negros apagados en puntas redondeadas, y repasó una a una las últimas mil conversaciones que mantuvo al otro lado del mar, sin saber, más o menos sin querer saber, cuál de ellas fue la definitiva que le empujó a marcharse en aquel barco y abandonar. Recordó conversaciones vacías de ojos que esquivaban la mirada hacia el suelo. Recordó charlas incómodas de manos que jugaban con una punta de tela mientras no se atrevían a confesar que no deseaban hablar. Recordó una charla odiosa con quien decía ser su amigo y sólo quiso escucharse a sí mismo sin dejar hablar. Recordó una charla de comerciante fenicio en la que ambos jugaron a ver quién podía mentir más. Recordó una charla... y el mar fue tragándose el sol mientras él seguía sentado mirando al barco incendiado en medio de aquella playa desierta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Entonces habló por última vez, se levantó como un náufrago que abandona un Lunes y se dijo: -Déjalo, nos habría ido mejor si hubiéramos callado la vida entera.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pero entonces no llegó su final, entonces apareció por la playa una corista naufragada en aquella isla desierta la tarde anterior. Y venía desnuda a su encuentro. Y venía saltando de alegría por la compalía. Y era rubia y tenía enormes los pechos. Y al llegar junto a él imaginó que ya nunca más estaría sola en aquella isla desierta, que siempre tendría alguien con quien hablar. Y entonces se sintió tan feliz en su desnudez de paraíso tropical que no pudo evitar pararse frente a él y lo quiso abrazar, y lo abrazó con mucha fuerza y de la emoción sólo le pudo preguntar:</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Sólo dime que me querrás siempre.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y el náufrago. Mirando al esqueleto humeante de su barco hecho cenizas por encima del hombro desnudo de ella que lo abrazaba con fuerza. Sólo pudo dejar escapar un lágrima.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-6419132202005065649?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-10049690233579099082009-06-10T20:51:00.003+02:002009-07-04T09:47:24.341+02:00RELATO: ANATOMÍA DE UN RECUERDO (tercera parte)<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SjABeGphA4I/AAAAAAAACno/-x8ecFfWM3Y/s1600-h/mandamientos-2.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345774374381224834" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 264px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SjABeGphA4I/AAAAAAAACno/-x8ecFfWM3Y/s320/mandamientos-2.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Mi madre me había estado contando mientras me vestía de domingo ese miércoles que la señorita Elvira había estado enferma toda su vida, que padecía de asma y que todos los médicos que habían visitado le habían dicho que el clima seco del pueblo era el mejor remedio o paliativo para su dolencia. Que no marchara a la capital con sus hermanas. Que se diera friegas en el pecho cuando se sintiera asfixia y que durmiera siempre en verano con las ventanas abiertas. Por eso pudo disimular con tanta tos y tanta angustia lo que le acababa de hacer el hijo de la criada en el piso de arriba mientras su madre y sus hermanas dormían en la planta baja. ¿Quién iba a pensar que aquel Arturito Escribano que acompañaba a su madre por las tardes para las tareas de la plancha se hubiera subido con sus trece años a la habitación de la niña y la hubiese estado desvirgando a empujones apenas a unos ladrillos de donde ellas dormían? No. La niña tenía otro ataque en aquella habitación que apestaba a linimento y lo mejor sería que se diera un baño y hacer llamar al médico para que la auscultara. Y Arturito supo que se haría médico.<br />Y como el entierro no empezaba y ya las mujeres de luto se estaban abanicando en los bancos, todos los rostros que se giraban empezaron a esperar que sucediese lo mismo que cuando la boda, que se escuchase un tiro. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#cc0000;">CONTINUARÁ MAÑANA....</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#cc0000;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-1004969023357909908?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-74035128759027255082009-06-09T21:23:00.002+02:002009-07-04T09:47:24.341+02:00RELATO: ANATOMÍA DEL RECUERDO (segunda parte)<div align="justify"><a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Si63zaHR8TI/AAAAAAAACng/i-xPegPzqzo/s1600-h/mandamientos-2.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345411901546426674" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 264px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Si63zaHR8TI/AAAAAAAACng/i-xPegPzqzo/s320/mandamientos-2.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Don Arturo Escribano siempre fue el médico jubilado, porque nunca quiso serlo, médico. Hasta el día en que, siendo un adolescente, comprendió que la única manera de volver a ver a Elvira Cañada desnuda sería curándola. Y entonces se marchó del pueblo sin una perra. Y no tuvo otra cosa en su mente alimentada por la pensión de viuda de guerra que estudiar, devorar los libros antes de que el decano los hubiera pedido, solicitar préstamos leoninos con tal de poder asistir a las prácticas quirúrgicas y sobrellevar además su trabajo de farmacéutico de guardia. Odió la facultad y odió la medicina toda su vida, con el único consuelo de que aquellos libros le permitirían volver a ver a Elvira Cañada desnuda: y en los amarillentos manuales de anatomía no veía músculos sino el cuerpo milimétrico de aquella niña, y en los volúmenes de sintomatología no encontraba indicios sino sólo recetas que le dispensaría, y en las prácticas de cirugía, no descuartizaba muertos sino que acariciaba de nuevo el sexo de Elvira Cañada.<br />Don Arturo Escribano conoció a Eduardo Cañada seis años después de haber violado a la niña Elvira. A su prima. En segundo curso de facultad. Desde el momento en que le reveló que él sabía que tenía familiares en ese pueblo pero que no había tenido el gusto de conocerlos. Arturo Escribano dejó de escuchar a ese amable compañero de anatomía para sumergirse de nuevo en el recuerdo de aquella niña de doce años gimiendo bajo sus muslos. Había algo químico en ese joven estudiante de primer curso que provocaba inmediatamente en Arturo el recuerdo de su delito hasta el más íntimo detalle, hasta la más palpable sensación. Cuanto más hablaba, cuanto más su amistad se le mostraba franca y sincera, honesta como Eduardo Cañada se hacía ver que era, más húmedos eran los recuerdos que Arturo tenía del sexo forzado con su infantil prima. Y aquello era inevitable. Lo buscaba, lo necesitaba, pasaban los días unidos como sólo los estudiantes pueden entender la amistad. De hecho, el día de su cumpleaños, el jovencito Eduardo Cañada regaló un reloj fulminante a su querido amigo Arturo. A sabiendas de que con la pensión de viuda de su madre jamás se lo habría podido permitir, y a sabiendas de que casi más significaba ese obsequio una prueba de amor masculino que de amistad. Arturo Escribano. Siempre sucede, siempre hay una amistad en la adolescencia que se vuelve exclusiva, acaparadora, celosa. Y así le sucedía a Eduardo Cañada con Arturo Escribano. En todos lados estaba su nombre, en las conversaciones a la hora de comer en el piso con criada de sus padres siempre tenía que aparecer Arturo Escribano en una anécdota en la cafetería, Arturo Escribano en una práctica de anatomía, Arturo Escribano se masturbaba todos los días y noches con aquel reloj con la fruición incomprensible de imaginar que algo de Elvira Cañada tenía aquel objeto. Y era mentira. Pero él se masturbaba en su pensión recordando el llanto de aquella niña al bajarle los calzones y descubrir su sexo púber a punto de florecer.<br />En la iglesia se estaba fresco. Cuando yo entré todavía no había entrado nadie de los que rodeaban el coche fúnebre afuera en la plaza. De hecho, don Damián se extrañó de que su monaguillo más distraído hubiera aparecido en la sacristía con los zapatos de domingo tan pronto un miércoles para un entierro. Yo no le di explicaciones. No entonces, luego sí, tiempo después, me encerré en el confesionario y le aseguré que había ido allí el primero porque quería ver a Eduardo Cañada llorando.<br />Pero no aparecía. Entraron las hermanas de la capital, entraron las viejas beatas del pueblo, entraron algunos viejos que trabajaron para la familia Cañada, entró gente que yo no había visto en mi vida mientras don Damián me hacía preparar bajo el altar el cepillo grande, el de las procesiones. Pero no apareció el viudo y cada vez que la puerta de la iglesia se abría, como aquella vez en el concurso literario, todas las cabezas se giraban esperando ver a don...<br />En los pueblos todo se sabe. Pese a que don Arturo Escribano jamás hubiera confesado que arrinconó una tarde a la niña de los Cañada en su cuarto y la violó tapándole la boca y bajándole los calzones con la otra mano, en el pueblo algo se sabía. Y que la quiso siempre desde entonces, eso lo sabía hasta el monaguillo que estaba sacudiendo con poca sutileza el polvo del cepillo.<br />Pero no, al entierro de la señora Elvira Cañada parecían no querer acudir ni su marido ni el anciano que la desvirgó una tarde de julio saltando la tapia de su corral y descubriéndola dormida a la hora de la siesta por el ventanal abierto.<br />En realidad, casi nadie por no decir nadie conocía los motivos por los que Eduardo Cañada había jurado matar al médico del pueblo, a don Arturo Escribano. Porque aquello sucedió en la capital, cuando ambos eran jóvenes estudiantes de medicina y Eduardo Cañada sólo hacía que planear unas vacaciones completas en el pueblo de su prima, ambos juntos, ambos haciendo excursiones por los pinares y el río que tan bien le describía Arturo Escribano, ambos juntos todo el verano en aquel paraíso perdido entre trigales que, sin ni siquiera haberlo conocido, ya Eduardo Cañada se imaginaba como su hogar perfecto para cuando ambos acabaran la carrera y se licenciaran, y ambos volverían allí aunque él no hubiera ido nunca más que con su imaginación, y Arturo sería el médico del pueblo y él, con los dineros de su familia, se abriría una farmacia y así ambos serían indivisibles para la salud de aquel pueblecito entre trigales y un río. Y Arturo Escribano, al escuchar aquellos planes de futuro, sólo podía imaginarse toda la vida obligando a la pequeña Elvira a desnudarse en su consulta y él masturbarse con su reloj. Sería el próximo verano cuando ambos irían.<br />En un primer impulso, don Damián, al notar que en su entierro faltaba alguien aunque muerto había, me quiso mandar a mí a preguntar a las familiares; pero al comprender que eran la mejor familia del pueblo, tuvo pretensiones y fue él mismo quien bajó del altar y se acercó a Consolación, la hermana mayor de la señora Elvira, a preguntarle por la ausencia. Supuse yo que don Damián llevaría en su cómputo de feligreses los que había casado y todavía no se le habían muerto, por lo que, de lógica era suponer que él mismo sabía que faltaba el viudo ya que fue él quien los casó a costa de que en aquella boda, y entonces cayó en la cuenta, lo mismo acabó sucediendo. Que estaba la señorita Elvira, me lo contó mi madre, esperando al novio, y que allí no aparecía nadie, que también era verano y que su futuro marido, para más inri, su primo, Eduardo Cañada, no aparecía por la puerta y que en realidad, el pueblo entero estaba girando la cabeza a cada momento esperando que fuese don Arturo Escribano quien la abriera. Pero no lo hizo porque Eduardo Cañada le juró la noche de antes, agarrándolo de las solapas, que si se le ocurría aparecer le pegaría un tiro. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span> </div><div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#990000;">CONTINUARÁ MAÑANA...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span> </div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-7403512875902725508?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-50525275348002895782009-06-08T18:49:00.006+02:002009-07-04T09:47:24.341+02:00RELATO: ANATOMÍA DE UN RECUERDO (relato por entregas)<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Si1CVTY0xDI/AAAAAAAACnY/wjMLn3cVhuw/s1600-h/mandamientos-2.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5345001266507727922" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 264px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Si1CVTY0xDI/AAAAAAAACnY/wjMLn3cVhuw/s320/mandamientos-2.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">El día del entierro, para mí todavía no era don Arturo Escribano. Lo sería a la noche. Una noche que no olvidaré nunca.<br />Bajaba yo la cuesta que tiene la farmacia con sus árboles gruesos de tallo nudoso, cuando oí tocar a muerto y nada más. Como aburrido, seguí escuchando con los ojos la campana que veía moverse tejados abajo, en el campanario. Que fuese agosto. Casi mediodía. Porque no hacía más que calor y cielo azul como de plástico.<br />Nadie puede saber lo que sucederá al minuto siguiente, por muy cotidiano que se espere. Ni yo, ni Luisa García, ni el propio Eduardo Cañada podía haber imaginado que aquel anodino toque de campanas en un pueblo de verano iba a cambiarnos la vida como si el destino hubiese estado esperando con paciencia esa señal. O quizás él sí.<br />Pero pronto la banda de música empezaría a desfilar en procesión por la calle mayor y toda la tragedia se estaría escribiendo sin que ninguno de nosotros lo intuyésemos en esos precisos momentos.<br />Eduardo Cañada siempre juró que mataría a don Arturo Escribano, y nunca lo hizo. Quizás por eso nunca nadie le preguntó los motivos. Aunque era un hombre terrible. Incluso yo, que todavía iba a comprar a la farmacia los encargos de mi madre, había tenido que soportar, con infantil estoicismo, su maldad. Aquella mañana de enero en que Eduardo Cañada decidió soltar a toda su jauría de perros en medio del pueblo, dejarlos cazar sueltos por las calles, entre el buzón y la cabina, para contemplar, desde el balcón de su casona, cómo los hambrientos chuchos ladraban, perseguían, acorralaban y descuartizaban a todos los gatos del pueblo, incluido el mío, mi querido Pipo, delante de mis ojos.<br />Era un hombre horrible, al que todos los hombres temíamos.<br />Cuando llegué a casa aquel mediodía, las campanadas ya habían cesado de anunciar el muerto, los gorriones en los aleros al sol eran los únicos habitantes; los demás se refugiaban en las sombras de las casas cerradas. Tras las cortinas de la ventana, estaba mi madre, sentada en su mecedora, esperando sus medicinas. Y las vueltas.<br />A día de hoy, sigue siendo un misterio para mí descubrir cómo la muerte se anuncia en las casas cerradas a cal y canto en cuanto sucede en un pueblo.<br />La muerta era Elvira Cañada. La mujer de Eduardo. Y el pueblo entero estaba muerto de silencio. Como si hasta los vencejos se hubiesen revestido también de luto. Había fallecido la noche anterior, pero se la habían llevado al hospital y no la habían traído a la casa grande hasta el mediodía. Todos hacían la misma pregunta al recibir la noticia, pero no, nadie sabía nada de su viudo, nadie sabía nada de Eduardo Cañada. Y todos teníamos miedo.<br />Tres cosas sucedieron entonces que acabaron con la siesta y con mi vida como hasta entonces la había conocido.<br />Primero llegó una caravana de coches larguísimos y brillantes por la carretera recta de asfalto gris emanando calor entre los trigales. Eran los familiares de Madrid. Las hermanas de la señora Elvira, las que casaron y emigraron a la capital, dejándola a ella, dejando a la pequeña, sola y mal casada en aquel pueblo de páramo, fuente y campos de trigo amarillo.<br />Por ese desfile de coches supe de mi madre que doña Elvira fue más tiempo una jovencísima hermosa que la señora mustia de vestido violeta y pelo canoso que yo podía recordar con mis ojos de niño. Mi madre me habló de que todos los jóvenes del pueblo la rondaban con devoción, que no era sólo la niña pequeña de la casa grande con sus campos infinitos al otro lado del río, sino mucho más, una muñequita de cera y boquita de piñón que tantas cartas de amor provocó un mes de febrero, que la comisión de fiestas se vio obligada a proclamar un concurso literario, en el pueblo. Y dijo mi madre que el ganador fue Eduardo Cañada, su primo. Y que él fue quien se la llevó.<br />- ¿Eduardo? ¿El que me mató a Pipo?<br />Sorprendida entonces mi madre por el adulto acontecimiento de que yo recordara todavía ese rencor, me respondió que sí; pero luego, con esa mirada de vieja que tienen las madres a la hora de la siesta, me reveló que nadie creyó a Eduardo autor de amor tampoco entonces. Que es más, que parecieron ponerse de acuerdo, que todos miraron en el teatro hacia atrás cuando el mantenedor siguió recitando la misiva ganadora dirigida a Elvira. Todo el público escuchando esas frases de amor descarnado y giradas las cabezas hacia atrás, todas buscando los ojos al fondo del teatro de don Arturo Escribano. </span><br /></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><br /></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#cc0000;">CONTINUARÁ MAÑANA...</span></div><div align="justify"><br /></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-5052527534800289578?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-67595903869083743072009-06-01T20:45:00.005+02:002009-07-04T09:49:01.431+02:00RELATO: LA LOCA<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SiQnCVk2MBI/AAAAAAAACnQ/dggm6isVhgI/s1600-h/canibal-3.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5342437979073163282" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 246px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SiQnCVk2MBI/AAAAAAAACnQ/dggm6isVhgI/s320/canibal-3.jpg" border="0" /></a> <span style="font-size:85%;">-¿Cómo estás?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Bien.<br />-Cuánto tiempo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Sí.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¿Quieres subir a mi barco?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-No, que la última vez que me subí me tocaste una teta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Pues, por eso, mujer.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Que no.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Pues entonces vamos a matar unos ñus aquí al lado.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-No, que la última vez que me dijiste que me llevabas a un safari acabaste bebiendo ginebra con tus amigos en mi casa.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¿Y te molestó?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-No mucho, pero uno de ellos me quiso hacer el amor cuando me quedé dormida.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¡En serio!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Sí, mira, nunca te lo había querido decir, pero ahora que sacas el tema, todos vosotros me debéis dinero.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Estás haciendo de esta conversación algo incómodo, me dan ganas de vestirme, pedir la cuenta y marcharme.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-No, eso no, no te vayas, me da mucha vergüenza cenar sola, siempre noto que los camareros susurran sobre mí cuando se dan la vuelta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Eso lo dicen porque saben que yo tengo un barco y les da envidia.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Qué estupidez acabas de decir, ¿cómo van a saber ellos que tienes un barco?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Porque un día les llamé a todos hijos de puta y para que no me siguieran pegando les tuve que enseñar el barco.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¿Y les gustó?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-No a todos, ademas, me gustan más tus tetas.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Está buena esta carne de ñu, ¿eh?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Sí, yo también creo que nos hemos quedado sin conversación.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¡Qué situación más incómoda! ¡Camarero! ¡Sírvame lo que están cenando esa pareja de negros de aquí al lado y tráiganos de paso su conversación, la nuestra se ha quedado fría!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Disculpe señor, pero esos señores no son negros, están de luto.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Me parece muy bien. ¡Pero están de luto y tienen conversación! ¡A quién tengo que matar yo para tener esa conversación!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Cecilio, por Dios, no te pongas dramático.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-No, no, deja, ¡contésteme, a quién tengo que matar para tener su conversación!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Señor, disculpe pero creo que están hablando de usted.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¡De mí! ¡Pero si yo no estoy muerto!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Pues... señor, no sé qué decirle. En su mesa sólo hay un plato y la señora está muerta de la vergüenza.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-6759590386908374307?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-20900449300301805522009-05-25T16:42:00.005+02:002009-07-04T09:47:24.342+02:00EL HORÓSCOPO DE LOS CARACOLES<div align="justify"><a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Shq1S_BrgLI/AAAAAAAACnI/sApH2gI2ZAo/s1600-h/Tortuga-disfraces.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5339779645961896114" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 252px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Shq1S_BrgLI/AAAAAAAACnI/sApH2gI2ZAo/s320/Tortuga-disfraces.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Aries: No hay nadie a tu alredor más inteligente que tú. Quizás sí en el mundo. Pero ellos no son mérito de comparación. Sobrevives a la cotidianeidad con la firme convicción de que, más bien tarde, el mundo te dará la razón. En ello apoyas tus esperanzas. La gente no te conoce en realidad. Te ven reír. Te ven pasar. Pero no se detienen a intentar comprenderte. Tal vez porque no pueden. Tú eres diferente. No porque lo pretendas. Es que eres así. Esa es tu esencia. Cada error, cada paso atrás. No son más que pruebas a superar, escalones que se elevan para obligarte a escalar. Pero tú eres diferente. Tú todo eso ya lo sabes. Lo que no sabe la gente. Que tú eres especial."</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span> </div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Libra: "Eres tan sensible que debes refugiarte en una máscara de indiferencia. Sólo te abres a las personas en las que realmente confías. No dudas en ayudar a cualquiera porque sabes que eso es lo que te hace feliz. Pero odias que te traicionen. Puedes perdonarlo todo menos el engaño. Tu medio es el aire. Eres alguien que vive más en sus sueños que en la realidad. Aunque a veces eso te pase factura. Todo el mundo ve y aprecia esa sensibilidad tuya que te hace tan especial. Aunque tu principal temor es quedarte sola. No encontrar a esa persona que te dé la confianza necesaria para no hacerte daño nunca más."</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Virginia se viste en calcetines por su lado de esa cama de estudiante. Él se sube los pantalones por el otro lado sin hacerle mucho caso. Ella piensa unos minutos, no sabe bien lo que se hace, pero no, no le preguntará dónde está el water. Mejor se va cuanto antes. Mejor será. Volver a ser un caracol.</span><br /></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;"><span style="color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-2090044930030180552?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-27333690040132197332009-05-22T21:27:00.003+02:002009-07-04T09:49:01.431+02:00RELATO A MEDIDA: PIDE EL RELATO QUE TÚ QUIERAS<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Shb-uJGoK6I/AAAAAAAACnA/ILyfsqjbiL8/s1600-h/marcel-marceau.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5338734476965456802" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 248px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Shb-uJGoK6I/AAAAAAAACnA/ILyfsqjbiL8/s320/marcel-marceau.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Tal vez me esté quedando sin imaginación o tal vez no debiera juntarme con malas compañías dándome malas ideas, el caso es que hoy inauguramos una nueva sección en la que vosotros vais a participar de la siguiente y sencilla manera: ¿queréis ver publicada vuestra propia historia inventada o real en este blog escrita por mí? Muy bien.<br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Mándame un comentario o un mail con leves indicaciones que quieres que aparezcan: nombres de algunos personajes (pueden ser reales, a mí me da igual) , pequeña trama (si quieres, puede ser cierta o falsa, a mí me da igual), dilema... y todo lo que quieras... Yo me comprometo a escribirte un relato corto siguiendo tus instrucciones en el menor tiempo posible. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">¿Te atreves?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span> </div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#6633ff;">Texto: ¿Tú?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#6633ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-2733369004013219733?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com0tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-90894401825596193932009-05-18T21:36:00.008+02:002009-07-04T09:49:01.432+02:00RELATO: EL LOBO COJO.<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/ShHD9uvOb6I/AAAAAAAACm4/fw_Zg3baBnU/s1600-h/ornitologo.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5337262498696294306" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 245px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/ShHD9uvOb6I/AAAAAAAACm4/fw_Zg3baBnU/s320/ornitologo.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Ahora que ha pasado tanto tiempo que el olvido se volvió amarillo, puedo hablar, puedo gritar a gritos como un niño castigado en el pasillo que yo no quise llegar a esos extremos de locura, como nadie quiere, como nadie en su sano juicio que ve pasar una procesión de dementes pensó jamás unirse a ellos. Atrapar al último, agarrarse a su espalda encorvada, torcer el gesto, dejar perdida la mirada y huir. Eso hice yo, como un buitre encerrado en un confesionario, al abrir, salir huyendo y gritando. Torpe, creyendo que la razón propia es como un pene adolescente, siempre dispuesto a tus más oscuros pensamientos.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">La historia se remonta a los años en que yo todavía trabajaba. Era útil socialmente y los tenderos de mi barrio me saludaban por el nombre al entregarme la fruta en una bolsa, la carne en un rollo de papel, el pescado de la mañana y poder volver a casa como si todo el mundo supiera dónde vivía yo al cocinar. Llevaba una vida como tú. Amaba lo justo y necesario. Respetaba las costumbres propias y ajenas. Adaptaba mis labores y ocios a los horarios comunes con la social intención de ser uno más, pertenecer a algo, tener mi vida en común con todos vosotros y sentir que pertenecía a una rutina protectora. Pero un día todo eso cambio. Me follé a un gato.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">No puedo dar sentido a mis actos a partir de entonces, no puedo encontrar sentido a ese primer gesto de depravación que me llevó a abrir la puerta de mi confesionario al buitre más pernicioso de todos los que en mi alma guardo, pero así lo hice, así acabé lleno de arañazos, sentado en mi sofá de cuero negro comprendiendo que las buenas costumbres serían a partir de entonces no un traje para mí sino un disfraz. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">En vano intenté curar mi perversión asistiendo a psicólogos, terapeutas, psiquiátras, homeópatas, psicoanalistas o hipnotizadores, pues, como un zorro hambriento en una granja, pese a sus palabras, yo sólo estaba esperando a que la ciudad apagara las luces. Sin actos de contricción, sin mala conciencia que pudiera guiarme al buen camino, mi vida cobró una doble dimensión que entonces sí, por encima de cualquier moral, me hacía sentir más vivo que un caimán escondido en el water de un asilo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Vagbundeando por las calles nocturnas me follé a todas las palomas, a los gatos bajos los coches, a los patos del estanque y hasta al perro lazarillo del vecino (mientras le ayudaba a cruzar la calle). No había freno para mí, ni perro que corriese más que yo con los pantalones bajados y los calzoncillos por los tobillos. Mientras el dueño lo llamaba como si se hubiese perdido o sólo fuera desobediente. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Así avanzaron mis fechorías por aquellos años hasta que la policía se hizo eco de mis actos y comenzó a perseguirme, a tenderme trampas dejándome cabras solitarias bajo las farolas, caballos de montar pastando tranquilamente junto a los contenedores, atractivos pasos de cebra recién pintados y acabé cometiendo el clásico error que todo ladrón comete cuando el delito ya lo ha pervertido completamente y sólo desea ser atrapado para pedir perdón o al menos recibir una condena que lo redima de sus actos. Me follé al osito panda del zoo. Y me gustó. Y volví a volver. Y cada noche era peor. Y no lo podía evitar. Aunque por el día huyera, me marchase de la ciudad. Intentara escapar. A las doce de la noche. Como un soldado de guardia. Allí estaría yo esperando al dulce y tierno y mimoso y entrañanle oso panda.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Un día me fui. Un día me di tanto asco a mí mismo que comprendí que no podía soportar la hipocresía de esa doble vida. Pues, pese a que a la policía le había dejado pistas incuestionables sobre mi paradero y mis próximos golpes en los principales periódicos de la ciudad. Nadie me había atrapado. Quizás porque me perseguían a caballo y ya los animales o incluso los amos algo de recelo ya me tenían que iban deteniendo al paso. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Me marché, quería vivir lo que era, dejar de fingir esa vida de rutina mortecina e instintos criminales que me estaba volviendo loco. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Me fui. Elegí el lugar más recóndito y aislado del mundo para soportar a solas mi condena y allí me dispuse a llegar. Adonde, creía yo. Tan sólo vivía la soledad. Vendí todo. Regalé mis libros. No di explicaciones. Mentí a quien me las pidió. Tomé aviones. Esperé en hoteles de aeropuerto. Solicité permisos. Encontré los barcos adecuados. Viajé semanas enteras. Esperé días interminables. El frío, conforme iba avanzando en mi viaje, me hacía sentir algo así como ascético en mi búsqueda de señales de que era eso lo correcto que debía hacer. Pronto el impermeable se cubrió con un grueso anorak de nieve y pronto otro, nuevos guantes, botas gruesas, la cabeza cubierta de lana y pelos. Había llegado a mi destino. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Aquella mañana, me sentí dichoso por primera vez en mucho tiempo. Me encontraba en el fin del mundo. A miles de kilómetros de cualquier civilización existente. Aislado en un módulo prefabricado del Polo Sur, cubierto por entero de nieve. Sería, para el resto de mis días, un miserable investigador del cambio climático en las grietas de hielo de la Antártida. Pero estaría solo. Completamente solo. Como a veces creo que todavía lo estoy. Creo. Pues si bien los primeros días noté una notabilísima mejoría al descubrir que animal alguno vivía en aquellos hielos que yo pisaba con mis botas gruesas. La pesadilla, como al ladrón la policía, me sorprendió cuando más feliz me sentía, cuando más descuidado, cuando más libre de mis pesadillas que nunca me había encontrado. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Aquella mañana, abrí la puerta de mi módulo prefabricado en la Antártida, salí a la nieve con mis botas gruesas y mi anorak, recorrí el camino hasta la bahía con mis aparatos amarillos de medida, ascendí la leve colina que ocultaba el mar helado de la base antártica y, de golpe, como si la primavera me hubiese estado esparando, me vi rodeado de millones de pingüinos emperador en plena época de celo a mi alrededor...</span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><p align="justify"><span style="font-size:85%;color:#cc0000;">Texto: Álvaro García.</span></p><p align="justify"><span style="font-size:85%;color:#cc0000;">Ilustración: Alberto Montt.</span></p><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-9089440182559619393?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-24526493068514715072009-05-11T21:08:00.004+02:002009-07-04T09:47:24.343+02:00LAS MANOS Y EL PAN<div align="justify"><a href="http://www.dosisdiarias.com/"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5334646223860414530" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 255px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Sgh4efeUOEI/AAAAAAAACmw/ue-T46AgPGU/s320/lenceria-geek.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Edmundo mira sus manos bajo la luz amarillenta de la lámpara. La gris estufa redonda de leña todavía calienta un poco. Es una cocinilla tibia, que huele a humo y ropa secándose en las sillas, en medio de un enero sin nombre.<br />Edmundo sigue mirando sus manos sobre el plato de sopa acabado. No puede quitarse esas manos. No puede quitarse ese pensamiento: se quiere morir.<br />No se oye nada más en la casa, en esa aldea minúscula de casas de adobe sin acabar y carreteras secundarias entre infinitos campos de trigo secos en ese invierno sin nombre.<br />Edmundo se siente solo. Pero solo como si el mundo entero se hubiera ido cerrándole la puerta y dejándole a él encerrado. Nunca más encontrará el amor. No como ella. Cuando compararla sería un menosprecio a su rostro. Y de su cara sólo logra vislumbrar su sonrisa dulce mientras hace bolitas de pan con las migajas que quedaron sobre el mantel de plástico en esa mesa camilla frente a la que está sentado.<br />Y cuando él se atreva a morirse, -piensa Edmundo- entonces ella comprenderá lo mucho que la quiso. Que así jamás la querrá nadie. Que él lo hubiera dado todo por ella. Así entonces, de esa manera brutal, ella le daría la razón, iría triste a su cementerio a darle la razón: -Edmundo, cuánto me arrepiento de haberte dicho eso.<br />Entonces Edmundo decide morir mirando a la sopa. Sin pensarlo más veces pues las lágrimas de ella le ciegan los ojos. Edmundo se desnuda encima de la silla como si la ropa le ardiese.<br />Él la tocó. Las manos de Edmundo la tocaron sin que él pudiera evitarlo. Como enemigos sus dedos. Y él no pudo evitarlo. Sin sentido. Al tenerla al lado. Su sonrisa tierna. Edmundo le levantó la falda para verle las bragas. Y entonces ella le odió para siempre. Y entonces Edmundo, desnudo frente a su plato vacío, comprendió que la había perdido, su verdadero amor, que seguiría solo toda su vida, eternamente solo, para siempre, como siempre, solo.<br />Y se subió desnudo a la mesa camilla, miró la lámpara amarilla y decidió <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/11/el-nico-prncipe.html">morir</a> electrocutado. Levantó las manos para tocar la bombilla y morir...- ¡Pero Edmundo! ¡Demonio de crío! ¡Pero qué haces desnudo encima de la mesa! ¡Anda, baja y deja la lámpara en paz! ¡Qué chiquillo más raro! ¡Así que por eso estabas triste, porque le has levantado en el recreo las faldas a Adelita y ella te ha dado un pescozón! ¡Ay, Demonio de crío, baja de ahí, a saber en lo que estarías pensando!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-2452649306851471507?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-21287058139915935142009-05-05T22:00:00.006+02:002009-07-04T09:49:01.432+02:00RELATO: CUANDO FUIMOS LOS MEJORES<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SgCtfRgaxjI/AAAAAAAACmg/7Um0SbZirWw/s1600-h/codearse.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5332452711593592370" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; HEIGHT: 253px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SgCtfRgaxjI/AAAAAAAACmg/7Um0SbZirWw/s320/codearse.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">De aquello, de todo aquel maravilloso aquello, tuvo la culpa Pepito el Gordo. Eso nadie lo discutimos. La noche en que yo me lo encontré, en un reservado de discoteca, a las cinco de la mañana, un martes de <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/05/el-espritu-de-la-golosina.html">facultad</a>, abrazado de tías tan tremendamente buenas (y no me refiero a esas que van a misa) que no encontré otra conclusión más absurda sino que se había hecho rico vendiendo la zapatería de su padre y se lo estaba gastando todo en <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/09/como-un-nio-recin-venido-de-las-putas.html">putas</a> (también hay que tener en cuenta las cervezas que llevaba yo en el cuerpo y el examen de Épica Medieval que tenía al día siguiente). Pero Pepito me saludó, esos saludos así lentos, que detienen la mano para que la veas y que detrás llevan una sonrisa de complacencia. No se me malinterprete, no es que yo pensara que Pepito el Gordo no pudiera tener acceso a ese tipo de féminas por el simple hecho de pesar lo mismo que ellas (todas juntas), sino porque Pepito siempre había añadido a su exceso de peso una insana antipatía por la ducha y la maquinilla de afeitar que le habían proporcionado toda su vida un celibato forzoso que por todos era conocido.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pero no, Pepito el Gordo no se había ido de pilinguis sino que esas señoritas eran sus fans (y yo con la cerveza mirándole las bragas a una de ella bajo la minifalda mientras la muy <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2009/01/pecado.html">libidinosa</a> le acariciaba los rizos (o pelajos) de la nuca a Pepito. Sí, sus fans. Sí, Pepito se había hecho cantante de algo con nombre raro y ahora resultaba que acababa de dar un concierto y esas eran sus groupies.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Putas? -le susurré yo, inocente desconocedor de la jerga musical.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Que no, que no, Alvarito, que éstas no. Que estas son fans. Tú no sabes lo que follo ahora desde que publiqué el disco y me hice famoso. Y sin pagar, eh, sin pagar, hasta las copas se las pagan ellas y riñen por pagarme a mí.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">(Un montón de tías buenas riñendo por emborracharme y acostarse conmigo... Un montón de tías buenas riñendo por emborracharme y acostarse conmigo... ¡¡¡Joder!!! Eso sí que era un plan y no lo de hacernos pasar por gays en el concierto de Alejandro Sanz).</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Evidentemente, a la tarde siguiente (pues por la mañana fui al examen de Épica Medieval), allí estábamos los tres, en el piso vacío de la abuela del Esteban, el Crespo y yo. Dispuestos a nuestro primer ensayo. El Esteban con una guitarra española de plástico que aún llevaba la pegatina de Curro, el de la Expo de Sevilla y a la que le faltaban dos cuerdas; el <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/el-mago.html">Crespo</a> con un órgano Casio PT-10 de su sobrino que se lo habían regalado por la comunión y yo con el clarinete que jamás devolví a la banda de mi pueblo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Esto es una mierda. Esto ni es una banda de rock ni es nada. Así qué coño vamos a tener... ¿cómo has dicho que se llaman?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Groupies, se llaman groupis.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pues eso, groupis. Que no, que esto es una mierda.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">El Crespo era, en principio, el más reacio. Aunque algo de razón tenía.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Que no. Que no. Centrémonos. Lo primero que tenemos que hacer es encontrar un nombre pegadizo y rompedor para el grupo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Yo tengo uno! </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Esteban, ¿eso es otro porro?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No, que es el de antes que se me ha apagado en el ascensor. Pero que yo tengo un nombre. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Cuál?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿No hay un grupo que se llama "No me pises que llevo chanclas"? Pues nosotros nos podríamos llamar "No me folles que llevo Tampax?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Jaja! </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Qué gilipollez!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Jaja! A que mola.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Jaja! Pásame el porro. Pues a mí me gusta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Que no, par de colgaos. Nos llamaremos... "El hombre elefante".</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Que no, "No me folles que llevo Tampax".</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- "El hombre elfante".</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡"No me folles que llevo Tampax"!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Iros a la mierda! ¿Y qué música vamos a tocar!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Punk! ¡Yo quiero tocar punk! Ten, Esteban, mátalo tú.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pero tú eres imbécil, ¿cómo vamos a tocar punk con un clarinete?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Ah, pues... ahí me has pillao... Esteban, hazte otro que esto tenemos que arreglarlo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Sí, vais a arreglar mucho. Además, ¡deja de tocar la puta guitarreta, Esteban, joder!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">La verdad es que en aquel momento, el mundo se me vino abajo, y no solo por los cuatro porros seguidos que llevábamos sino porque había que ser realista, por mucho que Pepito el Gordo me hubiera prometido que hablaría con un pub de colegas para que diéramos un concierto, ni con toda la droga del mundo íbamos a poder creernos que los tres payasos con un organillo, un clarinete y una guiterra de plástico íbamos a tener como para subirnos a un escenario.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Ya lo tengo! ¡Ya lo tengo! </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Qué tienes, Álvaro? Además, ir acabando que yo me tengo que ir al piso y el 81 pasa el último ahora dentro de un rato.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Si quieres te llevo yo en la bici.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Sí, Esteban, sí. Tú y yo en la bici, con la guitarra y el organillo. De ahí a que se nos follen las groupis sólo va un paso. ¡Y tú, suelta el porro de una vez!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Que no! ¡Que no! ¡Escuchadme! ¡Que lo acabo de ver, que lo acabo de ver! Nosotros no tenemos ni puta idea de música, vale. Pero lo que tenemos que hacer es vestirnos de raros, de esos... disfrazados de esos de "La naranja mecánica", esos que iban de blanco con la cara pintada y que se follan a esa, los de la película esa que vimos.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Que sí, joder, de "La naranja mecánica". ¿Y qué hacemos disfrazados en un escenario, con una guitarra de plástico, un clarinete y un organillo para que nos quieran violar y no apalearnos?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Joder, es que lo estoy viendo! ¡Joder! Nosotros nos disfrazamos, decimos que somos... ¿cómo se dice? ¡Eso! ¡Experimentales! ¡Músicos experimentales! ¡Nos subimos al escenario y empezamos a tocar lo que nos salga de la chorra durante media hora! ¡Joder! ¡Es cojonudo!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Pero qué va a ser cojonudo, <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/el-sexo-de-los-idiotas.html">imbécil</a>! Lo primero es que no tenemos huevos a hacer eso, lo segundo que nadie nos va a dejar hacerlo en su local y lo tercero es que la gente pasará de nosotros a los dos minutos.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Que no, tío, que no lo entiendes! ¡Que es como lo del <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/el-escandaloso-desnudo-de-augusto-rey.html">rey desnudo</a> ese! Si nosotroso conseguimos convencer a todo el mundo de que hacemos una música muy rara y de que somos un grupo superexperimental que vienen de Canadá, te lo juro que nos dejan tocar!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Yo me apunto!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Y yo! ¿Tú qué dices, Crespo?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Yo digo que estáis gilipollas y que mañana, con el pedo que lleváis, no os vais a acordar de nada. Gracias a Dios.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y el Crespo se equivocó.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y tres semanas después, el Esteban y yo forramos las paredes de la facultad de Filosofía, de la de Filología, de la Comunicación Audiovisual y la de Farmacia (que es donde nos imaginábamos que estaban las groupies) de fotocopias amarillas anunciando el próximo concierto del grupo canadiense de música experimental "Unititled Gansters" en la Sala "100 CEROS".</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y llegó el día, y lo que parecía increíble sucedió. Y allí estábamos nosotros. En un camerino que en realidad era un wáter más nerviosos que un trilero en un cuartel, fumándonos los porros a dos manos, pintándonos las caras el uno al otro, escuchando los gritos de la gente a los pies del escenario, fumándonos los porros, subiéndonos las mallas, fumándonos los porros, mordiéndonos las uñas, muertos de miedo, fumándonos los porros, abriendo la puerta de ese wáter cuando el dueño del pub nos tocó a la puerta por sexta vez y subiendo al escenario disfrazados, con un colocón que no nos veíamos, yo que me puse a tocar el clarinete al revés, el Esteban que se emocionó y nada más salir empezó a sacudirle a todo lo que pillaba con la guitarra de plástico que era más dura que una piedra y... de repente, el Crespo que coge el micrófono y empieza a gritar unas cosas inconexas por culpa de los porros, y a tocar el organillo sudando como un poseso y como si de verdad estuviera en éxtasis musical mientras por detrás el Esteban y yo dábamos saltos y le sacudíamos a todo lo que pillábamos con el clarinete y la guitarra de plástico. Incluso el esteban se tiró al público en plancha con la guitarra de plástico en la mano y lo devolvieron y yo me bebía las cervezas que nos tiraban y todo el mundo estaba alucinado con el Crespo que se volvía loco tecleando el organillo blanco de su sobrino y la música subía y todo el mundo nos imitaba y saltaban y gritaban y a mí de una me dio un bajón de los porros y el calor de los focos y me caí redondo que no reaccionaba y al imbécil del Esteban porque el Crespo seguía chillando con el organillo, no se le ocurrió otra cosa que cogerme y tirarme en medio de la gente así como si fuera un saco, y que dice que vio entonces que salían de entre el público las groupies y que entonces él soltó la guitarra y que también se tiró al suelo y que se nos llevaron un montón de tías en un taxi a un piso de estudiantes canadienses y que se nos follaron y les escribíamos cosas en las tetas con pintalabios y que cuando volvimos el Crespo seguía tocando el organillo y toda la gente flipaba y no se podía apenas entrar y nos volvieron a subir al escenario y todo el mundo gritaba...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pero de una el dueño del local apagó la música y las luces.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Que no os lo digo más, que os bajáis o llamo a la policía, imbéciles! ¡Pero no veis que no hay nadie!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y era cierto. Aquello era un desierto. Y se nos cayó el alma al suelo. Y al Esteban hubo que sacarlo a rastras. Y yo me cargué el clarinete. Y la guitarra del Esteban se quedó el autobús nocturno que nos devolvió a casa. Y entonces lo entendimos, bajo las luces de neón, recorriendo la ciudad desierta de madrugada: que nos habíamos convertido en un grupo consumido por la <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/05/el-loctite-nunca-debi-ser-un-juego.html">droga</a>, que ni nosotros mismos nos hablábamos ya, que la separación del grupo era indiscutible, que hasta allí habíamos llegado, que el éxito nos había derrotado porque... eso sí, durante una noche, ¡FUIMOS LOS MEJORES!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="COLOR: rgb(102,0,204);font-size:78%;" >Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="COLOR: rgb(102,0,204);font-size:78%;" >Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-2128705813991593514?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-74282763279951819132009-04-23T00:21:00.006+02:002009-07-04T09:47:24.343+02:00RELATO: Y BEATRIZ SE ESCRIBIÓ EN EL AGUA<div align="justify"><a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SfM0bd6EBgI/AAAAAAAACmY/89lhH79e_W4/s1600-h/misma-piedra.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5328660430598702594" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 249px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SfM0bd6EBgI/AAAAAAAACmY/89lhH79e_W4/s320/misma-piedra.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Para nosotros, los críos, Beatriz siempre fue la sordomuda. Como quien era el maestro o quien el tonto del pueblo. Ella era la sordomuda. Incluso el día en que apareció recién ahogada en la alberca del río. Y que por fin la vimos <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/11/los-zapatos-de-la-sirena.html">desnuda</a>. Y por fin vi un pubis. Y todavía tengo la fotografía como una vieja imagen en mi mente: su cuerpo blanco y morado, cubierto de lentejuelas verdes del agua estancada en la que flotaba dando círculos, como bailando con un vestido de lago negro tejido por las ranas. Y las lentejuelas verdes flotando, dejando dos círculos, delimitando en volcanes blancos sus pechos de adolescente.<br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y hasta la Guardia Civil, también vestida de verde, como una orquesta tocando desde la orilla, rodeándola e intentando acercar el cuerpo muerto con un palo largo. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Los críos no debimos haber visto eso nunca, no ese benemérito rídículo, sino que Dios no debería dejar que se murieran así las sordomudas.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">El crimen de Beatriz la sordomuda dividió al pueblo como una carretera nacional atravesando las casas: los hubo que culparon al hijo sin conocerlo, otros los hubo que señalaron al mismísimo don Cándido; y hasta algunos, como venidos en tren, llegaron a defender, sin ningún tipo de razón, que Beatriz se había suicidado. Sin saber, claro está, que nadie se suicida en <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/un-duelo-verte.html">verano</a>.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Quizás, ahora, para el buen entendimiento de esta historia, alguien deba explicar quién era Beatriz la sordomuda, antes de morir:<br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">La sordomuda siempre fue la criada de don Cándido, el primer médico que hubo en el pueblo, que era viudo y te daba unas hostias así rápidas por menos de nada cuando no te estabas quieto el día que venía al colegio a lo de la vacuna. Y además, don Cándido tenía un hijo, que era mayor que nosotros, al que todos llamaban Tino, aunque en realidad, su mamá, que murió, hubiese elegido, para él, el más egregio de Constantino. Aunque también imagino que tampoco eligió lo de morirse. Pobre mujer. Pero don Cándido vino ya al pueblo viudo, en un larguísimo Seat 1500 blanco del que bajaron un montón de maletas y bultos de la baca y Tino y Beatriz la sordomuda por la misma puerta. Y además se instalaron en la casa de la esquina de la farmacia, que se la habían alquilado a la abuela del Benja con el corral y la cochera y los dos pisos enteros para ellos. Porque ella también era viuda y se había ido a vivir con su hermana.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Enseguida hicimos corro los críos alrededor de aquella mudanza. Pues era el primer médico que teníamos y la primera sordomuda, sin que pueda decir ahora, tantos años después, qué nos impresionaba más entonces mirando por las ventanas recién abiertas para que la enorme casa se airease.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pronto se rumoreó en el pueblo que algo raro tenía que haber con Beatriz, pues la muchacha bien era cierto que no mentía, ni hablaba, aunque no era guapa, pero sí tenía algo especial en la manera de mirarnos, una ternura casi lela que a los críos nos hacía perseguirla por la calle mayor para llevarle las bolsas de la compra. Los críos no hacíamos caso a habladurías, pero pronto hicieron las viejas corro y, a falta de pruebas, decidieron entre ellas que sería más certero pensar que no sería el padre quien dormía con la muda sino el hijo, el Tino, de apenas catorce años. Más acorde con la malicia de imaginarse al señorito seduciendo a la pobre muda analfabeta. Que aunque lo hubiera querido no habría podido decir "no" más que con la cabeza.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Aquel día, cuando la Guardia Civil bajó a don Cándido del Land Rover y sus zapatos blancos pisaron el camino de polvo que bajaba al río en agosto, todos pudimos contemplar cómo el pobre señor temblaba como un mosquito en una teleraña, cómo casi lo tenían que llevar a rastras los dos Guardias cuando todavía no lo llevaban como acusado ni se les pasaba por el tricornio, sino que era en calidad de forense para lo que lo habían requerido insistentemente y él sin salir de su casa. Sin embargo, don Cándido no pudo soportar las miradas, el calor, las manos de los Guardias apretándole los antebrazos y llevándole ante los brazos desnudos de Beatriz, que ya la sacaban como un pez por los sobacos a la orilla despues de acercarla con el palo. Se derrumbó. Giró su cabeza a la oreja a la sombra de uno de los guardias, el que nos había quitado las cañas de pescar el día anterior, y el guardia lo miró sin comprender y lo dejaron sentado en la hierba, a don Cándido, con su traje blanco y su chaqueta sobre los hombros. Llorando como si se le hubiera vuelto a morir la mujer.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Les había explicado un secreto. Lo supimos pronto por don José, por el cura. Que bajó arremangándose la sotana a la orilla de la alberca y eso que era la hora de comer. Que resulta que no era solo una criada, que ahí había algo más. Pero no lo quiso decir, don Cándido. Que don José, el cura, no supo guardar un secreto nunca. Algo había extraño en todo eso. Y la respuesta la tuvo, quizás la primera de ellas, la tuvo el propio don José, que no reveló lo que revelado le había don Cándido, pero que les dijo a los guardias que si querían saber algo, que le preguntaran al crío, a Tino, que estaba en su casa encerrado.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">A la casa del médico entraron sin llamar, porque llamando no les abrió nadie. Tuvo que ser el mismo guardia del palo el que saltase la tapia del patio y se le saliese la camisa y se escurriese y subiese y se resbalase con los zapatos sobre la cal y pudiese desde allí, ver que el hijo del médico estaba en el corral, o en el patio, ahí sentado, como ausente, en una mesa de madera vieja, bajo la sombra de la parra verde, sujetando papeles blancos con piedras rojas. Y echaron la puerta abajo. Bueno, antes, todo el pueblo nos animamos a chillarle al chiquillo que nos abriera, primero los guardias, luego la dueña de la casa, luego su hermana y luego ya todo el pueblo chillando cada uno una tontería distinta a ver is lo convencíamos. Hasta los críos le chillábamos divertidos que saliese a jugar. Y él callado poniendo piedras rojas encima de los papeles blancos para que no se los llevara el aire de ese verano.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Cuando entraron, echando la puerta abajo con el Land Rover atado a una cuerda, Tino amenazó con suicidarse (a los críos no nos dijeron con qué) y salieron los guardias y tuvo que entrar don José, el cura, a convencerle. Y sí, lo convenció tanto que se oyó un tiro y salió don José de las puertas corriendo como si dentro se hubiera escapado un toro, de hecho, todos nos escondimos así en las esquinas.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Entonces trajeron a su padre en el otro Land Rover, don Cándido no parecía un médico, más bien un enfermo de esos que se están muriendo y los vuelven a traer al pueblo para que les dé el sol y se despidan y andan despacio por las aceras y todo el mundo sabe que está tan débil que lo han traído para que se muera. Les dijo a los guardias que le dejaran entrar, que él lo convencería, pero no le dejaron, al contrario, le volvieron a preguntar, y entonces don Cándido sí que confesó. Ahí, en medio de la calle de la farmacia, a las cuatro de la tarde, en verano, con las golondrinas chillando en los cables de la luz, con los gorriones piando por las aceras y los árboles, con los perros cruzando la calle a pleno sol, y don Cándido confesó sentado en la acera: que había sido él, que había sido él, que él le dio algo para que se muriera sabiendo como sabía que Beatriz se bañaba todas las noches desnuda en la alberca, porque era muda y no oía, le daba miedo la gente y prefería bañarse sola, cuando nadie la vería como ella tampoco los podía oír. Le dio algo. Le dio algo para que se muriera. Pero lo que es peor. Que hubo más preguntas y cada vez todo el pueblo nos íbamos acercando más aunque estuvieran al sol y los críos nos colábamos entre las piernas. Que Beatriz era su hija. Que eso no lo sabía nadie. Que su mujer se murió y él se quedó solo. Que se marchó del otro pueblo y vino aquí con el 1500 cuando comprendió que no podía dejar de hacer lo que estaba haciendo. Que don Cándido, el señor mayor del pelo blanco, dormía con su hija en la misma cama. Con Beatriz la sordomuda. Que entonces entendimos todos su mirada. Que no era inocencia lela sino dolor de muda analfabeta lo que miraban sus ojos cuando le decíamos si nos dejaba llevarle las bolsas. Que su propio padre la violaba y ella no podía, imposible, ni siquiera decírselo a nadie. Por eso miraba así. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y cuando le preguntaron el porqué, cuando todos lso mayores se estaban echando las manos a la cabeza y don Cándido ya parecía más un perro de esos que han atropellado en la carretera nacional que un médico que bajase del tren, entonces, como una última canción del baile cuando todos creen que ha terminado, don Cándido les dijo que no, que su hijo, Constantino, no lo sabía, que en realidad, la culpa de que la hubiera matado la tenía su hijo Tino, no hasta ayer...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Entonces se oyó un segundo tiro en el corral y cuando entramos todos como cuando se entra a un corral donde ha habido encerrado un toro, a los niños nos sacaron enseguida. Tino se había pegado un tiro encima de la mesa de madera vieja de debajo de la parra verde.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Por eso fuimos a confesarnos por la tarde todos los niños en grupo, para que don José, el cura, nos contara qué habían visto ahí dentro que todo el pueblo se quedó sobrecogido como cuando alguien se muere y descubren que tenía dinero.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Don José no nos dijo nunca qué fue lo que vieron todos los mayores aquella tarde encima de la mesa de madera vieja; de hecho, no lo supimos hasta mucho tiempo adelante, cuando alguien lo contó como si ya nadie se acordaba.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Don Cándido tenía razón, fue su hijo quien tuvo la culpa de que la matara aquella noche de verano exacta:</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Encima de la mesa había papeles blancos. Papeles blancos sujetos con piedras rojas para que no se los llevara el aire. Entre los papeles, la cabeza rota echando sangre de Tino, que se había pegado un tiro, y en los papeles que iba levantando la gente sin darse cuenta de que se los llevaba, uno a uno, como pájaron, el aire, escrito, ahí estaba la clave, con letra de sordomuda... </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Un papel: BA, BE, BI, BO, BU. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Otro papel: CA, CE, CI, CO, CU.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Otro papel: DA, DE, DI, DO, DU.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Otro papel: ME LLAMO BEATRIZ.</span><br /><span style="font-size:85%;">Otro papel: MI MAMÁ ME MI MIMA.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Otro papel: MI PAPÁ...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y alguien debió comprender aquel verano que la culpa la tuvo el hijo por querer enseñar a leer y escribir a Beatriz.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-7428276327995181913?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-24372882773202665342009-04-22T16:47:00.007+02:002009-07-04T09:50:40.586+02:00PUBLICAR LAS ANA YNADAS<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Se8zEU3hutI/AAAAAAAACmQ/y7zqOKFRlzA/s1600-h/Portada-de-Ana-Ynada.gif"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5327533033616685778" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 247px; CURSOR: hand; HEIGHT: 299px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/Se8zEU3hutI/AAAAAAAACmQ/y7zqOKFRlzA/s320/Portada-de-Ana-Ynada.gif" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Han sido más de diez años desde aquel Premio Literario, aquellos tiempos de universidad en que iba a la FNAC y veía mi primera novela publicada junto a García Márquez y aún tenía el atrevimiento de sacar uno de mis ejemplares y colocarlo encima del resto. Era un autor joven, promesa, me llamó un imbécil, era un niño que nunca entendió lo que le había sucedido, ni cuando lo entrevistaban en la radio, ni cuando veía su nombre en el periódico (un periódico, pero lo vi, de hecho, lo guardo), ni cuando dedicaba ejemplares en las presentaciones. Y me equivoqué en todo. Y me comporté como un crío. Y lo perdí todo sin pedir a nadie explicaciones.</span> </div><div align="justify"> </div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Hoy, gracias a este blog, el mundo me da una segunda oportunidad y mi primer libro vuelve a estar publicado. Quisiera decir que ya no tendré que volver a ser el negro de nadie (y que nadie me pregunte de quién lo fui), que se acabaron los libros por encargo, trabajar para editoriales al peso, escribir hasta libros de texto, que valió la pena todo lo que he aprendido en estos diez años, que el mundo editorial me ha perdonado, que he vuelto y que esta vez es para tiempo. (Y que llevo toda la tarde silbando)</span><br /></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;color:#330033;"><em>¿Que qué tiene dentro este libro? Dibujos y letras, como siempre pensé que deberían ser los libros desde que era pequeño; pero los dibujos son unas acuarelas preciosas de Manuela Navarro Torregrosa y las letras, una historia lenta de cómo Mario siempre quiso querer a Lucía, a pesar de que ella lo amaba.</em></span> </div><br /><span style="font-size:78%;color:#990000;">Álvaro García Hernández.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-2437288277320266534?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com9tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-43164044353499780582009-04-15T21:57:00.006+02:002009-07-04T09:49:01.432+02:00RELATO: PARA QUE DOMINGO DEJARA DE TOCAR EL BOMBARDINO<div align="justify"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5325025413150085442" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 258px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SeZKZmq9EUI/AAAAAAAACl4/OkSquqJHP50/s320/huevos.jpg" border="0" /><span style="font-size:85%;">Beatriz tenía dos manías en esta vida: el silencio y el orden. Nunca en su vida se había dejado nada por el medio. Nunca jamás había consentido en entrar a una discoteca. Aunque no por ello Beatriz fuese feliz, mucho menos hermosa. Beatriz tenía traumas, como todos, temía quedarse sola, amargada, convertida en una anciana maniática en un piso sexto sin ascensor con techos altos pero inútil para el mundo, tan prescindible como cualquiera de esas personas a las que atendía en la oficina de impuestos municipales lo eran para ella. La gente era inútil para ella, por lo mismo, mientras les recogía los impresos y formularios, ella lo sería para ellos. Una anónima cincuentona, de caderas estrechas y unos blanquísimos pechos que la acomplejaron tanto por su tamaño desmesurado en la adolescencia que se acostumbró a los suéters de cuello alto. Esa era ella: la solterona tetona de la ventanilla 11 con su suéter de cuello alto. Hasta que llegó Domingo con su bombardino.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Un bombardino es una especie de trombón pequeño o tuba grande y barroca que, habitualmente, nadie quiere tocar en una orquesta, y menos un niño. Pero Domingo lo tuvo claro desde el principio, él tocaría el violín, para nada el bombardino. Y su padre le pegó una hostia que le cruzó la cara y Domingo aceptó llorando ese regalo de cumpleaños y convertirse, de por vida, para siempre, en Domingo el del bombardino. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Domingo siempre fue un chico tímido de esos que se masturbaban en las duchas del instituto. Ni le gustaba leer, ni le gustaba estudiar, ni le gustaba la música, ni le gustaba salir, ni le gustaban las chicas. Aunque eso era complicado de explicar, y mira que lo tuvo que intentar en el confesionario o en el callejón de detrás del patio cuando le iban a pegar por mariquita. A él sí que le gustaban las chicas, vaya si le gustaban, pero... pero... las chicas estas delgaduchas, estas esqueléticas que tenían pinta de ser solo huesos... esas sí, pero... pero... le daban... como rabia oírlas hablar, aguantarlas, él, si pudiera, las dormiría y... ¡se las follaría a todas! Y el cura lo sacó a hostias del confesionario.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pero era cierto, durante toda su adolescencia, Domingo se dedicó a tocar el bombardino por obligación y a masturbarse en la cama por resignación, pues ninguna chica se fijaba en él, no con ese instrumento, y mucho menos, las dos o tres ocasiones que consiguió ligar o al menos hablar con alguna de esas feas delgaduchas que se aburrrían en los reservados de las discotecas, y mucho menos cuando les contaba su intención de hacerles el amor dormidas.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Por necesidad, Domingo tuvo que perder la <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/09/como-un-nio-recin-venido-de-las-putas.html">virginidad</a> en la mili con una traqueteada prostituta a la que incluso, tras comprobar que desnuda era un saco de huesos sin <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/09/cuando-damin-lo-dej-su-novia.html">bragas</a>, la hizo roncar para creerse todavía más su fantasía. Así pasó su vida, esos fueron sus años de juventud sexual: prostitutas esqueléticas haciéndose las dormidas y algún que otro intento de dormir a feas con pastillas que nunca le dieron resultado no porque pensara que eso estaba mal, sino porque siempre, cuando se estaban durmiendo, aparecía de alguna manera el bombardino en un armario y la fea le pedía que tocara algo y la obligación, el maldito instrumento y la petición siempre las despertaba y se daban cuenta de qué tarde era y se marchaban somnolientas dejando a Domingo en erección perpetua con su instrumento triste en la mano.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Lo cierto es que cuando Beatriz supo que habían vuelto a alquilar el piso vacío de abajo, el quinto de techos altos, el día se le torció y se guardó el collar de perlas en el bolso negro en cuanto subió al autobús urbano. ¿Quién sería? ¿Otra subnormal como aquella que quiso montar una clínica de masajes y al final tuvo que cerrar porque sólo hacían que acudir hombres salidos? ¿U otro imbécil como el vendedor de seguros aquel que siempre quería ser amable con todo el mundo y la invitó a ella veinte veces al cine y al final lo mandó a la mierda y le dio con las puerta en las narices y aun así el muy imbécil se atrevió a subir con bombones y una botella de champán? ¿U otro...? </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">¡¡¡Un músico!!! El lerdo que estaba llenando el rellano de trastos como si estuviera desvalijando la furgoneta de alquiler era un imberbe músico de apenas treinta años que había sembrado toda la escalera de discos de vinilo y revistas porno. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Mientras Domingo recogía azorado los restos de aquellas dos cajas de cartón rotas, miró a la señora de arriba y pensó que tenía unas tetas increíbles para ser una solterona borde como le habían dicho todos en la finca. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿No pensará tocar algún instrumento en el piso?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pues, la verdad, pensar, pensar no pienso mucho, señora, pero lo que es tocar el bombardino me paso el día dándole.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Muy bien, pues le advierto que mañana mismo tendrá usted una denuncia por mi parte y una visita de la policía local para invitarle a marcharse de aquí con sus revistas porno y todos esos trastos que ha tirado allá abajo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Evidentemente, otra persona quizás, cualquier otro que no hubiera perdido la virginidad a los veinte años con una cincuentona roncando, habría obedecido y encontrado maneras de convivir con aquella arpía o al menos de huir de ella a tiempo. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pero Domingo no. Domingo no aguantaba a las mujeres como el que no soporta el chirrido de las uñas en la pizarra. Ni siquiera acabó la mudanza. Se pegó la sofoquina de subir todos sus trastos hasta el quinto de techos altos sin ascensor y como trastos los dejó por cualquier lado. Se sentó en un sillón, sacó el maldito bombardino que le regalara su padre y empezó a tocar tan mal como un sordo en un concierto de borrachos.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Evidentemente, Beatriz no tardó en comprender que la estrategia le había granjeado un enemigo y, con todo dolor de su amargura soltera, aquella noche tuvo que ponerse los tapones para los oídos, los tacones de aguja para pasearse por el pasillo, las pastillas para dormir que se tuvo que tomar un tubo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">La noche fue un infierno desarmónico de escalas, taconazos, gritos, golpes al suelo, soles sostenidos, does mayores, insultos escatológicos, y un descubrimiento sublime al abrir el armario del cuarto de baño: un juego de llaves azul que ponía 6ºA. ¡Ja! El pervertido del anterior inquilino, el vendedor de seguros, tenía un juego de llaves del piso de arriba, seguramente de algún anterior inquilino que sí tuvo en su momento amistad con la solterona y olvidó allí la copia con la marcha. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Domingo se volvió al sillón con cara pensativa y las llaves colgando del dedo pequeño. Retomó el bombardino y, a las doce menos cuarto de la noche, soltó un sol a pleno pulmón que hizo retumbar los tabiques... NADA... ABSOLUTAMENTE NADA... SILENCIO... </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Describir la manera en que el corazón de Domingo latía aquella madrugada cuando metió la llave en la cerradura del 6ºA y el mecanismo fue cediendo al giro de muñeca resultaría demasiado nervioso para alguien que no haya sido músico o pervertido. Explicar lo que sintió el agitado cuerpo de Domingo cuando allanaba aquella casa de solterona y recorría el pasillo y una a una las habitaciones hasta llegar, siguiendo el rastro de los zapatos de tacón rotos, hasta el comedor y descubrir a la solterona maniática dormida vestida en el sillón, como derrotada, como atiborrada a pastillas para dormir, como dócil, como fácil, como irresistible a ese deseo por el cual siempre rezó a Dios, sería demasiado complejo para alguien que no haya sido músico o pervertido.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Lo primero que pensó Domingo fue que aquello sólo podía ser una señal de Dios, lo segundo, que le iban a encantar aquellas tetas enormes con aquel sostén reforzado de abuela. Y sonrió.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Al día siguiente, la solterona maniática de la ventanilla 11, sorprendentemente, saludó a todas al abrir la oficina, incluso sonrió, incluso almorzó por primera vez con todas en la cafetería y se interesó por el hijo de la mujer casada de la ventanilla 3, y por la boda de la chica joven de la ventanilla 7, y contestó con alegría a las tímidas confesiones que le hacían sobre ella, sobre lo que siempre habían comentado de su vida imaginada, de lo que haría, y sintió que había pasado una vida con ellas y que ahora, sólo ahora, podía empezar a considerarlas... tal vez... con tiempo... quizás... amigas. Y Beatriz sonrió y fue la última en salir de la cafetería porque se olvidó el abrigo y todas la esperaron en la puerta mientras volvía a recogerlo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y así, por fin, por mucho tiempo, Domingo logró por fin tocar el bombardino sonriendo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-4316404435349978058?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-91965162405937599422009-04-14T23:39:00.009+02:002009-07-04T09:47:24.345+02:00RELATO: BRAULIO O LA HIJA DEL DENTISTA<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SeUVAufLsaI/AAAAAAAAClo/92IxcCoympI/s1600-h/politica-copia.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5324685236658483618" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 237px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SeUVAufLsaI/AAAAAAAAClo/92IxcCoympI/s320/politica-copia.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Braulio nunca debió decidir. Pensar es lo peor que te puede suceder cuando tienes <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/el-sexo-de-los-idiotas.html">problemas</a>. De la manera que sea, una decisión es una huida. Y él se sentía un cobarde. Peor un delincuente por haber pensado. Por haberse sentado aquella noche en esa banqueta caliente de puticlub de carretera y decidir que dejaba el cuerpo. No el de la puta que le hablaba en bragas a la oreja. Sino el de policía. Para siempre, a sus cuarenta y cuatro años. Y cumplir su sueño. Y eso era, de una extrañísima manera, lo más cobarde que había hecho en su vida.</span><br /></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Su primer caso como detective privado fue una vergüenza: el de la funeraria lo contrató para que descubriera qué puto perro callejero del barrio se había follado a su carísima perrita con pedigrí dejándola inútilmente preñada de mestizos sin precio. Le costó resolverlo, se sentía un novato. Se entrevistó con los principales sospechos, con la chica, llamó a la puerta de los vecinos, sobornó a sus soplones y, tras dos meses de ardua tarea, descubrió que la <em>nena</em> no era tan inocente ni el resto, y el resto habían sido todos, de perros del barrio tan culpables. El dueño quedó destrozado cuando Braulio le plantó las pruebas encima de la mesa de su despacho. Braulio tuvo un momento de duda, pero los dos billetes de 500 en su mano le hicieron cambiar.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Luego vinieron otros casos: el barrendero alérgico que defraudaba al seguro... el marido de la mujer en silla de ruedas que pasaba las mañanas en el bingo... la misteriosa pérdida de la cartera del médico en un coche del desguace...</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Y Braulio fue entendiendo que todos tenemos una vida oculta, un cadáver bajo la cama, que detrás de cada fachada recién pintada y de cada timbre con ding-dong hay horas escondidas, deseos que, cuando brotan, ya jamás desaparecerán, y que nos persiguen, nos despiertan temprano, quitan el sentido a nuestras vidas hasta volvernos locos y obligarnos a hacerlos, como una mala conciencia que nos mantiene despiertos. Y comprendió que todos ocultamos los pecados con torpeza, que hay algo en el estúpido ser humano que le lleva a perder <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/search/label/ANA%20YNADAS">el placer</a> del delito tras cometerlo, pues inmediatamente lo que buscará será confesarlo. Y lo que es peor, descubrió que los límites son solo puertas entreabiertas al alcance de la mano. </span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Y entonces llegó ese maldito caso: el de la hija del dentista.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Ella tenía <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/10/el-vestuario-de-las-chicas.html">quince años</a>. Su padre sospechaba que no iba al instituto, que recibía mensajes al móvil incesantemente, que tenía dinero que ellos no le habían dado, que desparecía por las calles en cuanto se daban la vuelta y que, seguramente, estaría haciendo algo malo. Braulio un día la siguió: la niña subía a una pensión del centro. Y allí pasó toda la mañana.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Braulio subió al día siguiente. Preguntó a la dueña en la portería que si conocía a la chica que acababa de subir. La dueña se intentó desentender acariciando a un asqueroso gato que se paseaba con deleite por el mostrador de la portería. Pero Braulio sabía cómo hacer hablar a la gente. Cogió al gato por los cuartos traseros, le levantó el rabo y amenazó directamente con segarle las pelotas contra el ventilador del techo si no le confesaba dónde se encontraba la hija del dentista. </span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Subiendo aquellas escaleras estrechas, oscuras, malolientes y sucias, con el número de puerta en la cabeza, Braulio pensó que quizás debería haber llevado después de eso al gato a Urgencias, que al fin y al cabo, el pobre animal no tenía culpa alguna de que su dueña fuese sorda. Pero enseguida, viendo la fauna de drigadictos, prostitutas derrotadas, carteristas huidizos y viejos pervertidos que bajaban o pululaban por aquellos pasillos siniestros, comprendió que allí el vicio no tenía fachada y que si no era el más duro, el más duro sería otro.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Tocó a la puerta de la hija del dentista. Y acabó desnudo con ella en aquel cuarto.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Podía ser su hija. Lo pensó cuando bajaba y la vieja de la portería era llevada por los de la ambulancia con un ataque al corazón y el gato muerto en brazos. Aquello estaba mal. Pero... el placer, el morbo, no dejan dormir, empujan, y lo peor no es que empujen a repetir, lo peor es que empujan hacia abajo.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Por la noche, escuchando la voz de la hija del dentista por detrás de los susurros de su padre, le informó al teléfono de que por ahora sólo había descubierto que la niña no iba a clase, que no iba al instituto. Pero que para continuar investigando necesitaría más dinero.</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">A media mañana del día siguiente, Braulio se presentó con un fajo de billetes en el bolsillo delante del sobrino rumano de la vieja de la portería, le dijo que iba a subir al 3ºB y el sobrinito de gimnasio se le puso chulo, a su espalda escuchó cómo lo llamaban hijoputa con un tono que sólo podía ser el de alguien que te quiere ver muerto. Braulio no lo dudó, sacó la <em>pipa</em> y sin mirar descerrajó medio cargador a sus espaldas: cuando la nube de plumas se disipó, comprendió que se acababa de cargar a un loro maleducado y que el sobrinito debería de ser su dueño porque estaba llorando a moco tendido. Pero ese remordimiento le duró poco, pues su vicio le hacía subir las escaleras como obsesionado por cruzarse con más depravados, mentirosos, desesperados que le pudieran mostrar degradaciones todavía peores que la suya, cuerpos débiles sometidos a la dictadura del placer inmediato sin importar las consecuencias: adúlteros, jugadores, borrachos, vendedores de seguros, instaladores del gas...</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Y volvió a llamar a aquella puerta del 3ºB, y le volvió a abrir la hija adolescente del dentista apenas vestida con una batita medio abrochada. Y volvió a acabar desnudo. Pero quiso llegar a más y esta vez le preguntó, quiso saber cómo toleraba ella la mentira, cómo podía dormir sabiendo que sus actos serán, tarde o temprano, descubiertos por todos y que todos se echarán las manos a la cabeza y pensarán en lo que hicieron mal, y pensarán, en cómo sobrevivir, en cómo lograr olvidarlo, en llevarla lejos, en que nadie lo sepa, en que eso está mal, muy mal, y precisamente por eso provoca esos latidos del corazón. Como si el resto del día estuvieses muerto. Y ella le habló. Y Braulio comprendió que tarde temprano, aquella tarde que salió de aquel cuarto, querría llegar a más, querría hacerle algo a la hija del dentista que no le hubiera hecho nadie...</span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Aquel día, semanas después, el dentista recibió un sobre grueso por mensajero en su consulta, dentro estaban todas las pruebas que no hubiera querido ver nunca: la calle, la niña entrando, el tugurio, el loro muerto, el gato muerto, la vieja muerta, el sobrino llorando... Y todo por culpa de su hija, de su querida niñita en fotos subiendo a aquel cuarto. Y aunque el dentista no lo comprendió del todo. Cerró la consulta destrozado. Era un presentimiento de padre. Llegó a su casa. Su hija estaba en su cuarto escuchando música y haciendo los deberes. Justo cuando le iba a tocar en el hombro y la iba a sacar del ruido de los cascos en sus orejas, sonó el timbre abajo, ¿qué más desgracias podían suceder? ¿Qué había hecho él de malo para que...? ¿No le había dado todo lo que...? ¿Qué decirle? ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Abrazarla como la habrían abraz...? En la puerta el mismo mensajero y esta vez un paquete del tamaño de una puerta. </span></div><div align="justify"><br /><span style="font-size:85%;">Cuando el dentista lo abrió en la cocina delante de su mujer dándole la cena a los gemelos y su suegra, insistiendo en que fuera lo que fuera ellas lo querían ver, todos se quedaron callados: el dentista les estaba enseñando un enorme cuadro al óleo de Braulio en pelotas mientras él leía por detrás "La niña pinta a escondidas."</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-9196516240593759942?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-30720110737531778142009-02-11T11:03:00.003+01:002009-07-04T09:47:24.346+02:00ESCRIBIENDO CON UN DEDO<div align="justify"><span style="font-size:85%;">Ahota que duermo con un señor pequeño, ahota que por fin escribo con un dedo, ahota que empiezo a ordenar mi tiempo, ahota os doy las gracias a todos por los ánimos, ahota todo está bien, mejor que bien, ¿por qué? Porque por fin escribo con un dedo, porque en el otro brazo sostengo a Tomás que se está durmiendo.</span><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SZKiuXkA2tI/AAAAAAAAClY/LUo7lxoCXyc/s1600-h/Tom%C3%A1s+naranjapeq.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5301478628851243730" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 267px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SZKiuXkA2tI/AAAAAAAAClY/LUo7lxoCXyc/s400/Tom%C3%A1s+naranjapeq.JPG" border="0" /></a><br /><br /></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-3072011073753177814?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com10tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-41996624179023971762009-01-18T08:49:00.003+01:002009-07-04T09:47:24.346+02:00TOMÁS, SÉ FUERTE<a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SXLkMRv6UPI/AAAAAAAACks/4MQjkyddwKQ/s1600-h/tom%C3%A1s2.JPG"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5292543411687674098" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; CURSOR: hand; HEIGHT: 267px; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SXLkMRv6UPI/AAAAAAAACks/4MQjkyddwKQ/s400/tom%C3%A1s2.JPG" border="0" /></a><br /><div align="justify">Tomás está bien, todavía no puedo tocarlo, me dejan verlo una hora al día dentro de una incubadora, sólo lo miro y le repito "Tomás, sé fuerte..." Sólo eso. Está rodeado de tubitos y apenas abre los ojos. Busco en él señales que indiquen que se aferra a la vida, indicios de su voluntad de vivir. Me emociono. Sólo eso. Pero me hace inmensamente feliz. </div><br /><div align="justify">"Tomás, sé fuerte..."</div><br /><div><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Álvaro García Hernández.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-4199662417902397176?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com7tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-41730884754050206392009-01-07T19:04:00.008+01:002009-07-04T09:47:24.347+02:00RELATO: PECADO ORIGINAL<div align="justify"><a href="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SWT4XQbZ2HI/AAAAAAAACkk/WAaqBEoJvvA/s1600-h/xbox.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5288624940870391922" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SWT4XQbZ2HI/AAAAAAAACkk/WAaqBEoJvvA/s320/xbox.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Laura llega tarde. Tan de noche que las calles sólo las recorren los camiones de la basura, como carroñeros nocturnos deslizándose ruidosos mientras ella aparca el coche y sale por la otra puerta, ya que la suya se le abrieron y aún no lo ha llevado al taller.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Una vez dentro del portal, Laura ya se siente más protegida del frío y del miedo, tantas historias de mujeres violadas se oyen en los programas de por la mañana, se leen en los periódicos, en los telediarios, de criminales que se esconden en los portales y violan a mujeres solas como ella. Pensando eso, Laura ha oído un ruido en el rincón oscuro de la portería. Un escalofrío le recorre la espalda. Ni cierra el buzón, no acierta, coge las cartas, el ascensor ya está allí, se cuela rozando el abrigo con la puerta, aprieta el botón deprisa, casi sin mirar. El ascesor por fin se cierra y ella, con las cartas en la mano. Piensa en lo que haría mientras el ascensor sube, imagina el dolor frío de que un criminal sucio y desconocido la asaltara, le rasgara la ropa, la tirara a suelo, la tocara, la... El ascensor ha tardado nada con esos pensamientos. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">De pronto se da cuenta: ¡las llaves! Se las ha dejado en el buzón, ahí abajo, en el portal, colgando el llavero estará. Pero no. Laura no va a bajar. Tampoco llamará a la puerta. Manolo va esta semana de turno doble y, lo primero es que tendría que hundir la puerta para que él se despertara y, lo segundo es que no quiere hacerle eso, aunque... piensa... él sí que se lo haría a ella. Manolo sí que la despertaría. Pero ella no, ella cogerá la llave que hay escondida en la puerta del ascensor. Manolo sí. Manolo ha engordado últimamente, no es que haya cambiado, sigue siendo el mismo, pero peor. Siempre está cansado. Laura nota la llave en sus dedos pero le cuesta levantarla y sacarla del agujerito. Manolo, al principio, era el hombre más ordenado del mundo. Siempre que compraba algo, lo metía en su armario de herramientas de la galería y lo guardaba con etiquetas y todo. Siempre sabía dónde tenía el pegamento para papel, el desatascador de lavabos, los tornillitos estos redondos de los cuadros, los filtros para la aspiradora. Él lo guardaba todo, las garantías de los electrodomésticos, los recibos del Carrefour, las cartas del banco las ordenaba en una carpeta. Ahora también lo hacía, pero ya no se la follaba como antes. La llave se le escapa de los dedos al darse cuenta lo soez que le ha salido ese pensamiento. Pero es cierto, y vuelve a intentar levantar la llave del agujero de la puerta del ascensor con el dedo. Y se da cuenta de que esos detalles que le dan la vida, poco a poco, han ido desapareciendo y se la van quitando. El que ya no recoja la mesa y siempre haga así como una broma sin gracia para sentarse en el sofá y muchas veces se tira un pedo. O lo de lavarse. Antes se lavaba todas las noches antes de acostarse. Ahora, incluso se acuesta vestido si se duerme en el sofá, que son la mayoría de noches. Y no recoge, no la ayuda en casa, siempre está cansado. Hasta para follar. Laura se vuelve a sorprender, pero ahora no se le escapa la llave. La aprieta con los dedos y por fin la saca y puede entrar a casa. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Laura no enciende las luces. Se compraron el piso hace cinco años. Obra nueva. Una finca de protección oficial. Tuvieron suerte. Con sus sueldos y el precio de los pisos. Tuvieron mucha suerte. Manolo duerme, aunque esta noche hay suerte, no ronca. Hace frío. Laura se desnuda de prisa. No puede dormir con pijama, todos le dan alergia. Por eso a veces piensa que se casó tan... así. Por no seguir pasando frío en la cama. Se quita el sujetador, y lo deja caer al suelo, mañana lo recogerá todo. Se mete a la cama con cuidado y los pies helados. No quiere despertar a Manolo pero sí se arriesga a pegarse a su cuerpo calentito de pijama. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Uy, malo, Manolo se ha despertado. Manolo se da la vuelta, la besa con sueño y los ojos cerrados. Laura se sorprende. De hecho, Laura pasó la siguiente hora de su vida mas sorprendente de gusto que hubiera podido imaginar. Lo que hizo aquella noche debajo de un edredón tuvo dedos que no había esperado encontrar ahí ni en sueños, tuvo movimientos, tuvo un aliento, tuvo una voz, tuvo un cuerpo que enseguida Laura descubrió que no era el cotidiano, que ese no era su marido, que se debía haber confundido de piso, pero que ese polvazo la estaba volviendo loca, que se la estaba follando el vecino de abajo y que no había estado tan excitada en su vida, que los<a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/los-orgasmos-perdidos.html"> orgasmos</a> le recorrían el cuerpo sólo del morbo de pensar que en cualquier momento él se daría cuenta, encendería la luz la varía a ella atravesada encima de él... y... no podía... no podía... parar... aquello era...era... explosivo... era... ¡ERA!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Serían las doce de la mañana cuando Laura se despertó, Manolo estaba haciendo café en la cocina, ya estaba duchado y vestido, lo cual quería decir que el cuarto de baño estaría hecho un desastre. Cuando Laura asoma por la cocina, Manolo le dice que ha subido la chica del primero, que te dejaste las llaves en el buzón, que cómo entraste, que con la del ascensor, ah, la pudiste sacar, sí, y Laura sonríe, ¿por qué sonríes?, porque soy muy feliz, Manolo, porque te quiero mucho, y yo, Laura, no, eso no lo tires, que lo ordenaré yo, me bajo a la calle, ¿quieres algo del Mercadona? No, bueno, sí, crema hidratante y depilatoria, ah, y hazme una copia de esta llave, ¿de la del ascensor, para qué? Laura sonríe. No sé, por si acaso. Por tener dos.</span></div><br /><br /><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span><br /><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Álberto Montt.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-4173088475405020639?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com5tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-80915372154206633352009-01-03T20:13:00.006+01:002009-07-04T09:47:24.347+02:00RELATO: EL HUECO DE OLVIDO DE ALFREDO COLAIANNI<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SV_HSaFFZKI/AAAAAAAACkc/Pf9gVc1mktc/s1600-h/alarma.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5287163606608471202" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 269px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SV_HSaFFZKI/AAAAAAAACkc/Pf9gVc1mktc/s320/alarma.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">La historia crea mitos, el presente, héroes, cuyos coetáneos, por suerte para los que leen libros de historia, suelen ser de memoria breve, de lágrima fácil, de elogios de barro que en muchas ocasiones suelen convertirse en olvidos de lodo, ya que gracias a ellos dichos volúmenes no engordan tanto. Y lo que ha hecho la memoria con Alfredo Colaianni es algo tan grave como olvidarlo. De hecho, lo ha olvidado por completo. Y como dijo Tito Livio, todo hombre mereció la muerte en algún momento de su vida, pero... <em>pero algo así como que no merecería el olvido...</em><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Alfredo Colaianni fue el más grande mentiroso y piloto de Alfa Romeo que jamás ha existido. Ganó la mayoría de carreras que corrió ya fuera con los primeros Alfa Romeo como luego, cuando surgió la rivalidad con los Auto Unión, corriendo con los míticos Alfca 6C de 365 CV.; entre sus más grandes gestas, destacó aquella carrera en la que Colaianni pulverizó todos los récords del circuito viejo de Turín (luego utilizado como aeródromo durante la II Guerra Mundial), dejando a sus rivales distanciados casi increíblemente por una mítica vuelta completa para luego estrellarse contra uno de los laterales del trazado y confesar más tarde que había corrido sin frenos la mayor parte de la competición. </span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y ese fue su gran defecto, sus logros, su manera de conducir, su arrogancia, su talento, sus temeridades eran tan sumamente espectaculares que no le servían en el mundo más que para sembrar incrédulos en los periódicos, en los aparatos de radio, en los tertulianos de cualquier casino. Pero eso fue cierto, Colaianni hizo todo eso. Colaianni conocía tan al detalle el circuito viejo de Turín que un día el Archiduque de Austria le apostó una memez y Colaianni la convirtió en una proeza asegurándole que le ganaría conduciendo con los ojos vendados. Y que a cambio, ningún austriaco volvería a llevar al cinto la espada en el lado izquierdo. El archiduque mintió, Colaianni ganó esa carrera y el archiduque no cumplió su palabra; no sólo eso. Le hizo el peor favor, le otorgó el más funesto premio. Le invitó a champán. Hasta entonces no era esa una costumbre asociada a las victorias en automovilismo, de hecho, se inició allí, en aquella maldita mañana de niebla y Colaianni no volvió a ser el mismo. </span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Los periódicos, los programas deportivos que retransmitían sus hazañas al volante, sus antiguos seguidores, todos le dieron la espalda, lo criticaron sin escrúpulos cuando Colaianni pasó de ganar carreras en el viejo circuito de Turín a ser detenido por la policía tras haber estrellado su Alfa Romeo 6C contra las columnas del Foro de Pescadores, o por atravesar con otro de ellos los Jardines de la Villa Borghese, o por atropellar una noche fatídica a una ancianita que intentaba cruzar la Plaza de la República y Colaianni, ebrio completamente a los mandos de su velocísimo Alfa Romeo & C de 365 CV. la hizo saltar por los aires hasta una distancia de unos trescientos metros aproximadamente, no contento con ello, el gran Colaianni, completamente ebrio siguió conduciendo en línea recta hasta pasar por encima accidentalmente el cuerpo todavía consciente de la pobre ancianita, bache que sí despertó al meticuloso piloto de su embriaguez y le hizo dar marcha atrás para comprobar qué era lo que había chafado hasta llegar a su altura y descubrir, bajándose del coche, que lo que agonizaba de nuevo bajo sus ruedas era una dulce ancianita respirando todavía.</span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Colaianni cayó en desgracia a partir de aquella noche. Atrás quedaron sus gestas. Nunca más volvió a decirse nada bueno de aquel magnífico piloto, ni siquiera de aquel miserable hombre. La escudería Alfa Romeo retiró sus premios y su nombre de la sala de trofeos, los periódicos firmaron un declarado pacto de silencio en torno a su persona y las radios se olvidaron de pronunciar su nombre. Nada más se supo de Colaianni, el mejor piloto de coches de todos los tiempos.</span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Sin embargo, hace unas semanas el mundo ha girado al revés, pues a raíz de unas detenciones en Umbria y Toscana, se ha descubierto una de las redes más antiguas de ladrones de arte de toda italia, de hecho, lo que más ha ocupado los titulares de prensa no ha sido la fantástica lista de valiosísimos objetos que han sido recuperados, lista que recorre la mayoría de grandes fortunas de Europa, América y Asia, engañados por esta red de ladrones y traficantes de arte, sino el hecho de que la "mama" originaria de dicha red se llamase Angela Di Serio; nombre que no sonó a nadie pero sí a un viejo periodista de la sección de deportes del Corriere de la Sera que recordó haberlo escrito hacía más de cincuenta años. Y, efectivamente, Angela Di Serio había sido la pobre ancianita que Colaianni atropellara una fatídica noche allá por la década de los 40 del siglo pasado. Y la muy pícara, ahora se ha sabido, cruzaba por Plaza de la República a aquellas horas y por el sitio más oscuro puesto que llevaba en sus brazos una pesada escultura clásica recién desenterrada y robada por ella misma del cercano Foro Romano... ¡Por eso Colaianni no la vio! ¡Porque ella se estaba escondiendo! ¡Él no tuvo la culpa! Seguramente, aunque hubiera ido sereno no la habría podido esquivar ya que ella cruzó por el lugar más oculto de toda la plaza, escondiéndose para salir del Foro sin ser vista y llegar con su robo hasta donde la esperaban el resto de ladrones. Una ladrona...</span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:85%;">De manera casi automática, los coetáneos son así, el nombre de Colaianni ha vuelto a reaparecer en todos los periódicos (pese a que murió hace diez años en el más miserable olvido), de hecho, la casa Alfa Romeo ha repuesto su nombre y trofeos en las vitrinas y espera sacar una edición deportiva especial de todos sus coches bajo las siglas A.C. como símbolo de competición, de hecho, la historia ha vuelto a acordarse de este grandísimo mentiroso sin que él haya hecho nada por merecer el recuerdo, tan sólo, que alguien peor mereció su lugar en el olvido.</span> </div><br /><br /><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Texto: Álvaro García.</span><br /><span style="font-size:78%;color:#3333ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-8091537215420663335?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-39871807193373050702008-12-30T00:57:00.003+01:002009-07-04T09:47:24.347+02:00RELATO: LAS LOMBRICES NO SE CURAN LEYENDO<div align="justify"><a href="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SVlkTLIrZlI/AAAAAAAACkU/TVPFcJ7XYIs/s1600-h/codearse.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5285365918265468498" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 253px" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SVlkTLIrZlI/AAAAAAAACkU/TVPFcJ7XYIs/s320/codearse.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Decía Cesare Pavese que desperdiciamos la vida porque es de lo que más tenemos. Hoy, he conocido al hombre más tonto del mundo; sin ofender, pues le he concedido ese título después de encontrarlo encerrado en mi piso sin saber salir ni lograr utilizar el teléfono para que yo lo rescatara. Respecto a mi ausencia, he estado enfermo, hoy me han dado los resultados de los análisis, por fin puedo respirar tranquilo: no tengo lombrices.<br />Y todo ello se resume en una conclusión de tonto: la filosofía no sirve para nada. Por muy estúpido o inteligente que te haya tocado en suerte ser, tu ánimo no va a depender de lo que sepas o entiendas. El cerebro, por no decir el alma, está pegadito al cuerpo y, como él, siente lo que le da la gana. Si un día quieres estar triste, lo estarás por mucho que leas a Fromm, o incluso por su culpa y, del mismo modo, si un día te emborracha el aire de la tarde, no te cambiará el carácter si te encierras a leer los aforismos de Schopenhauer. La filosofía no es una medicina, es un mero entretenimiento para los que quieren cansarse el cerebro.<br />Lo mismo es la literatura para los sueños. Aunque no entiendo bien esta frase porque lo que a mí me importa es explicar que no escribo porque pertenezco a esa especie a la que la Navidad deprime, de hecho, me pasé media vida intentando luchar contra ello: bien a base de cogoras, bien a base de andarme cuerpos, bien a base de regalos o bien a base de irme lejos. Hoy, quizás es que me he ido haciendo mayor (que no grande), decido que si me deprime pues que me deprima, que sobreviviré a ello como tantos años lo he hecho, pero que quizás el hombre más tonto del mundo, el que se quedó encerrado esta tarde en mi piso, no lo haya comprendido, que no se puede luchar contra lo que se siente, que no se curan las lombrices leyendo.<br /><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.<br />Ilustración: Alberto Montt.</span> </span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-3987180719337305070?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com2tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-12973179173837045392008-12-09T21:11:00.005+01:002009-07-04T09:47:24.348+02:00RELATO: MI PEQUEÑO TÁNTALO<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/ST7ZbbiM2aI/AAAAAAAABzI/4ABGJcBlY-M/s1600-h/flechazo.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5277894878595701154" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 254px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/ST7ZbbiM2aI/AAAAAAAABzI/4ABGJcBlY-M/s320/flechazo.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Es una noche de otoño cálida, un viento suave de poniente ha abierto las ventanas del piso hasta esas horas de la madrugada, Mario sigue escuchando Radio Nacional y sus noticias sobre oriente medio mientras Lucía va a su cuarto, a su piso, a ponerse una chaquetilla de punto, cuando vuelve, Mario sigue sentado en el suelo del balcón mirando al hueco que ha dejado su cuerpo en ese balcón pequeño que les ha dado por compartir jugando a las cartas. Unas cartas muy especiales, antiguas o viejas, de cuando Mario era pequeño, que son de niño porque tienen familias de esquimales, de argentinos, de negritos que hay que completar cambiando con el contrario.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Mario, ¿tú sabes que yo sé que me espías cuando me desnudo?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Sí. Me quito abuelito zulú.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Y... ¿no preferirías que yo no lo supiera, quiero decir, cuándo te diste cuenta de que yo me daba cuenta? Te cojo abuelito zulú y te lo cambio por niña esquimal.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No lo sé. Creo que una vez que ibas desnuda por la casa, se te cayó la taza del café y te pusiste a limpiar el suelo desnuda. Fue horrible. Robo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Horrible? ¿Verme desnuda fue horrible? Me quito mamá argentina.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No sé, horrible no, pero quiero decir que me gusta verte desnuda cuando te cambias de ropa, me gusta sobre todo cuando tienes prisa y te mueves y parece que el mundo a tu alrededor no exista. Pero hay otras veces que haces cosas cotidianas que preferiría que fueras vestida.-Te cojo mamá argentina y dejo papá mongol.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Cosas cotidianas? ¿Qué cosas?-Te cojo papá mongol</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pues... no sé. Por ejemplo, ¿te acuerdas este verano que decidiste pintar tu habitación y te desnudaste y te llenaste toda la piel de pintura? Pues eso estuvo bien, era genial verte ajena a mí, distraída, completamente absorta en lo que hacías sin importarte que yo te estuviera mirando. Pero también es verdad que había posturas que no... que no deberías estar desnuda. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Robo y tiro mamá zulú.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No sé, me has dejado sorprendida... Pero... da igual eso. ¿Dime dónde te gustaría más verme desnuda?Te cojo mamá zulú y dejo niño argentino.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Cómo dónde? No quiero niño agentino. Robo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Sí. No sé, en el supermercado... en el autobús... no sé, el pervertido eres tú, yo sólo soy puta. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pues... ahora.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Ahora? ¿Que quieres que me desnude ahora? Tira carta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No, bueno, sí. Pero que yo sólo me doy cuenta de que te quiero ver desnuda cuando te veo. Si no te veo, lo que quiero es verte, no desnuda. Lo de desnudarte viene luego. Primero necesito verte. Dejo papá mongol.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pero... tú mientras me ves... ¿te haces algo? No quiero papá mongol, robo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No. No siempre. A veces. Sobre todo si haces algo nuevo. Tira carta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Cómo algo nuevo? Dejo abuelita esquimal.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No sé, cuando me acostumbro a verte desnuda cambiándote de ropa o algo así, cuando es algo que sé que haces todos los días, pierde un poco de emoción; sin embargo, cuando, por ejemplo, el otro día, cuando te pusiste a sacar trastos de debajo de la cama y salías tú desnuda estirandoropa y con las tetas pegadas al suelo, eso fue nuevo, eso sí que hizo que... Te cojo abuelita esquimal y dejo niña zulú.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Entonces, ¿te aburres de espiarme desnuda? No quiero niña zulú, robo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No... No, me pasaría el día espiándote cuando te desnudas, de hecho, lo hago; es sólo que a veces me acostumbro y todo pierde emoción. Tira carta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Y una cosa, Mario. Si yo ahora mismo te dijera: -Ten, las llaves de mi casa, entra cuando quieras y espíame que yo haré como si no estás. No quiero carta, sólo me falta una, roba tú.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No sé, es muy retorcido, quieres decir como si yo fuera invisible... ¿Pero sin tocarte? Robo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pero sin tocarme.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Vale.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Vale. Ten las llaves. Me voy a dormir. Gano yo. Familia de esquimales.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"> </div></span><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-1297317917383704539?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com3tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-77670333571106763642008-12-02T19:36:00.005+01:002009-07-04T09:47:24.349+02:00RELATO: MAURICIO QUIERE SOLEDAD<div align="justify"><a href="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/STWOzbBXQNI/AAAAAAAABzA/8TW1Ux1FFIw/s1600-h/Moises-.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5275279552612352210" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/STWOzbBXQNI/AAAAAAAABzA/8TW1Ux1FFIw/s320/Moises-.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Ascensión, por aquellos años, era la soltera más guapa del <a href="http://alvarogarciahernandez.blogspot.com/2008/08/el-mago.html">pueblo</a>. Sin cuestionamientos, pues los mozos se la rifaban para salir a bailar en la verbena y ella siempre les decía a todos que no. En la intimidad, Ascensión era una mujer igual de dura y estrecha que andando por la calle, pero la volvía loca que le besaran los pechos como si fueran melones de verano. Aunque eso sólo lo sabía Mauricio.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Inmaculada, allá entonces, era todavía una joven viuda con el culo más bien plantado de toda la comarca. Sin dudas, pues cuando lloró la muerte de su marido y se cayó de rodillas a los pies del ataúd pidiendo que la enterraran con él. Ninguno de los que allí la querían consolar podían apartar la vista de ese trasero de vicio. En la intimidad, Inmaculada era una mujer desconsolada y lejana, pero la enloquecía que le azotaran el trasero hasta dejárselo colorado como un tomate. Aunque eso sólo lo sabía Mauricio.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Angelines, en aquella época, sabía pasearse todavía por los puestos del mercado con la confianza que le daba la certeza de saber que nadie tenía unos pechos tan grandes como los suyos. Incomparables, pues de niña en la fuente los mozos le gastaron la broma de sacarle uno todos a la fuerza y tocárselo como un racimo de uvas robado. En la intimidad, Angelines era una mujer dominante y recelosa, pero se desmadejaba cuando le hurgaban con acierto ciertos dedos por el cuerpo desnudo. Aunque eso sólo lo sabía Mauricio.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Margarita, en sus años mozos, era una muñequita de piel dura y enormes ojos castaños que enamoraba con sus carnes adolescentes y su sonrisa blanca a jóvenes y padres por igual hasta el extremo de provocar que su madre no la dejara salir a la calle sola ni siquiera a cruzar la puerta por miedo a que se la desgraciaran. En la intimidad, Margarita, era todavía una niña inocente que se entretenía con sus cuentas y sus labores de costura junto a sus tías, pero era una imperiosa necesidad taparle boca cuando alcanzaba el placer del coito porque sus gritos de entusiasmo podían oírse a varias casas de distancia. Aunque eso sólo lo sabía Mauricio.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Mauricio, una noche de baile de sábado en el local de la cooperativa de agricultores, no apareció ni dio señales de vida. Mauricio era el hijo de Paco el Tieso y toda su vida, desde que su padre se murió ahogado en la balsa de riego, se había dedicado y se dedicaba a regar las huertas por las noches. El oficio, aunque a los de fuera les pareciese raro, no tenía mucho de especial sino la lógica del sueño y el agua; pues la comunidad de regantes distribuía los turnos de riego por riguroso orden sin tener en cuenta que las horas que les tocase agua a cada uno fueran horas de día u horas de noche. Mauricio, a cambio de precio, pasaba la noche en vela por el que fuera regándole la huerta en su turno de riego, aunque no fuese suya la huerta, pero, digámoslo así, vendía sueño el Mauricio. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Mauricio también se follaba a todas las mujeres que se lo pedían, lo había hecho desde bien chico, cuando en la fuente los otros mozos y alguna que otra despistada le descubrieron un apéndice genital o lo que vulgarmente se dice, una chorra de tamaño descomunal y al mismo tiempo incansable. Lo cual también podría haber sido causa de su ausencia de sueño, pero más bien eso fuera una consecuencia de pasarse las noches regando huertas ajenas...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">El caso es que Mauricio no sólo desapareció esa noche de baile sino que dejó de abrir la puerta a nadie, dando motivo y dando que hablar a que se la tocaran más, como es lógico, pues tanto hombres como mujeres en el pueblo se habían acostumbrado a sus servicios nocturnos y no era esa manera apropiada ni clara de dejar de dárselos así por gusto. De modo que se produjo algo curioso, pues si bien los hombres pronto empezaron a revelar sin tapujos frente a los tapetes verdes del dominó que allí quien más y quien menos lo había llamado alguna vez para no pasar sueño; peor fue descubrir poco a poco que las mujeres hablaban lo mismo que ellos en la puerta del horno y de la iglesia. Que no era lógico, que lo de la Angelines ya lo sabíamos todos, pero no lo de la niña, y mucho menos lo tuyo y de lo mío yo creía que estabais enteradas todas, pues como lo de la Inmaculada, esa también, buh, y de años, pero qué es lo que tendrá ese hombre, anda ésta, que viene ahora haciéndose la tonta, si te crees que no lo sabemos todas, aquí desde la más lista a la más tonta todas... ya me entendéis, es que es un prodigio, es que es insaciable, es que es enorme, es que es... ¡es que es intolerable! Ahora mismo iremos todas a su casa y aunque haga falta le echaremos la puerta abajo, pero ese hombre nos tiene que dar una satisfacción. ¿Te refieres a...? No, chica, me refiero a que nos explique qué es lo que está haciendo que lo prefiera a... ¿A eso? ¡Sí, a eso!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Cuando todo el pueblo subió en procesión de insatisfacción hacia la casa de Mauricio, cuando todo el pueblo llegó y se reunió a la puerta de Mauricio como acreedores de sueño perdido, cuando la primera y el último se animaron a tocar y aporrear la puerta de madera como amantes sin regar, cuando por fin Mauricio abrió la puerta de su casa en mangas de camisa, en su mano izquierda y marcando con el dedo índice el lugar de la detención, le pudieron ver que sostenía un ejemplar viejo y sin usar de "La República" de Platón.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;"><br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-7767033357110676364?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com6tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-25929980160781612082008-11-28T20:50:00.006+01:002009-07-04T09:47:24.349+02:00RELATO: EL ÚNICO PRÍNCIPE<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/STBc27i45pI/AAAAAAAABy4/O4lxL6FmMSI/s1600-h/caballero.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5273817262417569426" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 250px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/STBc27i45pI/AAAAAAAABy4/O4lxL6FmMSI/s320/caballero.jpg" border="0" /></a><span style="font-size:85%;">Y un día, el príncipe esperado llegó a las puertas del castillo embrujado.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Porque todo allí había permanecido encantado durante tantos años que la memoria se acabó olvidando de aquel reino embrujado. De todo: del rey dormido en su trono, de sus guardias dormidos por los pasillos, de sus siervos dormidos en sus camas de paja, de su princesa dormida en la torre más alta. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Hasta que un día, el príncipe esperado llegó a las puertas del castillo embrujado: las empujó, recorrió los pasillos de guardias dormidos, llegó a la sala del trono, subió la escaleras de la torre más alta, besó a la princesa y todos despertaron de su embrujo como si el reloj sólo se hubiese detenido un instante para ellos.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Sin embargo, en ese preciso instante, el dragón, el brujo, el hechicero y el mago, que al fin y al cabo eran el mismo, irrumpieron en la sala del trono como un relámpago que rompió incluso el techo. La alegría se detuvo. El mago exigía un duelo. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡La princesa! ¡Todos vosotros me pertenecéis! ¡Quiero ver a la princesa! ¡Quiero ver al insensato temerario que la ha despertado y que con ella sólo habrá conseguido su propia muerte y un pequeño respiro en vuestro sueño en el que yo, volveré a someteros!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">En ese momento la puerta de la torre se abrió, apareció el príncipe, cogida a su mano iba la princesa. Cuando el príncipe vio al mago, apartó a un lado a la princesa y echó mano de su magnífica espada y se aproximaba sin titubeos al centro de la sala. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡De modo que tú eres el insensato que ha osado romper mi encantamiento! ¡De modo que tú eres el que va a morir por un solo beso de la princesa! -mientras así hablaba, el brujo iba dando vueltas alrededor del príncipe y arrastrando cada vez más una cola de dragón que iba mostrando sobre el suelo de piedra cómo crecía y se convertía en un gigantesco monstruo el temible mago- ¡De modo que crees que podrás vencerme! ¡De modo que crees que podrás atravesar mi corazón con esa ridícula espada y así acabar para siempre con mi poder oscuro sobre este reino! -y crecía y crecía el dragón enorme hasta rozar con la cabeza las vigas de madera del altísimo techo de la sala- ¡De modo que estás dispuesto a luchar y a morir por ella, por tu amor verdadero!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Entonces el príncipe hizo algo que nadie esperaba: miró a la princesa fijamente. Lo cierto es que la princesa no era tan hermosa como él se la había imaginado, lo cierto es que en el poco tiempo que había permanecido con ella allá arriba en la torre, la había notado como un tanto impertinente y engreída, lo cierto es que así pensándolo, ella no había hecho nada, es decir, que ella se tumbó allí en esa cama y el que tuvo que luchar y cruzar montañas y desfiladeros y desiertos y acantilados fue él, y que... planteándoselo así, no entendía por qué tenía que jugarse la vida por alguien que apenas conocía.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Un momento! -gritó el príncipe levantando así los brazos y con ellos su espada.-¡Antes de todo esto, quisiera hablar un momento a solas con la princesa!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Una vez arriba de nuevo, en la torre más alta, la princesa, muy interesada, le preguntó al príncipe qué era lo que ocurría, y él, poniéndose así la mano en la barbilla como de pensar, se atrevió a decirle.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Princesa, ¿yo te gusto?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">La princesa, totalmente confundida, le respondió que... sí, que por supuesto, que ni se lo había planteado.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- No, de verdad. -insistió el príncipe- Apenas si hemos hablado, apenas si me has visto cubierto por esta armadura, no sabrías ni decir de qué color tengo los ojos. -y mientras esto le decía, al príncipe se le iluminó la idea que él iba teniendo.-¡Desnudémonos! ¡Veámonos cómo somos de verdad!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Pero cómo te atreves! -se escandalizó la princesa al ver que el príncipe ya se deshacía de sus guantes de hojalata y de su yelmo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Cómo! Hace un momento te parecía lo más normal del mundo que yo arriesgara mi vida y seguramente la perdiera por ti para lograr convertirte en mi esposa para siempre jamás y ahora tú no estás dispuesta a hacer este pequeñísimo esfuerzo por mí.-Y con estas palabras ya se iba quedando el príncipe en calzones.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Pero es que yo nunca he visto que esto lo hayan hecho otras antes que yo.-respondió la princesa ya con un cierto tono de duda.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Y qué? ¿Acaso después de que tú lo hagas bajarás allá abajo y lo contarás? Pues seguramente así hicieron todas. ¿O te parece lógico y sensato que nos casemos sin nisiquiera habernos visto los cuerpos? ¿Además, que aquí mismo te lo prometo, ya has visto cómo me he puesto allá abajo con el dragón, yo una vez nos hayamos quedado los dos tranquilos, bajo y, tengo que perder la vida por ti y que me coma el dragón, yo lo hago?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Entonces, con esas palabras y promesas del príncipe, la princesa ya se quedó convencida y accedió, con bastante recato, a desnudarse a la luz del sol y a los ojos del príncipe en cueros.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Una vez el príncipe y la princesa estuvieron completamente desnudos en la torre más alta, frente a frente, el príncipe pensó que era hermosísima, sí, pero que tal vez le faltara un poco de pecho, que quizás... a él... siempre le habían gustado morenas. De hecho, fue lo primero que pensó cuando la vio, que no se la habría imaginado pelirroja ni en cien años. Y encima esas pecas por todo el cuerpo... No lo tenía claro. De hecho, se acordaba de la princesa de un príncipe que él conoció una vez y ésa sí era más el prototipo de princesa que él se esperaba, como más guapa, más... más como él... no tan... como ésta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Bueno, ¿qué, satisfecho, bajarás ahora a matar al dragón?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Por supuesto, princesa, por supuesto. Sois la mujer más hermosa que he visto nunca. Bajaré ahora mismo. Tan sólo, si me concedéis la licencia, os pediría un último y pequeño favor antes de bajarme a perder la vida con vos en un duelo a muerte.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- Me tenéis intrigada, ¿cuál será ese misterioso favor que yo os pueda hacer y que tanto necesitáis en estos momentos?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Lo cierto es que tardaron bastante en bajar el príncipe y la princesa de la torre más alta y cuando bajaron ya el dragón se había comido a la mitad de los sirvientes del rey y todo el mundo esperaba tras las columnas y los bancos de madera a que el príncipe esperado reapareciera. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Ya estás de vuelta! -gritó el dragón- ¡Arrrrrr! ¡Acabaré contigo de un solo mordisco! </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Eso no te lo crees ni tú! -le gritó el príncipe.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¡Arrrrr! Te partiré la espalda de un solo coletazo!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Eso habrá que verlo- le contestó el príncipe.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¡Arrrr! Te lanzaré una llamarada de fuego que hará que te abrases dentro de tu propia armadura, que sientas cómo la piel te arde y se te despega del cuerpo mientras el dolor se hace tan intenso que sentirás que te quemas por fuera y te abrasas por dentro!</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">En ese momento el príncipe miró de nuevo a la princesa. Miró al dragón. Miró a la princesa. Miró al dragón.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-¡Arrrr! ¡Qué ocurre! ¡No me dirás que te has acobardado! ¡Que has perdido tu valor! ¡Jaja! -gritó el dragón triunfante.-¿Acaso he de recordarte que si pierdes convertiré a la princesa en la concubina de todos mis demonios, de mis más bajos soldados, que se arrastrará por mis mazmorras como la más miserable de las esclavas y será violada a cada momento por los más sucios y desagradables de mis esbirros sólo por haber cometido el despecho de rechazarme cuando yo la exigí como esposa a cambio de los servicios prestados a su padre, el rey? ¿Acaso serás tan cobarde de consentir ese suplicio?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">El príncipe miró a la princesa. Miró al dragón. Miró a la princesa... es que no lo podía evitar, no podía evitar mirarla como a una extraña, como si se hubiera equivocado, como si ella no fuera ella, como si se arrepintiera de haberla despertado, de haber entrado a aquel reino, haber cruzado esos pasillos, haber subido la alta torre, haberla besado...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">En ese momento, el príncipe sintió que todas las miradas de admiración que lo habían recibido con sonrisas y brazos abiertos en aquel castillo, en aquella sala del trono, se volvían miradas de reroche, de vergüenza ajena, de repulsa hacia alguien tan cobarde que... </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Pero lo peor de todo fue que de repente el dragón comenzó a toser humó negro por la nariz, a toser humo rojo por la boca, a retorcerse en sus propias toses, a encogerse en sí mismo como si algún dolor le estuviera devorando por dentro hasta que incluso empezó a perder su forma de dragón y poco a poco volver a transformarse en el viejo mago que en tiempos atrás fue, aquel que curó a la reina siendo niña, aquel que salvó tantas veces la vida del rey curándole las heridas, aquel que dedicó su vida a salvar a un reino que había acabado odiándole por haberse enamorado de la pequeña princesa de la cabellera roja... y murió. Es cierto, el mago murió de viejo a los pies mismos del príncipe y a los ojos de todos que no podían encontrarle explicación a los comportamientos de cada cual. Y lo peor de todo fue que el príncipe, viendo que el mago, su enemigo, se retorcía agonizando a sus pies y moría como un anciano solitario pidiendo una mano, no tuvo otra idea que atravesarlo entonces con su magnífica espada y levantar los brazos con ella chorreando sangre para que todo el mundo viera que había matado al mago. Lo cierto es que no fue muy heroica esa manera de apuñalar el cadáver de un anciano. Y el príncipe lo comprendió. Comprendió tantas cosas en ese momento que se acercó al trono del rey y le confesó:</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">-Majestad, yo no valgo para esto, dígale a su hija que lo siento mucho, pero que es que desnuda aún me gusta menos que vestida, que yo le agradezco el rato de allá arriba, que seré un caballero, que no lo dude, que no se lo contaré a nadie, pero que yo no valgo para esto, yo sé que a mí me esperan otras cosas, otra vida, no sé, quizás sea que soy demasiado joven para... que me ha venido todo muy de golpe. No sé si usted me entiende. El caso es que... me voy.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">El rey no daba crédito a lo que sus orejas y sus ojos le mostraban, tan atónito se quedó que ni siquiera logró impedir que el príncipe saliera de la sala del trono, bajara las escaleras del castillo, se quedará sentado en el último escalón, mirando el patio de armas desierto, los caminos allá a lo lejos, el horizonte... Y entendió que no la merecía, que no iba a necesitarla...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Cuando el primer habitante del castillo bajó hasta el final las escaleras, corriendo, era un niño, sólo pudo llegar a encontrar una espada clavada en el último escalón de roca... </span></div><span style="font-size:85%;"><div align="justify"><br /></div></span><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span></div><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-2592998016078161208?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com1tag:blogger.com,1999:blog-8913007122643265626.post-48734859970003766562008-11-23T20:34:00.005+01:002009-07-04T09:47:24.350+02:00RELATO: PERDÓNAME LA ROPA<div align="justify"><a href="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SSm61lNcDaI/AAAAAAAAByw/ZMJs07TSKtM/s1600-h/flechazo.jpg"><span style="font-size:85%;"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5271950268498185634" style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; HEIGHT: 254px" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_ZkNQ2h8NP30/SSm61lNcDaI/AAAAAAAAByw/ZMJs07TSKtM/s320/flechazo.jpg" border="0" /></span></a><span style="font-size:85%;">Mario se levanta triste de lunes, con esas ganas incómodas de suicidarse en pijama al comprobar que el suelo está frío, la leche caducada y café no queda. Todo se puso de acuerdo esta mañana para fastidiarle. Enciende la vieja estufa de resistencias rojas y se acurruca en el suelo frente a ella. Se le hiela el culo. Se estira y coge un cojín y se sienta en él con las rodillas encogidas. Oye ruido en la galería del balcón, son sólo las ocho de un noviembre eterno, estira el cuello y gira la cabeza para comprobar que Lucía, tras los cristales, ya está despierta.<br /></span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Le sorprende y agrada espiarla y comprobar que hace cosas, no como él. Está recogiendo ropa para poner una lavadora. Pone a calentar leche en un cazo. Se está llenando la abollada bañera. Recoge las pinzas sueltas de la cuerda. Se nota que ella también tiene frío porque se frota las manos y cierra deprisa la ventana. Como si el calor fuera un gato.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Cuando Lucía abre su puerta y sonríe pasándose el mechón de pelo tras la oreja, sabe que aparecerá Mario. Siempre llama igual con los nudillos. Y se felicita por su acierto, se lo esperó en pijama y así se presenta en medio de la escalera, como un perdedor en medio de un parbulario. Pero con un montón de ropa arrugada abrazado entre sus manos.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- ¿Quieres que te lave la ropa, Mario?</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">A veces, quizás por eso le mandaban las pastillas y lo internaron en aquel psiquiátrico, a veces Mario piensa tan rápido las palabras que se le escapan de la boca y en realidad no quiso decir eso, lo pensó porque él puede pensarlo todo, porque eso va por dentro, porque nadie sabe en cada momento lo que él está pensando y le produce placer pensar lo que realmente diría si tuviera valor y no todo ese miedo que siente a la gente que le puede herir en cada momento porque no saben que él lo que dice, a veces, sólo lo quiso pensar porque le da gustito pensar idioteces pero no es él en realidad, son esas voces o normalmente una sola voz que él cree que es suya que se le quedó dentro y contra la que él lucha que a veces se le escapa porque ella sabe lo que Mario en realidad de verder de verdad quiere cuando habla y lo que piensa no lo debe decir porque entonces...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">- En realidad quisiera que me hubieras abierto desnuda como una puta.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y se da cuenta de que se ha equivocado, de que es un enorme error, de que no debería haber hablado. De que ella era amable y él un idiota que jamás...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Lucía da un portazo. Desde el comedor de Mario, las luces de la casa de enfrente se van apagando habitación tras vieja habitación. Las cortinas aparecen a golpes como telones de pequeños escenarios. La casa entera de la vecina, como el café, como la leche, como el suelo y esa estufa que no calienta, se ha acabado enfadando con Mario.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Se ha ido desperdiciando un día eterno de noviembre entre cuatro paredes que nunca conocerán la calle que vive abajo. Mario ha permanecido todo el día en pijama frente a su estufa de resistencias rojas, sentado en el suelo, con la vista perdida, repasando en su cabeza discusiones interiores, estupideces dichas, pensadas, ganas de morirse a veces, ese sentimiento de conducir saludos entre la gente que no puede controlar, que le provocó palizas en el colegio, peleas sin sentido en cualquier parte, intentos de suicidio, bofetones, lágrimas, insultos... que lo llevaron a encerrarse en este piso. Sin que nadie lo haya entendido, sin que nadie lo haya perdonado y preguntado por qué le sucede eso, si acaso estará enfermo, porque nadie comprende que en el fondo Mario es bueno, que piensa cosas raras, pero que él no las quiere en realidad, que él lo único que quiere es ser normal y que la gente no se pregunte qué le pasa a ese loco... Luego, ya por la tarde, con el sol oscureciendo en un piso vacío donde sólo vive una estufa de resistencia en un comedor a oscuras y un inquilino escondido tras el sofá, Mario intentará recordar qué habría sido de su vida si no se hubiera equivocado tanto, si su cabeza no hubiera pensado todo lo que él ha acabado diciendo, si sus manos no hubieran hecho todo lo que en un momento fugaz y cientos de ellos su cabeza le incitó a hacer, a gritar, a pegar, a obedecer lo que esa voz maldita le dicta sin que él se sienta capaz de someterla. Y al final, con ganas de llorar a solas, de noche en un noviembre a las seis de la tarde, habitante sola la estufa de resistencias rojas iluminando a oscuras el comedor, Mario comienza a llorar de desesperación al pensar que nadie nunca, que él no merecerá la pena, que nadie quiera saber nunca no por qué se comporta así, sino sólo saber cómo quisiera comportarse Mario y lo buena persona que quisiera ser.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Es entonces cuando llaman a la puerta con los nudillos como si fuera la cena que bajó un momento a la calle. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Es Lucía, que al ver a Mario secándose los ojos piensa que estuvo todo el día llorando.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Es Lucía, que le ofrece su ropa de esta mañana, antes sucia y arrugada, ahora limpia y planchada.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Es Lucía, desnuda como una película de sexo.</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Es Lucía. Y Mario comprende las dos posibilidades le ofrece al estar callada. Y tan desnuda en un rellano con sus pies congelados, con sus pechos entre los brazos, con sus púbis de sombra... que Dios seguro que se estará masturbando. Pero Mario comprende ese silencio y ese desnudo en el rellano. </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Y esta vez elige sin hacer caso a sus voces...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Coge su ropa doblada, que huele a que estuvo toda la tarde planchándola, la mira a los ojos y le da las gracias y ella se gira despacio sabiendo que él la está mirando andar desnuda hasta cerrar la puerta... </span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Quizás Lucía no sea la mujer más hermosa del mundo, quizás incluso hasta sea puta, quizás tenga tantas cosas que Mario odia que jamás se habría imaginado amarla. Pero ella hace algo que nunca hizo nadie antes por él...</span></div><div align="justify"><span style="font-size:85%;">Le perdona la ropa.</span></div><br /><br /><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Texto: Álvaro García.</span><br /><span style="font-size:78%;color:#3366ff;">Ilustración: Alberto Montt.</span><div class="blogger-post-footer"><img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8913007122643265626-4873485997000376656?l=alvarogarciahernandez.blogspot.com'/></div>Álvarohttp://www.blogger.com/profile/07452295798766913141noreply@blogger.com1